24 DE ABRIL

24 DE ABRIL: ACCIÓN GLOBAL POR EL CLIMA

2020 Rebelión por el Clima, Alianza por el Clima, y Fridays for Future convocan una nueva movilización por el clima el día 24 de abril.

Sin olvidar la gravedad de la crisis sanitaria que estamos viviendo, no queremos dar la espalda a la crisis climática y de biodiversidad que amenaza la vida en la Tierra tal y como la conocemos. Debemos comenzar de nuevo y construir un futuro común desde la justicia climática y social. Porque la salud, los cuidados, y la vida de las personas están por encima de todo. A pesar de que nos quedemos en casa, nuestras voces pueden seguir siendo escuchadas. ¡Manifiéstate por el clima desde las redes sociales y desde tu balcón mediante la proyección de sombras y sonidos!

Plataforma SOSbiodiversidad

Comunicados de prensa

20200423 Comunicado de prensa de la Plataforma SOSbiodiversidad SOSabejas

La Plataforma SOSbiodiversidad SOSabejas pide la prohibición de los plaguicidas tóxicos para los polinizadores y que cesen las fumigaciones en cunetas de carreteras.

La Plataforma SOSbiodiversidad SOSabejas llama a sumarse a la Acción por el Clima convocada el 24 de abril a las 22:00 horas para reivindicar una vuelta centrada en el medio ambiente y las personas.

Además en la semana que se ha celebrado el Día de la Tierra, el pasado 22 de abril, solicita al Gobierno español que tenga en cuenta los datos que muestran la contaminación de las aguas españolas con glifosato, como algunos medios han indicado en la Cuenca Hidrográfica del Duero y en otras ocasiones en otros ríos y prohíba cuanto antes este peligroso herbicida.

Además piden que no se repitan las fumigaciones en cunetas de carreteras que han sido reportados por varios miembros de la Plataforma y se han ido compartiendo y denunciando públicamente en el facebook de la Plataforma (https://www.facebook.com/PlataformaSOSbiodiversidadSOSabejas/).

Esta práctica a la cual se opone totalmente la Plataforma, por lo que pide también su prohibición por todas las administraciones ya que el uso generalizado de productos herbicidas en las carreteras  tiene sus consecuencias directas en el ecosistema, ya que pueden terminar en los cauces de agua, siendo en muchos casos el producto utilizado el glifosato conociéndose sus efectos para la salud de las personas.

Además, tras la polémica de las fumigaciones aéreas en relación a la crisis del Covid19, espera que no se usen esos productos tóxicos con métodos no selectivos ni siquiera con drones. Y esperan que tras tener conocimientos de fumigaciones aéreas el año pasado con pesticidas muy tóxicos para diversos cultivos, no se vuelvan a producir esas fumigaciones con avioneta en España, cuando desde Europa hay prohibición expresa.

El abuso de plaguicidas tóxicos pone en amenaza a las abejas y otros polinizadores que desempeñan un gran papel en nuestros ecosistemas naturales, por lo que es necesario que en España y en Europa se evalúen todos los plaguicidas tóxicos para las abejas que existen en el mercado y sean sustituidos por alternativas como buenas prácticas agrarias compatibles con los polinizadores y la fauna auxiliar. Es necesario que prevalezca el principio de precaución, ya que son muchos los plaguicidas que siguen provocando mortandades de abejas.

En el caso de las fumigaciones aéreas, es necesario que no haya autorizaciones excepcionales a dicha prohibición europea, debido a que los daños son incalculables al eliminar a toda la población de polinizadores y a la fauna beneficiosa para los cultivos, en algunos casos el producto utilizado es el Deltametrin para la mosca del olivo (Bractocera oleae), pertenece a la familia de los piretroides, tóxica para las abejas y bastante fotorresistente, es decir se descompone lentamente por el efecto de la luz solar, siendo la persistencia en suelos moderada, se degrada en una o dos semanas.

Concretamente, el punto 2 del Manifiesto, presentado tras la manifestación del pasado 31 de enero junto con otras organizaciones frente al Congreso de los Diputados, se destacaba todo eso. Otros puntos del manifiesto de la Plataforma, algunos muy relacionados con la soberanía alimentaria y las prácticas agroecológicas que están pidiendo cerca de 600 organizaciones se pueden ver en la web de la Plataforma, además desde la Plataforma se sigue animando a firmar y compartir la Iniciativa Ciudadana Europea #SaveBeesAndFarmers (https://www.savebeesandfarmers.eu/spa/).

