“código ético ecológico” en respuesta al modelo económico

EFE Verde

JOAQUÍN ARAÚJO

Araújo publica un “código ético ecológico” en respuesta al modelo económico

El naturalista Joaquín Araújo. EFE/ Juan carlos Cárdenas/ARCHIVO

El naturalista Joaquín Araújo. EFE/ Juan carlos Cárdenas/ARCHIVO

El naturalista y divulgador Joaquín Araújo publica ‘Ética y estética ecológicas’, su libro 108 como autor individual, que es una “respuesta de desobediencia esencial con un componente moral” al modelo económico actual que pretende devolver “el amor a la naturaleza”.

Este libro recoge un “código de valores diametralmente diferente” al desarrollo energético y de relaciones económicas imperante en la sociedad, señala Araújo en entrevista con Efeverde.
Porque “no dejamos títere con cabeza” en la sociedad actual, “tanto en las relaciones de género como con las otras culturas, razas y con nuestro pasado”, señala.

Relación con la naturaleza

La relación con la naturaleza actualmente es tan diferente que es como “hacer la guerra a alguien, es la antípoda absoluta, nuestra civilización le hace la guerra a la naturaleza”.
“Evidentemente, no todos los ecologistas, ni todos los naturalistas lo entienden igual”, explica Araújo, pero “en vez de hacerle la guerra, algunos le hacemos el amor a la naturaleza, lo que nos lleva al eslogan de los hippies…”
Lo dice quien se llama campesino, que publica otro libro en los próximos días y tiene otro en imprenta, que figura como coautor en otros 12, ha participado en otras 59 publicaciones, y que está inmerso en el rodaje de una película.

Ética ecológica

Los que “practicamos la ética ecológica, mantenemos relaciones sentimentales con lo vivo, nos parece fascinante vivir, contemplar la vida”, añade, “contrariamente a los principios de la religión monoteista judeo cristiana que empieza por considerarnos una anomalía” y culpables desde el nacimiento hasta la muerte.
Pero la inocencia se “incrementa en el contacto con la naturaleza”, contrariamente a la maldición que se le echa encima, acusándola de “madrastra malévola” por los pocos accidentes que provoca, asegura Araújo.
La naturaleza tiene en sus códigos de actuación la muerte, pero lo más importante es la vida y por cada accidente que hay en la naturaleza, los seres humanos han matado a diez de forma violenta, asevera.

Producto Exterior Bello (PEB)

Es bastante “estúpido” considerar que la naturaleza es una fuerza que nos está fastidiando, sostiene, y anima a apreciar el Producto Exterior Bello (PEB) porque “nuestros paisajes no merecen la indiferencia”, no está en los balances económicos ni de contabilidad, asegura, pero “no todo puede depender del Producto Interior Bruto (PIB)”.
Lo sostiene quien dice trabajar “más horas con el azadón en la mano, porque soy campesino”, que con la pluma, la cámara o el micrófono.
Porque procedemos de procesos y el único tiempo verbal en la naturaleza es el gerundio, escribe, pero “cuando vives en contacto con la naturaleza, entiendes lo que “son los ciclos, la circularidad de la ahora famosa economía circular”.

El esplendor del suelo

“El reloj miente, pero la primavera no”, señala Araújo, y asegura que el suelo tampoco, porque como dice el autor mencionando a George Sand (pseudónimo de la escritora francesa Amantine, Aurore Lucile Dupin), en él “está el verdadero mundo del esplendor”.
El suelo es el “lugar más vivaz del planeta”, dice, porque es más punto de encuentro que el aire, en él no solo concurren los cuatro elementos básico, el sol y su energía, el agua, el aire y los componentes minerales de la tierra, sino que en el primer palmo de la tierra hay mucha fertilidad, que es el futuro de la humanidad.
Y lo manifiesta quien asegura que los proyectos mineros a cielo abierto que se proyectan en España, solo provocan impactos sobre el paisaje y responden a “la especulación” porque los rendimientos de esa minería “no queda en lo local”. EFEverde

https://www.efeverde.com/noticias/joaquin-araujo-codigo-etico-ecologico/

 

Los fitosanitarios agrícolas podrían estar ….

