Por una solución sostenible y eficaz al riesgo de inundaciones

ANA apoya y ha estado de acuerdo en suscribir el manifiesto ”Por una solución sostenible y eficaz al riesgo de inundaciones”, elaborado por la Fundación Nueva Cultura del Agua.

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POR UNAS MEDIDAS SOSTENIBLES Y EFICACES AL RIESGO DE INUNDACIONES

Los expertos y entidades abajo firmantes, además de la solidaridad con los damnificados por las recientes inundaciones del Ebro, queremos expresar el amplio consenso existente en torno a las medidas más eficaces para una gestión sostenible y eficiente de los riesgos de inundaciones, consenso que se sintetiza en lo siguiente:

1. Las crecidas forman parte de la dinámica natural de los ríos y aportan de forma gratuita importantes servicios a la sociedad

Los ríos, con sus cauces, riberas y sotos, son ecosistemas vivos en permanente cambio. Las crecidas fluviales forman parte de la dinámica natural de los ríos y son imprescindibles para la dinámica geomorfológica y el buen estado ecológico de los ríos. Las crecidas proporcionan innumerables servicios para el conjunto de la sociedad como son: i) constituir el mecanismo que tienen los ríos para limpiar su propio cauce, facilitando la depuración de las aguas; ii) favorecer la recarga del acuífero aluvial; iii) mantener la fertilización natural de las tierras de cultivo; iv) contribuir a la biodiversidad, manteniendo cúmulos de gravas y otros elementos fundamentales para la vegetación, además de ser importantes zonas para la freza de peces y refugio para otras especies de fauna; v) eliminar especies invasoras (como la mosca negra en el Ebro) y controlar las poblaciones excesivas de determinadas especies, como las algas; vi) aportar arenas a las playas, vii) aportar sedimentos y nutrientes a los deltas y evitar el retroceso de la cuña salina en las desembocaduras y viii) constituir fuentes de fertilización para las pesquerías costeras. Por otra parte, a veces se interpreta que las avenidas representan también un despilfarro de agua, dado que tales volúmenes serían susceptibles de ser aprovechados mediante su almacenaje y transporte, sin embargo esto carece de sentido por la imposibilidad técnica y económica de manejar tales caudales, además de que se perderían las funciones ecosistémicas y los consiguientes servicios que aportan a la sociedad.

2. Los daños por las inundaciones están aumentando por una mala gestión del territorio

El mal uso del territorio es la principal causa de que los daños de las inundaciones sean cada vez mayores. Este mal uso obedece a tres procesos principales. En primer lugar está aumentando la superficie sellada, es decir, el área ocupada por superficies impermeables (estructuras urbanas, viales, etc), con lo que disiminuye la infiltración natural y aumenta la escorrentía. En segundo lugar, las zonas inundables están cada vez más ocupadas por edificios y otras infraestructuras, por lo que frente a inundaciones similares, los daños para personas y bienes son cada vez mayores.

Finalmente, las infraestructuras como carreteras y taludes cortan y desorganizan las redes de drenaje natural, de forma que el agua se ve obligada a alterar sus flujos, afectando así a nuevos espacios hasta ese momento libres de inundaciones.

3. Las medidas de la vieja hidráulica han demostrado su limitada utilidad

Estudios científicos y técnicos en todos los países desarrollados, incluyendo a España, demuestran un continuo aumento en los daños económicos por inundaciones, pese al incremento de medidas estructurales (presas, diques, escolleras), lo que demuestra la escasa utilidad de tales medidas. Esto es así particularmente en cuencas con altos niveles de regulación, como es el caso de todos los ríos españoles, donde el posible beneficio de una infraestructura adicional es muy pequeño. En el caso de los embalses, tienen una capacidad muy limitada para laminar las grandes avenidas debido a la magnitud de las aportaciones registradas y a la incompatibilidad de la función de laminación con los otros usos de estas infraestructuras, como el uso hidroeléctrico, de abastecimiento o agrícola.

Respecto a diques y motas de contención demasiado cerca del cauce, son igualmente ineficaces para evitar las grandes inundaciones. Finalmente los dragados (eufemísticamente denominados “limpiezas” del río) no resuelven nada porque apenas influyen en la altura de la corriente alcanzada durante las avenidas. Algunas intervenciones en los cauces, como la canalización o la construcción de escolleras no hacen sino trasladar los riesgos de las zonas que pretenden proteger a otras. La persistencia, contra toda evidencia científica, de los dragados como medida frente a las inundaciones representa un total desprecio al consenso científico y a la amplia experiencia acumulada en este campo.