Esta Plataforma ya  cuenta con el apoyo de diversas organizaciones, concretamente:

Asociación Guadalhorce Ecológico

Asociación Española de Apicultores

Asociación Zuhari Cultura de Abejas

Asociación Bee Garden

ANA La Janda, Asociación Amigos de la Naturaleza

Fundación Amigos de las Abejas

La Garbancita Ecológica

Sociedad Española de Agricultura Ecológica

Ecologistas en acción

Ecologistas en acción La Rioja

El coronavirus nos obliga a reconsiderar

El coronavirus nos obliga a reconsiderar la biodiversidad y su papel protector

Fernando Valladares

Fernando Valladares es doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente es profesor de investigación en el CSIC y profesor asociado de la Universidad Rey Juan Carlos, en Madrid.

Mientras la OMS nos pide prepararnos para escenarios catastróficos que se avecinan con el coronavirus y nuevos virus que están por llegar, los científicos recordamos que lo mejor es rodearnos de ecosistemas saludables, funcionales y ricos en especies.

Las pérdidas de biodiversidad están en niveles sin precedentes, según la ONU.

Aturdidos por las medidas que trae consigo el estado de alarma y buscando un hueco para poder hacer ejercicio (más imprescindible que nunca para mantener un cierto equilibrio existencial) mientras apoyamos la escolarización en casa, teletrabajamos y tratamos de mantenernos informados, no podemos dejar de alucinar con un escenario nuevo e increíble. En general, en estas semanas las decisiones políticas de nuestro Gobierno se están basando en información científica. Nos frotamos los ojos. ¿Qué pasa? Certificar que algo así está ocurriendo nos asusta: ¡cómo será el monstruo al que nos enfrentamos, si han tenido que llamar a la ciencia!

Si seguimos el refrán según el cual nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, en plena crisis del coronavirus deberíamos acordarnos más que nunca de la biodiversidad. Diez años atrás la ciencia revisó y comprobó el papel protector de la biodiversidad ante virus parecidos e incluso mucho más peligrosos que el coronavirus. Una única especie, Homo sapiens, está haciendo desaparecer la biodiversidad global: estamos amenazando ya a más de un millón de especies. Esto es tan preocupante como paradójico, ya que a los múltiples beneficios de la biodiversidad se suma uno clave, especialmente en estos momentos: nos protege de enfermedades infecciosas. La existencia de una gran diversidad de especies que actúan como huésped limita la transmisión de enfermedades como el coronavirus o el Ébola, sea por un efecto de dilución o de amortiguamiento. Más del 70% de las infecciones emergentes de los últimos cuarenta años han sido zoonosis, es decir, enfermedades infecciosas animales que se transmiten al ser humano. Con frecuencia, en estas zoonosis hay varias especies implicadas, con lo que cambios en la diversidad de animales y plantas afectan a las posibilidades de que el patógeno entre en contacto con el ser humano y lo infecte. El efecto protector de la biodiversidad por dilución fue planteado por Keesing y colaboradores en 2006 y demostrado unos años más tarde por Johnson y Thieltges. El efecto de amortiguamiento de la biodiversidad en el contagio de patógenos al ser humanos se demostró para el caso del virus del Nilo y la diversidad de aves hace más de quince años.

Con la simplificación a la que sometemos los ecosistemas, eliminando especies y reduciendo procesos ecológicos a su mínima expresión, estamos aumentando los riesgos para la salud humana a gran escala. Virus del Nilo, gripe aviar, fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, virus del Ébola, enfermedad por virus de Marburgo, fiebre de Lassa, coronavirus del síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV), síndrome respiratorio agudo grave (SRAG), virus de Nipah, enfermedades asociadas al henipavirus, fiebre del Valle del Rift, virus de Zika y muchas enfermedades más son zoonosis que figuran en la lista de enfermedades prioritarias, establecida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2018. Esta lista de la OMS incluye una inquietante enfermedad X, una epidemia internacional muy importante debida a un patógeno todavía desconocido pero que sin duda aparecerá. Todo esto forma parte y es consecuencia del cambio global, es decir, de la injerencia voluntaria e involuntaria, directa e indirecta, del ser humano en los sistemas naturales del planeta.