Los fitosanitarios agrícolas podrían estar relacionados con una mayor incidencia de ELA y TDAH

      • Investigadores del CIBERESP en la Universidad de Girona aportan evidencia de esta posible asociación en dos artículos publicados en Neurepidemiology y Environmental Research
      • También reportan que el riesgo de ocurrencia de ELA y TDAH asociado a vivir cerca de zonas agrícolas podría aumentar cuando coincide con la exposición a altos niveles de contaminantes derivados del tráfico

Madrid, 7 de agosto de 2018.- Investigadores del CIBER de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP) del Grupo de Investigación en Estadística, Econometría y Salud, GRECS, en la Universidad de Girona, han publicado dos artículos que evidencian una posible asociación entre el uso de fitosanitarios y la mayor ocurrencia de casos de esclerosis lateral amitrófica (ELA) y de trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los plaguicidas (biocidas o productos fitosanitarios) se definen como aquellas sustancias destinadas a destruir o prevenir la acción de formas de vida animal o vegetal perjudiciales para la salud y también para la agricultura, durante la producción, almacenamiento, transporte, distribución y elaboración de productos agrícolas y sus derivados. Los productos fitosanitarios constituyen un grupo grande y heterogéneo de productos químicos aplicados sobre cultivos agrícolas durante la producción, utilizados desde hace mucho tiempo para prevenir, controlar o tratar enfermedades y plagas.

Impacto del uso de plaguicidas sobre la salud

Es cierto que, en sentido amplio, el uso de los fitosanitarios ha sido muy beneficioso, al contribuir a un incremento de la producción agrícola e, indirectamente, a la seguridad de su almacenamiento; a repeler las plagas en ámbitos domésticos; así como a controlar enfermedades infecciosas, entre las que destacan la erradicación del paludismo y la lucha contra la malaria. Pero también es cierto que son tóxicos (en diferentes grados), tanto para los seres humanos como para otras especies.

De hecho, existe una importante y creciente evidencia, experimental y epidemiológica, de la relación entre la exposición a plaguicidas y la incidencia de diversos trastornos de la salud. Muy recientes revisiones sistemáticas señalan que los efectos más importantes se producen sobre todo en la incidencia del cáncer, pero también –y por este orden– sobre la incidencia de enfermedades neurodegenerativas (como Alzheimer, Parkinson y esclerosis lateral amiotrófica), enfermedades respiratorias (asma y bronquitis), enfermedades reproductivas (infertilidad y defectos en el nacimiento), trastornos en el desarrollo (trastorno por déficit de atención e hiperactividad y autismo) y trastornos metabólicos (diabetes y obesidad).

En este ámbito, el grupo de investigadores del CIBERESP y la Universidad de Girona, liderado por Marc Sáez, desarrolló dos nuevos estudios caso-control de base poblacional, en los que asocian la presencia de fitosanitarios (aproximada como la distancia a la zona agrícola más cercana) y la ocurrencia de ELA y TDAH.

Proximidad a las zonas agrícolas y densidad de tráfico

En el artículo sobre la ELA, publicado en Neuroepidemiology, se analizaron los datos de una cohorte poblacional que cubría la totalidad de Cataluña, en el período 2011-2016. “Además de la existencia de un cierto patrón geográfico en la ocurrencia del ELA, encontramos evidencia de la presencia de aglomeraciones de casos de ELA, todas ellas situadas en zonas de agricultura intensiva”, explica Maria Antònia Barceló, investigadora principal de este trabajo.

El estudio reveló también que, en estas áreas de aglomeraciones de alto riesgo de ocurrencia del ELA, además de corresponder a zonas agrícolas, se encuentran infraestructuras viarias clave con una alta densidad de tráfico. “De hecho, los resultados del modelo multivariado, cuando se controlan por posibles confusores y se modelizan interacciones, sugieren que estas aglomeraciones podrían estar relacionadas con algunos de los factores ambientales, como los productos químicos de uso agrícola y algunos contaminantes atmosféricos consecuencia del tráfico, particularmente los óxidos de nitrógeno, cuya fuente son los vehículos diésel”, explica la investigadora. “Nuestros resultados nos permiten plantear la hipótesis de que la exposición a altos niveles de contaminantes atmosféricos como resultado del tráfico podría aumentar el riesgo de ocurrencia de la ELA asociado a vivir cerca de zonas agrícolas”, concluye.