4. Además de inútiles, las obras de infraestructura son muy caras

Además de poco útiles, embalses, presas de laminación de avenidas, diques y dragados tienen un elevadísimo coste y un reducido período de vida. Este es especialmente el caso de los dragados (o “limpiezas del río”), porque en poco tiempo los sedimentos vuelven a ocupar su lugar. Los dragados requieren además inversiones cuantiosas, por lo que representan un despilfarro económico completamente inútil que no puede admitirse en estos tiempos.

5. Embalses, dragados y motas son falsas soluciones que a la larga agravan los problemas

Los dragados, cortes de meandros y encauzamientos tienen complejas y negativas consecuencias para el riesgo por inundaciones aguas arriba y aguas abajo, al favorecer una mayor energía y velocidad de las aguas de avenida, aumentando su poder erosivo y capacidad de destrucción de infraestructuras. Por otra parte, la rotura de las motas de contención durante las grandes avenidas constituye el mayor peligro real para las vidas humanas relacionado con tales avenidas. Además, todas estas obras tienen un efecto perverso, al crear una falsa sensación de seguridad que favorece la invasión de la llanura de inundación, provocando a la larga mayores daños.

6. Las obras de infraestructura ocasionan serios impactos ambientales

Dragados y cortas de meandros tienen gravísimas afecciones ambientales. Con el dragado se rompe el equilibrio morfodinámico del río, se eliminan sedimentos, claves para el ecosistema fluvial, se elimina vegetación, se destruyen hábitats naturales, afectando a la biodiversidad, generan problemas de sequía en sotos y destrucción de biotopos. Además los dragados reducen la capacidad de autodepuración del río y tienen otros efectos negativos, como la erosión remontante y el descalzamiento de puentes, escolleras y otras estructuras.

7. En línea con la Directiva de Inundaciones, las medidas pasan por devolver su espacio a los ríos a través de una gestión adecuada de los territorios fluviales

La Directiva Europea de Inundaciones, aprobada en 2007, establece que no se puede (ni se debe) evitar las inundaciones, pero sí minimizar sus efectos perniciosos. Frente a la ineficacia de las medidas clásicas de la vieja hidráulica, la Directiva aboga por la renaturalización de los ecosistemas fluviales a través de la recuperación de las llanuras naturales de inundación como vía de laminación de las avenidas y la ordenación territorial en zonas inundables. Precisamente antes de diciembre de 2015 todas las cuencas deben disponer de Planes de Gestión de Riesgos de inundaciones basados en este enfoque. Se debe devolver a los ríos su propio espacio, estableciendo y gestionando el denominado territorio fluvial, como establece la Estrategia Nacional de Restauración de Ríos.

Este territorio fluvial, constituido por el propio río y los espacios inundables adyacentes, actuaría como zona de expansión de las crecidas y en él se deben potenciar las funciones naturales de la llanura de inundación, como la laminación de las avenidas. Esta función laminadora de las llanuras de inundación se realiza mediante procesos de embalsamiento e infiltración e incluye la disipación de la energía de las avenidas y por tanto de su capacidad erosiva, debida a la fricción con sotos y al trazado meandriforme de los ríos. No puede haber mejor seguro para una población ribereña, que sustituir un fenómeno, la avenida, por otro de menores efectos negativos, el desbordamiento, en áreas en las que tales desbordamientos den lugar a los menores daños y los máximos beneficios. De hecho, el Real Decreto de Evaluación y Gestión de Inundaciones cita como primeras medidas a incorporar en los Planes de gestión del riesgo las de “restauración fluvial, conducentes a la recuperación del comportamiento natural de la zona inundable…”.

Establecer y gestionar adecuadamente el territorio fluvial para paliar los daños de las inundaciones requiere i) Recuperar meandros y bosques de ribera, que contribuyen a disipar la energía de las crecidas; ii) Retranquear o eliminar diques y motas, dotándolas –en su caso‐ de compuertas para expandir la inundación suavemente y permitir luego la evacuación de la inundación cuando baje el nivel del río y reduciendo la capacidad destructiva de la avenida aguas abajo; iii) Adaptar los usos a la inundabilidad. Esto implica revisar los planes municipales de ordenación urbana y favorecer en las llanuras de inundación usos agrícolas compatibles con la inundabilidad; iii) Aplicar sistemas de seguros y compensaciones adecuadas a los agricultores que vean afectadas sus cosechas; iv) Impulsar la investigación, el intercambio de buenas prácticas, la formación, educación, comunicación y participación públicas en torno a los ríos y el papel de las crecidas, en la certeza de que solo una sociedad bien informada apoyará una gestión adecuada de los territorios fluviales.