Hasta ahora, prácticamente la única conexión que se ha hecho entre el coronavirus y la ecología o el medio ambiente ha sido la reducción de emisiones de gases con efecto invernadero. Se ha visto que en sólo tres semanas China ha reducido las emisiones en 150 millones de toneladas de CO2 lo que supone el 25% de sus emisiones, el 6% de las emisiones globales del planeta, y equivale a lo que emite toda la ciudad de Nueva York en un año. Es una buena (aunque efímera y anecdótica) noticia en relación al cumplimiento del Acuerdo de Paris en materia de cambio climático. Tan efímera y anecdótica que se está viendo que en realidad a medio y largo plazo la crisis del coronavirus va a poner más difícil descarbonizar la economía tras las reacciones de las compañías aéreas. Sin embargo, la conexión más relevante es precisamente la contraria. No es tanto cómo el coronavirus afecta a los ecosistemas y al medio ambiente sino como estos afectan al coronavirus. Se nos olvida la importante labor protectora ante infecciones, epidemias y pandemias que juega una naturaleza bien conservada. Tiene que ocurrir una catástrofe para que algunos traigamos la hemeroteca y escarbemos entre la literatura científica otra vez y encontremos razones más allá de la ética para conservar la biodiversidad.

Muchos ven en la ganadería, agricultura y avicultura intensivas, así como el creciente mercado y consumo de animales exóticos, la causa del actual brote epidémico y de otros previos como el SARS-CoV en 2002, la gripe aviar (H5N1) en 2003, la gripe porcina (H1N1) en 2009, el MERS-CoV en 2012, el ébola en 2013 o el Zyka (ZIKV) en 2015). La extensión de monocultivos genéticos de animales domésticos, por ejemplo, elimina cualquier cortafuego inmune que pueda estar disponible para ralentizar la transmisión. Los tamaños y densidades de población elevados aumentan las tasas de transmisión. Además, las condiciones de hacinamiento deprimen la respuesta inmune. El alto rendimiento, parte de cualquier producción industrial, proporciona un suministro de susceptibles que es renovado continuamente y que es el combustible para la evolución de la virulencia. En otras palabras, el agronegocio está tan centrado en las ganancias que la selección de un virus que podría matar a millones de personas se considera un riesgo aceptable. Para reducir la aparición de nuevos brotes de virus, la producción de alimentos tiene que cambiar radicalmente. La autonomía de los agricultores y un sector público fuerte pueden frenar los problemas ambientales y las infecciones descontroladas. Es muy conveniente introducir diversidad en las variedades de ganado y cultivos en una reestructuración estratégica, tanto a nivel de granja como regional.

Comer animales salvajes es para muchas regiones del planeta la única opción alimenticia. Pero ello conlleva riesgos muy graves para la salud de la humanidad como estamos viviendo con la crisis del coronavirus y como vivimos, por ejemplo, con el Ébola y los murciélagos o el SARS y las civetas. Además, la biodiversidad nos protege de infecciones, lo supimos hace años con el virus del Hanta por ejemplo. Hay que encontrar un nuevo equilibrio global entre comer y proteger animales salvajes porque en ambas cuestiones nos va la vida.  

Por desgracia, las primeras especies en desaparecer de los ecosistemas son las que más reducen la transmisión de patógenos. Se vio con el virus del Nilo y la pérdida de biodiversidad de aves, con el síndrome pulmonar por hantavirus y la desaparición de pequeños mamíferos, y con la enfermedad de Lyme. En este último caso, la desaparición de zarigüeyas (marsupiales americanos vulnerables) y la supervivencia de especies como el ratón de pies blancos favoreció la transmisión del patógeno a humanos.

No sólo la biodiversidad nos protege de los virus. Los ecosistemas estables y funcionales lo hacen en general y de múltiples formas. Pero la función protectora de los ecosistemas se está debilitando con el cambio climático. Es particularmente preocupante en este sentido la pérdida de hielo y de suelos congelados. Con el calentamiento global los hielos, simplemente, se funden y al hacerlo liberan todo tipo de gases, muchos de ellos con un potente efecto invernadero. Además de gases, liberan virus. La fusión de un glaciar chino ha liberado 33 especies de virus, 28 de ellas completamente desconocidas para la ciencia y con potencial de infección a humanos. La fusión de los suelos permanentemente congelados (permafrost) de las zonas boreales está liberando virus y bacterias muy peligrosos para el ser humano tal como se vio por ejemplo hace unos años con los brotes de Ántrax en Rusia. Se teme que no sean casos aislados: se han descubierto fragmentos de ARN del virus de la gripe española de 1918 en cadáveres enterrados en fosas comunes en la tundra de Alaska y se piensa que cepas virulentas de viruela y peste bubónica están también enterradas en Siberia.