En el artículo sobre el TDAH, publicado en Environmental Research, se analizan datos de una cohorte poblacional de la subcomarca de La Selva interior, Girona, en el período 2005-2012. En este estudio, los investigadores también hallaron un patrón geográfico norte-sur en la ocurrencia del TDAH, identificando dos aglomeraciones con un riesgo elevado de desarrollar TDAH.

“Los resultados del modelo multivariante sugieren que vivir a menos de 100m de una zona agrícola o de una calle residencial y/o vivir a menos de 300 m de una autopista o autovía o de uno de los polígonos industriales analizados estaba asociado con un mayor riesgo del TDAH”, indica el investigador Marc Saez.

En cuanto a los factores ambientales que podrían estar asociados a TDAH, los investigadores apuntan a “la exposición a pesticidas, compuestos organoclorados y contaminantes atmosféricos consecuencia del tráfico”.

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CULTURA RURAL

Joaquín Araujo: ”La cultura rural está más en peligro que el clima y el lince”

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Publicado por: efeverde 13 Abril, 2018 Madrid

Por Marta Montojo.- En una sociedad cuyo sector primario “se ha visto obligado a convertirse en un apéndice del industrial”, la cultura rural está “más en peligro que el clima, el lince y el águila imperial” y, por tanto, “debería ser uno de los ejes en los que pivotara el pensamiento ecológico”.

Así de contundente se ha expresado en entrevista con EFEverde el dos veces ganador del Premio Nacional de Medio Ambiente y uno de los referentes del ecologismo en España, Joaquín Araujo, con motivo de la conferencia sobre “Cultura rural y naturaleza” que hoy impartirá en Alcalá de Henares.

Aunque pasa la mayor parte de su tiempo inmerso en la natura extremeña, Araujo participa con vehemencia en la “defensa de la vida” desde el pensamiento y la divulgación ambiental, con ya medio siglo de lucha plasmada en artículos, charlas y apariciones en radio y televisión y más de cien librosescritos en solitario.

“He elegido salir de este mundo pero no como un misántropo, sino que, al contrario, colaboro con todo lo que me proponen”, afirma el naturalista, y señala que, desde su apoyo a 34 ongs, practica la “plurimilitancia”.

A su juicio, la solución a la actual crisis ecológica pasa por el “potenciamiento infinitamente mayor del que actualmente se hace” del sector primario, pues “la cultura rural sí es capaz de practicar una economía vivaz o circular si lo hace como se entiende cuando no se ve obligada a traicionarse a sí misma”, asevera.

Biomímesis

Cuestiona no obstante el concepto de “economía de la sostenibilidad o ecológica”, al

considerar que es “un gancho publicitario; que es bueno e importante pero insuficiente”, mientras “de lo que se trata es de una cierta biomímesis; de entender que lo que realmente funciona es lo que sabe hacer un bosque, por ejemplo”.

Señala que “la naturaleza logra la convivencia entre elementos variadísimos”, algo que el ser humano “no es capaz de reproducir” y por ello cultivar un huerto “es fundamental para entender lo que es la vida y aliarse todavía más con ella”.

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Para Araujo, la fertilidad de la tierra es el “medidor de la salud” no ya ambiental, sino también social, económica e incluso mental de un país.

La revolución comienza por uno mismo

Recalca que para revertir la degradación y pérdida de biodiversidad “hay que cambiar de principios vitales y considerar que no debemos producir más sino producir menos, y que no se trata de acumulación de capital sino de conservar el capital natural”.

Por ello mantiene que “la revolución empieza con cambiarse a uno mismo, en lugar de intentar cambiar a los demás, y en vez de modificar a la naturaleza, aprender a convivir con ella”, pues sólo entonces “empezaremos a tener suficiente peso crítico para tomar medidas sociales, políticas, económicas y crear otra cultura”.

Ecofeminismo y animalismo

Araujo, que debatirá junto a las ecofeministas Alicia Puleo y Yayo Herrero en las jornadas de “cultura 18” de Radio 3 la semana próxima, aduce que “el ecologismo, el feminismo y el pacifismo son exactamente la misma cosa”, pese a que en la práctica la política ambiental incorpora “muy poco” esa perspectiva de género.