El calentamiento global y otras formas de alteración de los ecosistemas como la minería, están exponiendo y reactivando bacterias resistentes a antibióticos y virus antiguos potencialmente peligrosos para nuestra salud.

Nota: Seguimos advirtiendo que el término “zoonosis” (contagio de enfermedades de los animales a los humanos) está superado hoy día, en la actualidad se está utilizando el concepto de “enfermedades compartidas” por ser más real y preciso, pues también los humanos pueden trasmitir enfermedades a los animales.

La destrucción de la naturaleza

La destrucción de la naturaleza que provoca la actividad humana multiplica nuevas enfermedades como la COVID-19

La deforestación, las extinciones masivas y el comercio ilegal de especies favorece el salto de patógenos, antes contenidos en los ecosistemas, a los humanos: el 75% de las nuevas enfermedades humanas en los últimos 40 años tienen origen animal

Raúl Rejón  – 13/04/2020

Destrucción de la Amazonía por incendios forestales en agosto de 2019. MAYKE TOSCANO/ SECOM-MT

La destrucción de hábitats por las actividades humanas, que está causando una extinción masiva de especies, está detrás del origen y la expansión de enfermedades infecciosas que afectan a personas. Algunas en forma de pandemia como la actual COVID-19.

El 75% de las nuevas enfermedades humanas surgidas en los últimos 40 años tienen su origen en animales, calcula la Organización Mundial de la Salud (OMS). El virus SARS-CoV-2 es uno de ellos. De hecho, dos tercios de todos los tipos de patógenos que infectan personas son zoonóticos, es decir, saltan de un animal a un ser humano. «Esta crisis sanitaria está muy relacionada con la destrucción de la naturaleza. La pérdida de naturaleza facilita la proliferación de los patógenos», resume el director de Conservación de WWF, Luis Suárez. 

La desaparición de ecosistemas a gran escala, la eliminación de cientos de miles de especies, la deforestación acelerada y el comercio globalizado de animales silvestres (muchos para consumo humano) han sido señalados como motores de la multiplicación de estas infecciones entre la población.

Pérdida sin precedentes

El investigador del Instituto Cary de Estudios Ecosistémicos, Richard Ostfelt, lo ha explicado así: «La pérdida sin precedentes de biodiversidad debido a causas antropogénicas tiene impactos profundos en la salud humana». Una de las principales amenazas es «la exacerbación del riesgo e incidencia de enfermedades infecciosas».

El término utilizado por Ostfelt de «sin precedentes» parece adecuado si se atiende al último informe del Panel Intergubernamental sobre Diversidad Biológica de la ONU (IPBES) que, en mayo del año pasado, advertía de que hasta un millón de especies afrontan el peligro de desaparecer. Una era de extinción masiva «consecuencia directa de la actividad humana» y que avanza a una velocidad no vista desde hace 10 millones de años, afirmaba el documento.

Deforestación en Madagascar

Este análisis, una labor conjunta de 500 científicos, calculaba que un 75% de la superficie terrestre se ha visto ya alterada por las actividades humanas. También el 66% de los océanos. Hasta un 85% de los humedales han desaparecido. Además, el ritmo de deforestación planetaria, aunque se ha ralentizado algo, fue de 26 millones de hectáreas en 2018, según el informe de la Declaración de Nueva York (cuyo objetivo es limitar a 10 millones de hectáreas la pérdida de bosques en el mundo para 2020). Toda esa alteración ha derivado en la devastación de la biodiversidad en forma de evaporación de variedades de plantas y animales.

La eliminación de hábitats favorece la zoonosis, es decir, el salto de agentes infecciosos de una especie animal a otra (incluida la especie humana). Algunas de las epidemias más graves de los últimos años han llegado así. La gripe A de 2009, el MERS de 2012 o el SARS de 2002.

Los investigadores en ecología de la enfermedad explican que, cuando se destruye un ecosistema se rompe una serie de equilibrios que actúan para contener los agentes infecciosos responsables de enfermedades. Se evapora lo que denominan «efecto dilución».

Este efecto hace que, en un ecosistema donde existen muchas especies susceptibles de alojar un virus concreto, la prevalencia de que la infección se dé en una especie concreta baje al haber más variedades a las que el virus puede infectar. El patógeno también puede acabar en un animal no vulnerable que detiene su ciclo. Además, si existe una mayor diversidad de animales, las que no albergan un tipo de enfermedad compiten con las que sí pueden transmitirla. No prolifera libremente.

Y esta no es la única manera de disipar una enfermedad. Los depredadores de un hábitat sano controlan las poblaciones que albergan y transmiten el patógeno. Hay menos posibilidades de que circule. Todo esto diluye la enfermedad entre muchas especies, especies que no la transmiten e incluso están acotadas por depredadores que impiden la expansión de las variedades víricas. Estos fenómenos se han comprobado con el hantavirus transmitido por topillos rojos o la fiebre del Nilo.

Un aspecto clave en este sentido es que, las investigaciones han observado que las especies que actúan como depósitos de virus son «generalistas. Sobreviven cuando hay una pérdida de biodiversidad, tienen un ciclo vital acelerado (se multiplican rápido) y aguantan las perturbaciones». Los animales más especializados, los que tienen un ciclo de vida más lento y los depredadores «desaparecen de áreas alteradas». La destrucción de hábitat les ayuda a medrar y, con ellos, los patógenos que albergan.

Contrabando de animales

Aunque no se ha identificado con total seguridad el camino que el virus SARS-COV2 siguió desde su origen animal a su primer huésped humano, sí se ha localizado su epicentro más probable en un mercado de vida silvestre en Wuhan (China). El tráfico ilegal de especies salvajes está identificado como una de las principales causas de pérdida de biodiversidad. «Está arrasando la vida animal», comentaba a eldiario.es el especialista español en traffiking, José María Galán. Animales dedicados en muchas ocasiones al consumo humano: para comer, para usar como amuletos o tomarlos como medicina. Un negocio que mueve al año entre 8.000 y 20.000 millones de euros de dinero negro en todo el mundo.

Mercado de especies en peligro en Myanmar.

«El tráfico ilegal es un factor de alto riesgo porque al transportar los animales grandes distancias para llegar a los mercados se está facilitando la proliferación de estos patógenos», analiza Luis Suárez. En estos mercados «se mezclan animales vivos y muertos, lo que facilita la expansión de un virus entre ellos y hacia el ser humano». China ha prohibido, al menos temporalmente, este comercio de vida silvestre tras lidiar con su brote de coronavirus. La norma podría convertirse en ley definitiva, según cuentan los ecologistas.

El comercio de animales silvestres no es exclusivo de Asia o África. EEUU es el principal importador de vida animal silvestre el mundo. Solo con los mamíferos que importa (entre 2000 y 2004 fueron mil millones de ejemplares) corre el riesgo de trasladar decenas de patógenos zoonóticos. «Una infinidad de oportunidades para introducir patógenos clave», explicaba un estudio de la OMS y el Wildlife Trust de Nueva York.

Entre las alteraciones ecológicas más severas se halla la deforestación de grandes áreas para cambiar el uso del suelo y convertirlos en zonas urbanizables o conseguir grandes extensiones de suelo libre para monocultivos y ganadería industrial a gran escala (como el fenómeno de incendios provocados que vivió la Amazonía de Brasil el pasado verano). La desaparición de bosques «son responsables de, al menos, la mitad de las enfermedades zoonóticas», calculan en WWF.

Vista aérea de una nueva plantación de aceite de palma en el límite de la selva del Parque Nacional de Gunung Leuser en Aceh (Indonesia). EFE

La deforestación, que llegó a los 26 millones de hectáreas en 2018, facilita la captura de animales destinados al tráfico ilegal de consumo humano. Ya no tienen refugio. Pero, a la vez, facilita la entrada en contacto de comunidades humanas con especies que actúan como reservorio de un patógeno –como distintos tipos de murciélago o primates– como se ha constatado en algunos brotes de la llamada malaria de los macacos que saltó a los humanos en áreas deforestadas de Indonesia. Este país es uno de los que más ha padecido la extinción de bosques tropicales para dedicar espacio al cultivo de palma.

En medio de la pandemia de COVID-19, la asociación Ecologistas en Acción lanza esta reflexión: «Un ecosistema sano supone una barrera natural de control de patógenos y la destrucción nos expone a peligros inciertos». La directora del programa de Medio Ambiente de la ONU, Inger Anderser, ha puesto estos días el acento en esta cuestión al asegurar que con la crisis del coronavirus «la naturaleza nos está enviando un mensaje».