Con todo, contempla la situación “con cierto optimismo” y promete no rendirse nunca, sin ocultarse -matiza- “que los indicadores son altamente preocupantes” y que “los gestos de un número creciente de personas y de alguna que otra actividad política van en la dirección contraria”.

Agrega que, aun así, “hay movimientos esperanzadores” como el animalismo, que “está cosechando grandes triunfos” pues “cada vez hay más vegetarianos y más consumo ecológico”, si bien “hay que dotarlo de más seriedad ideológica y filosófica; tienen que pensar más y mejor”, algo que -recalca- también se aplica al ecologismo. Efeverde

https://www.efeverde.com/noticias/joaquin-araujola-cultura-rural-esta-mas-peligro-clima-lince/

 

Advertencia de la Comunidad Científica Mundial a la Humanidad: Segundo Aviso

Advertencia de la Comunidad Científica Mundial a la Humanidad: Segundo Aviso

Manifiesto firmado por 15.364 científicos de 184 países.

20/11/2017 | William J. Ripple, Christopher Wolf, Mauro Galetti, Thomas M Newsome, Mohammed Alamgir, Eileen Crist, Mahmoud I. Mahmoud, William F. Laurance

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Hace 25 años, la asociación norteamericana Union of Concerned Scientists y más de 1500 científicos independientes, incluyendo la mayoría de los Premios Nobel en Ciencias que vivían entonces, escribieron “La Advertencia de los Científicos del Mundo a la Humanidad”, 1992. Estos profesionales preocupados, reclamaron a la humanidad que frenase la destrucción ambiental y avisaron de “sería necesario un gran cambio en nuestra forma de cuidar la Tierra y la vida sobre ella, si quería evitarse una enorme miseria humana…”. En su manifiesto, mostraban que los seres humanos estaban en rumbo de colisión con el mundo natural. Expresaron preocupación acerca de daños actuales, inminentes y potenciales sobre el planeta Tierra por: La destrucción de la capa de ozono, la disponibilidad de agua dulce, el colapso de la pesca marina, el incremento de zonas muertas en los océanos, la pérdida de masa forestal, la destrucción de biodiversidad, el cambio climático y el crecimiento continuado de la población. Proclamaron que cambios fundamentales eran urgentes y necesarios para evitar las consecuencias que nuestro actual rumbo podrían acarrearnos.

Los autores de la declaración de 1992 temían que la humanidad estaba empujando a los ecosistemas de la Tierra más allá de su capacidad de soportar la red de la vida. Describieron cuán rápido nos estábamos aproximando a muchos de los límites de lo que el planeta puede tolerar sin daños serios e irreversibles. Los científicos alegaron que deberíamos estabilizar la población, describiendo como la enorme cifra – que ha crecido en 2000 millones desde 1992, un incremento del 35 % – ejerce una presión sobre la Tierra que puede aplastar otros esfuerzos para conseguir un futuro sostenible (Crist et al. 2017). Imploraron que redujéramos las emisiones de gases efecto invernadero (en adelante, GEI) y eliminásemos los combustibles fósiles, redujéramos la deforestación y revirtiéramos la tendencia de extinción de la biodiversidad.

En el 25º aniversario de su llamada de atención, miramos hacia atrás a su alarma y evaluamos la respuesta humana, analizando la evolución en el tiempo de los indicadores disponibles. Desde 1992, con la excepción de que se ha estabilizado la capa de ozono, la humanidad ha fracasado en hacer suficientes progresos para resolver esos retos ambientales previstos y, de manera muy alarmante, en la mayoría de ellos, estamos mucho peor que entonces. Especialmente preocupante es la trayectoria actual del catastrófico cambio climático de origen humano debido a las crecientes emisiones de GEI procedentes de la quema de combustibles fósiles (Hansen et al. 2013), la deforestación (Keenan et al. 2015) y la producción agrícola – principalmente por la ganadería de rumiantes y el consumo de carne (Ripple et al. 2014). Además, hemos desatado un evento de extinción masiva de especies, la sexta en unos 540 millones de años, mediante la cual muchos de las actuales formas de vida podrían ser aniquiladas o, como poco, comprometidas a la extinción hacia el final de este siglo.