# STOPNEONICS

#STOPNEONICS
PETICIÓN A LA COMISIÓN EUROPEA

Con el fin de detener el dramático declive de las abejas y todos los polinizadores; ANA ha dado su apoyo, ha firmado y solicita a socios y simpatizantes que firmen a título individual la petición on-line

Se ha lanzado una iniciativa ciudadana europea para recoger 500.000 firmas para solicitar la aplicación inmediata de la Resolución B8-0139 / 2019 del Parlamento Europeo, que establece «prohibir sin demora las sustancias activas que pertenecen a la categoría de neonicotinoides y sustancias que tienen los mismos efectos«, así como  adopción de los procedimientos de evaluación de plaguicidas previstos en el documento de orientación de abejas de 2013 para que los nuevos asesinos de abejas ya no puedan comercializarse en el futuro.

ANA que forma parte de la Red para la Prohibición de los Plaguicidas Neurotóxicos y de la Plataforma SOSbiodiversidad SOSabejas apoya esta iniciativa e insta a sus socios y simpatizantes a que la firmen y la difundan entre familiares y amigos para así poner nuestro granito de arena en la consecución del fin perseguido.

-Para evitar que los pesticidas que matan abejas se permitan impunemente y se usen en los campos.

-Para proteger de forma duradera los insectos útiles para la agricultura contra los productos químicos más peligrosos.

 POR UNA PROHIBICIÓN TOTAL
¡DE TODOS LOS ASESINOS EN EUROPA!

https://info.pollinis.org/stopneonics-commission-europeenne/?akid=1476.2156156.QvCLk9&rd=1&t=7

Des-regulación ambiental en Andalucía

En ANA hemos leído y estudiado el Decreto Ley 2/2020, de 9 de marzo, de Mejora y Simplificación de la Regulación para el Fomento de la Actividad Productiva en Andalucía que a iniciativa de la Consejería de Economía, Conocimiento, Empresas y Universidad, ha aprobado recientemente el Gobierno de la Junta de Andalucía y hemos llegado a las mismas conclusiones que igualmente han llegado las principales organizaciones ecologistas de España, por ello nos sumamos y compartimos la Nota de Prensa que en el día de hoy han emitido estas organizaciones:

NOTA DE PRENSA       –       4 de abril de 2020

Las principales organizaciones ecologistas consideran un retroceso histórico la desregulación ambiental aprobada en el gobierno de la Junta de Andalucía.

Amigos de la Tierra, Ecologistas en Acción, Greenpeace, SEO/BirdLife y WWF consideran que la convalidación del Decreto Ley de Mejora y Simplificación de la Regulación para el Fomento de la Actividad Productiva en Andalucía es un retroceso inaceptable en las garantías ambientales de las normas andaluzas, un grave ejercicio de falta de transparencia y un atentado a la participación pública.

Las organizaciones ambientales denuncian, además, que supone un peligroso precedente para otras comunidades autónomas.

Aprovechando la actual situación de excepcionalidad, el Parlamento de Andalucía ha convalidado –con los votos de PP, Cs y Vox– el decreto aprobado recientemente por el Gobierno de la Junta de Andalucía por el que se desregulan numerosas actividades económicas, se reduce la participación pública y se eliminan garantías ambientales.

Para las principales organizaciones ecologistas se trata de un auténtico despropósito que, con el argumento de agilizar trámites administrativos para reducir el impacto socioeconómico del Brexit y de la pandemia del coronavirus, la Junta de Andalucía cambie 21 leyes y 6 decretos a través de una convalidación con un reducido número de parlamentarios a causa de la cuarentena.

La mayoría de estas modificaciones nada tienen que ver con una pretendida simplificación de trámites burocráticos. Muy al contrario, pretenden reeditar el modelo económico imperante durante los años de la burbuja especulativa que llevó a España a la crisis de 2008, al tiempo que se reduce el papel de la administración pública en la defensa y salvaguarda de la naturaleza y los derechos sociales. Estos cambios legislativos y normativos pueden provocar importantes daños ambientales y territoriales y fomentar, de nuevo, entre otras cosas, la especulación urbanística, afectando también a otros sectores sociales y económicos.

Entre las principales modificaciones que afectan a cuestiones ambientales, destacan:

– Se amplían las actuaciones que se pueden declarar de Interés Autonómico, lo que facilita su tramitación y aprobación, como son: urbanizaciones residenciales supramunicipales, puertos y aeropuertos, embalses, grandes establecimientos comerciales, turísticos e industriales.

– Se modifica la Ley de Ordenación Urbanística de Andalucía (LOUA) para reducir plazos en la tramitación de planes urbanísticos, a pesar de la imposibilidad de la propia Junta de Andalucía de cumplirlos para evaluar informes, con lo que se aprobarán sin las debidas garantías.

– Se sustituyen los Planes Especiales y Proyectos de Actuación en Suelo No Urbanizable para la implantación de diversas infraestructuras, canteras y minas por un mero informe. Se elimina así la obligación de someter esos planes a Evaluación Ambiental Estratégica.

– Se modifica la Ley de Gestión Integrada de la Calidad Ambiental (GICA), sustituyendo el régimen de Autorización Ambiental Unificada al que se encontraban sometidos determinados proyectos y actuaciones por el de Calificación Ambiental, con muchas menos exigencias, y que aprueban los Ayuntamientos.

– Modificación de la Ley del Sector Público de Andalucía, para “dinamizar” la privatización del patrimonio agrario público de la Junta de Andalucía.

– Se modifica el Reglamento que regula el régimen aplicable a los suelos contaminados, permitiéndose en los proyectos de recuperación voluntaria dejar los suelos contaminados confinados en el lugar donde se encuentren.

– Se modifica el Reglamento de Vertidos al Dominio Público Hidráulico y al Dominio Público Marítimo-Terrestre para eliminar la obligación de dotar de red de alcantarillado y depuración conjunta de aguas residuales a las urbanizaciones ilegales que se pretendan legalizar.

– Se modifica de la Ley de medidas frente al Cambio Climático, eliminando la obligación del cálculo de la huella de carbono de productos y servicios.

Para Amigos de la Tierra, Ecologistas en Acción, Greenpeace, SEO/BirdLife y WWF, si las formas y el momento de la aprobación son inaceptables, mucho más lo es el contenido y la justificación del Decreto. Éste es representativo de la forma en que la Junta de Andalucía entiende que debemos actuar al salir de la crisis, desregulando procesos que nos garantizan el buen funcionamiento de actividades y proyectos, eliminando cautelas bajo el pretexto de agilizar plazos –cuando la falta de agilidad administrativa es culpa del mal funcionamiento de la propia Junta de Andalucía en muchas ocasiones–, eludiendo procesos de participación pública –incluso, en contra de los objetivos de leyes estatales y directivas comunitarias– y, en definitiva, permitiendo el “todo vale”.

Estamos atravesando momentos muy difíciles debido a las pérdidas personales y socioeconómicas derivadas de la crisis del coronavirus. Es precisamente en estos momentos cuando resulta vital un buen corpus administrativo y legislativo, como armazón público que garantice los servicios y la salud de las personas y el medioambiente. Esta reforma relaja las normativas de salvaguarda ambiental y de otros sectores socioeconómicos vitales para Andalucía sin sacar ninguna lección de la crisis que estamos atravesando.

Por estos motivos, las principales organizaciones ambientales apoyan el anuncio del PSOE y Adelante Andalucía de presentar un Recurso de Amparo ante el Tribunal Constitucional contra este Decreto, con el fin de restituir las garantías legales ambientales en Andalucía de los procedimientos ahora afectados por esta modificación. Por su parte, ejercerán todas las acciones legales posibles en ámbitos españoles y europeos para que una contrarreforma ambiental como la que ha iniciado la Junta de Andalucía no se consolide.

Esta carta cuenta con el respaldo y apoyo de

Estrechando lazos

Carta abierta de apoyo al sector agrícola, ganadero y pesquero local y sostenible ante la crisis sanitaria del COVID-19

Greenpeace lanza esta carta abierta para apoyar a la pequeña y mediana agricultura, ganadería y pesca que, en general y también en el marco de la actual crisis sanitaria, se están viendo duramente perjudicadas, en beneficio de las grandes superficies.