Por la presente, damos un Segundo Aviso a la Humanidad (…). Estamos poniendo en peligro nuestro futuro por nuestro desproporcionado consumo material y por no darnos cuenta de que el alocado crecimiento de la población mundial es el principal impulsor detrás de la mayoría de amenazas ecológicas e, incluso, societales (Crist et al. 2017). Con su fracaso en limitar adecuadamente el crecimiento de la población, en reevaluar el papel de una economía enraizada en el crecimiento permanente, en reducir la emisión de GEI, en incentivar la energía renovable, en proteger el hábitat, en restaurar los ecosistemas, en parar la extinción de fauna, en frenar las especies invasivas, la humanidad no está tomando los pasos urgentes que necesitamos para salvaguardar nuestra muy amenazada biosfera.

Puesto que la mayoría de líderes políticos responde a la presión, los científicos, los medios de comunicación y los ciudadanos deben insistir en que sus gobiernos pasen a la acción inmediata, como un imperativo moral hacia las actuales y futuras generaciones, humanas y de otras formas de vida. Con una marejada de esfuerzos desde organizaciones surgidas desde el pueblo, la obstinada oposición puede ser superada y los líderes políticos se verán obligados a hacer lo correcto. Es también el momento de reexaminar y modificar nuestros comportamientos individuales, incluyendo nuestra propia reproducción (idealmente, al nivel de reemplazo, 2 hijos por mujer, como máximo) y reducir drásticamente nuestro nivel de consumo per-cápita de combustibles fósiles, carne y otros recursos.

La rápida reducción mundial de las sustancias que destruían la capa de ozono nos muestra que podemos hacer cambios positivos cuando actuamos de manera decidida. También hemos hecho avances importantes para reducir la pobreza extrema y el hambre (www.worldbank.org). Otros progresos notables incluyen: rápida reducción de las tasas de fertilidad en muchas regiones mediante políticas educativas entre mujeres y jóvenes (www.un.org/esa/population), la prometedora reducción de la tasa de deforestación en algunas regiones y el rápido despliegue de energías renovables. Hemos aprendido mucho desde 1992, pero el progreso de los cambios necesarios y urgentes en políticas ambientales, comportamiento humano y reducción de las inequidades globales está, todavía, lejos de ser suficiente.

Las transiciones hacia la sostenibilidad se pueden producir de diferentes maneras, pero todas requieren presión de la sociedad civil y argumentaciones basadas en evidencias, liderazgo político, políticas adecuadas, mercados y otras consideraciones. Ejemplos de acciones diferentes y efectivas que la humanidad puede tomar para la transición a la sostenibilidad incluyen (sin presumir orden de importancia o urgencia):

  – Priorizando la promulgación de grandes reservas protegidas de una proporción significativa de los hábitats terrestres, marinos, de agua dulce y aéreos de todo el mundo;

 – Mantenimiento de los servicios ecosistémicos de la naturaleza parando la conversión de selvas, bosques, pastizales y otros hábitats naturales;

 – Restaurar comunidades con plantas autóctonas a gran escala, principalmente, bosques;

 – Devolver a la naturaleza salvaje zonas con especies nativas, especialmente con depredadores ápice, para recuperar procesos y dinámicas ecológicos;

 – Implementar políticas adecuadas para remediar la extinción de especies animales, la caza furtiva y la explotación y comercio de especies amenazadas;

 – Reducir el desperdicio de alimentos mediante educación y mejores infraestructuras;

 – Promover un cambio hacia dietas más vegetales y menos animales;

 – Promover la reducción adicional de los índices de fertilidad procurando que mujeres y hombres tengan acceso a la educación reproductiva y a los servicios voluntarios de planificación familiar, especialmente, en lugares donde falten tales recursos;

 – Aumentar la educación ambiental para niños y fomentar un mayor aprecio por la naturaleza por parte de la sociedad.

 – Desinvertir en inversiones monetarias e invertir en iniciativas que promuevan cambio ambiental

 – Idear y promover tecnologías no contaminantes y adoptar masivamente energías renovables y, simultáneamente, eliminar subvenciones a la producción de energía con combustibles fósiles.

 – Revisar nuestra economía para reducir desigualdades y asegurarse que precios, impuestos y sistemas de incentivos tengan en cuenta los costes reales que nuestro patrón de consumo imponen en nuestro medio ambiente; y

 – Evaluar de manera científica el tamaño de población humana sostenible a largo plazo y pedir a las naciones y a sus líderes que apoyen ese objetivo vital.