Esta carta cuenta con el respaldo y apoyo de

Entidades:
ADEGA – Asociación para a Defensa Ecolóxica de Galiza; Algarbía en Transición; ANA – Asociación Amigos de la Naturaleza; APAEMA; ARGEOL; ASiA – Associació Salut i Agroecología; Aso. Eco Sierra de Alcaraz Tierra Verde; ASOAR_ARMEGA; Asociación Bee Garden; Asociación de Agricultura Regenerativa; Asociación de Pescadores Artesanales del Cabo de Gata (Pescartes); Asociación del Sector Primario Extremeño; ASOCIACIÓN ECOCOLMENA ESPAÑA; Asociación Galega de Apicultura; Asociaciòn Guadalhorce Ecològico; Asociación Libere Educación y Desarrollo; Asociación Pola Defensa da Ría; Asociación Somos Sierra Norte de Sevilla; ASOCIACIÓN VALOR ECOLÓGICO, ECOVALIA; Asociación Vida Sana; Associació de dones del Món Rural.Pageses i ramaderes de Catalunya; Bionekazaritza; Carro de Combate; CEAV (CONFEDERACIÓN ESTATAL DE ASOCIACIONES VECINALES); Confederació de Cooperatives de Catalunya; Consejo de Agricultura y Alimentación Ecológica de Euskadi (Ekolurra); Cooperactivas Red; Cooperativa de pescadores de San Cristóbal, s.l.; Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG); Coordinadora El Rincón-Ecologistas en Acción; CPAEN/NNPEK; ECO-AGRICULTURA MARJALA; Ecologistas en Acción; Ecologistas en Acción de Sanlúcar de Barrameda; Ecoloxistas en Acción Galiza; Ecosol. Coop. consumo agroecológico; EHNE Bizkaia; EHNE Gipuzkoa; EHNE Nafarroa; El Brot SCCL; ETXALDE Nekazaritza Iraunkorra; Federació d’Ecologistes en Acció de Catalunya; Federación Española de Ingeniería Sin Fronteras; Federación Española de la Dehesa; FODESAM; Fundación Entretantos; Fundación Lonxanet para la pesca sostenible; Fundación Savia; Garúa S. Coop. Mad.; GECEN; Germinando; Greenpeace; Grup d’Estudi i Protecció dels Ecosistemes Catalans – Ecologistes de Catalunya; Grupo de consumo local El Semillero; Hogar sin Tóxicos; INTERECO; l Enllaç de l ebre; ¡La Colmena Que Dice Sí!; La Ortiga, Cooperativa de Consumo Ecológico de Sevilla; La Xarxeta. Xarxa de pageos i pageses agroecoligics de Catalunya; LANDARLAN INGURUMEN ELKARTEA; Low Impact Fishers of Europe (LIFE); Mercado Social de Madrid; Mercao Social La Rendija; Naturkon Gipuzkoa; Paisaje, Ecología y Género; Plataforma por la Ganadería Extensiva y el Pastoralismo; Plataforma Salvemos la Vega-VegaEduca; REAS Red de redes de Economía Alternativa y Solidaria; Red Agroecológica de Cádiz; Red Agroecológica de Lavapiés; Red Canaria de semillas; Red de Consumo Ecológico de Mijas; Red de Semillas “Resembrando e Intercambiando”; Sakana Garapen Agentzia; Simiente Disidente; Sindicato Labrego Galego (SLG); Sociedad Española de Agricultura Ecológica (SEAE); Surcos Urbanos; Unió de Pagesos; Unión Agroganadera De Álava (UAGA); Unión de Pequeños Agricultores (UPA); Universidad Rural Paulo Freire Sierra de Huelva; Vuelta al Campo; Xarxa De Consum Responsable; XES (Xarxa d’Economia Solidària)

Empresas productoras:
Abella Lupa SAT; Agro Can Genover – Biograssfed; Aula Bee Garden Málaga; Catanostrum; dLana; Ecotros; Granja agroecológica deCorral; Granny & Granny SL; La Güerta Ciclista; La reina Extremeña; La Vall de la Casella, Coop. V.; Pesquerias Lanza s.l; Quesería El Palacio; Remediu rural; Sambucus; Viviendo en el Campo

Productores a título individual:
Alfons Domínguez; Ana Mendive Iguaz; Andrés Góngora Belmonte; Conchita Pfitsch; Estefanía Ortas de Haro; Francisco José Millán; Guillem Orfí Verd; Ignacio Hernandez de la Cal; Leticia Toledo Martín; Luis Alberto Lentijo Herrero; Manuel García Portela; Toni Martínez Martí; Vicent Gil Monros; Victor Olivas Encarnación