Para prevenir pérdidas catastróficas de biodiversidad y un deterioro generalizado de las condiciones de vida humana, la humanidad debe poner en práctica una forma de vida más sostenible ambientalmente que la actual (“business as usual”). Esta receta ya fue bien articulada hace 25 años por los científicos del mundo, pero en la mayoría de los temas, no hemos escuchado su llamada de atención.

Pronto será demasiado tarde para cambiar el rumbo de la actual trayectoria que nos lleva al fracaso y nos estamos quedando sin tiempo. Debemos reconocer, en nuestras vidas diarias y en nuestras instituciones de gobierno, que la Tierra con toda su vida es nuestro único hogar.

Manifiesto firmado por 15.364 científicos de 184 países.

De la primavera silenciosa a la noche silenciosa

“Vivimos en el Antropoceno, el primer momento de la historia de la Tierra en el que los químicos sintéticos, creados por seres humanos, están dañando al planeta y contribuyendo a una mayor pérdida de biodiversidad”.

Compartimos el artículo “De la primavera silenciosa a la noche silenciosa: agroquímicos y el Antropoceno” de Tyrone B. Hayes y Martin Hansen y traducido por Ecologistas en Acción, imprescindible para conocer las causas de la sexta extinción masiva del planeta en el Antropoceno.

Leer: De la primavera silenciosa a la noche silenciosa – agroquímicos y el Antropoceno

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Uso excesivo de pesticidas sintéticos

El artículo estima que se utilizan unos 2,3 mil millones de kg de pesticidas al año en todo el mundo. España, con una cuota del 20% de consumo, es la primera potencia europea en consumo de pesticidas

La explosión en el uso de pesticidas se produjo tras la Segunda Guerra Mundial cuando los químicos utilizados para matar insectos portadores de enfermedades se adaptaron para el control de plagas, y los herbicidas utilizados como defoliantes para destruir los suministros de comida y encontrar al enemigo que utilizaba los bosques como refugio, se modificaron para controlar las malas hierbas.

El uso intensivo de pesticidas en agricultura ha conducido a una exposición mundial a estos químicos. Transportados por el agua, el aire y los animales migratorios, se puede encontrar pesticidas en las reservas de agua potable, la atmósfera, la cima de las montañas o incluso en áreas remotas del Ártico donde no se utilizan.

La exposición generalizada a agroquímicos ha alterado los paisajes y ecosistemas alrededor del mundo. Además de matar directamente a organismos no objetivo, los organismos objetivo y no objetivo pueden desarrollar resistencia a los pesticidas, dando lugar a acervos génicos alterados.

De 1946 a 1954 (siguiendo el aumento de pesticidas después de la Segunda Guerra Mundial), se descubrieron entre una y dos nuevas especies resistentes por año. En 1980, ya se contaban 428 insectos y arañas resistentes. El 60% de las especies resistentes fueron plagas agrícolas en ese momento, así que el uso generalizado de insecticidas en agricultura contribuyó significativamente a la evolución de especies resistentes.

Además de la preocupación asociada al volumen de pesticidas utilizados cada año, su persistencia en el medio ambiente levanta aún más inquietud.

Concentraciones “no tóxicas” causan disrupción endocrina

Los datos emergentes demuestran que incluso las concentraciones bajas (consideradas anteriormente como «no tóxicas») de pesticidas pueden tener un impacto en la salud, la fisiología, la reproducción y el desarrollo a través de efectos disruptores endocrinos.

La disrupción endocrina se origina por mecanismos de acción diferentes al mecanismo con el que el químico mata al organismo objetivo, lo que hace que los efectos de los contaminantes hormonales sean impredecibles.

Un ejemplo es el insecticida DDT que mata insectos al abrir los canales de sodio de su sistema nervioso, lo que provoca espasmos y la muerte. Pero los efectos disruptores endocrinos del DDT en vertebrados, como el adelagazamiento de las cáscaras de huevos en aves o el aumento en la incidencia de cáncer de mama y las malformaciones reproductivas en mamíferos, se relacionan con otros mecanismos de acción completamente diferentes.

Según los autores, la solución es la reducción del uso de fertilizantes y pesticidas químicos en agricultura y la separación de la agroquímica y la industria de las semillas.