Día Mundial Del Medio Ambiente

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Fundación Biodiversidad
Cada año, millones de aves migratorias recorren miles de kilómetros conectando ecosistemas, continentes y culturas.
Garantizar entornos saludables y libres de amenazas es clave para que puedan continuar sus rutas migratorias.

Cerca de 1 millón de las aproximadamente 8 millones de especies estimadas en el planeta están amenazadas de extinción.
La pérdida de biodiversidad avanza a un ritmo sin precedentes y reclama una respuesta urgente.

El mercado confirma que el hidrógeno verde es inviable tras acaparar millones de euros de fondos públicos
Vendido durante años como “el carbón del futuro” de España, el hidrógeno ha recibido 3.000 millones de euros en subvenciones. Sin embargo, el sector energético está desechando las inversiones por no considerar esta tecnología competitiva.

Andrés Actis –@ActisAndres –
23 feb 2026 06:00
Con el implacable avance de la crisis climática, la descarbonización sigue siendo un tema principal en la agenda informativa. Basta echar un vistazo a periódicos y medios digitales para encontrar noticias sobre la consolidación de la energía renovable, el debate en torno a la energía nuclear, la necesidad de instalar baterías en las plantas solares o la electrificación del parque automotor, con el hito de 100.000 matriculaciones de coches 100% eléctricos en 2025. Pero hay una solución tecnológica que, prácticamente, ha desaparecido de los medios de comunicación: el hidrógeno verde, vendido durante años como “el carbón del futuro” de España. ¿La razón? La confirmación por parte del mercado de que se trata de una solución inviable en el medio plazo: pese a los millones de euros recibidos en subsidios, financiación y ayudas —más de 3.000 millones por parte del Gobierno de Pedro Sánchez—, los números no terminan de cerrar.
La sentencia de muerte la ha pronunciado en estos días Josu Jon Imaz, el consejero delegado de Repsol, el mayor productor y consumidor de hidrógeno de España. El empresario ha admitido que este vector energético no será competitivo en los próximos diez años. “El hidrógeno verde no será competitivo hasta que la electricidad cueste 10 o 15 euros. Y eso no ocurrirá en la próxima década”, ha aclarado en un encuentro del sector energético organizado por la consultora Deloitte.
El año pasado, Repsol empezó a entregar las primeras señales de desinversión, cuando el propio Imaz anunció la desmantelación del proyecto de hidrógeno verde en Puertollano
En 2025, el precio medio de la electricidad en el mercado mayorista español fue de 65 euros, cuatro veces más cara que las aspiraciones de Imaz. En la actualidad, Repsol concentra el 60% de la producción nacional de hidrógeno y aporta el 4% del hidrógeno que se consume en Europa. En sus refinerías genera unas 360.000 toneladas de hidrógeno al año. Pero con un detalle no menor: se trata de hidrógeno gris, que se produce a partir de combustibles fósiles, principalmente gas natural.
El hidrógeno no es una energía en sí misma, sino un vector energético que necesita de otra energía para ser creado. Por lo tanto, basa su sostenibilidad en la técnica utilizada para su producción. El hidrógeno verde es aquel que se obtiene mediante el uso de energía renovable. Para esto, se necesitan electrolizadores, dispositivos —de muy alto coste— que separan las moléculas de agua mediante corriente eléctrica.
Desde el 2020, cuando la Unión Europea y sus Estados miembro empezaron a financiar la infraestructura para descarbonizar este vector, Repsol viene prometiendo que su hidrógeno va a ser limpio de emisiones en 2030. Sin embargo, el año pasado, la multinacional empezó a entregar las primeras señales de desinversión, cuando el propio Imaz anunció la desmantelación del proyecto de hidrógeno verde en la antigua central térmica de La Sevillana, en Puertollano, por “inviabilidad técnica y económica”.
Para ese proyecto, Repsol captó 10 millones de euros de fondos públicos. La nueva apuesta de la compañía es que en esta planta se pueda producir “biohidrógeno”, generado a partir de residuos biológicos. “Más greenwashing”, advierte Xabier Marrero, técnico ambiental y especialista en transición energética y ecológica.
En 2026, Repsol ya reconoce que la inviabilidad no es puntual (Puertollano), sino estructural. El diagnóstico es compartido por todo el oligopolio energético. En ese mismo encuentro empresarial, el consejero delegado de Naturgy, Francisco Reynés, reconoció que no hay ninguna decisión final de inversión sobre hidrógeno renovable que se cumpla. “Todas se retrasan. Será por algo. Será porque el hidrógeno renovable aún no es competitivo o porque no sabemos quién va a pagar ese hidrógeno”, planteó sobre cómo las empresas han ido posponiendo sus grandes anuncios.
También puso muchos reparos el director de gestión de energía global de Iberdrola, Juan Ríos. “La producción de hidrógeno verde tiene unos desafíos muy serios de competitividad que habrá que ver si es ahora el momento abordarlos y si se tienen que abordar dentro de 10 o de 15 años“, dijo cuando el micrófono llegó a sus manos. ”Si el coste del hidrógeno verde es entre 12 y 8 euros el kilogramo y el gris es 4 euros pagando derechos de emisión de CO2, hay que pensar seriamente si es el momento de acometer grandes inversiones relativas al hidrógeno. Probablemente no en el corto o medio plazo“, subrayó.
La actualización del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) fija como objetivo que la producción de hidrógeno renovable alcance una potencia total de 12 GW para 2030, tres veces más de la prevista en el PNIEC original de 2020 (4 GW). La proyección del Gobierno es que dentro de 5 años el 74 % del hidrógeno consumido en la industria sea sin emisiones.
La Fundación Renovables, una de las organizaciones que más ha cuestionado la “sobredimensión” de esta tecnología, lamenta que la apuesta oficial se esté haciendo “de espalda a la demanda real” y que el Ejecutivo siga sin ligar este objetivo con los de potencia renovable. En el PNIEC no se especifica qué porcentaje del parque renovable se destinará a producir este vector energético.
“Para llegar a cumplir este objetivo, España debería destinar más del 100% de la potencia renovable instalada en la actualidad únicamente a producir hidrógeno”, advierte la Fundación. Y agrega: “Con los datos del PNIEC, habría que ocupar entre 396.000 hectáreas y 552.000 hectáreas con instalaciones renovables destinadas a producir hidrógeno. Esto supera el tamaño geográfico de toda la Comunidad Autónoma de La Rioja y equivale a ocupar hasta un 2,3% del territorio español para producir hidrógeno”. Asimimos, en lo que se refiere al uso de agua, “se emplearían anualmente 176 hm3, el equivalente al consumo anual de agua de todo el País Vasco”, inciden desde esta organización.
España es el país que más proyectos ha presentado en las dos subastas que ha realizado el Banco Europeo de Hidrógeno
La ambición del Gobierno se traduce, por lo pronto, en una lluvia incesante de financiación. A finales de enero, Sara Aagesen, vicepresidenta del Gobierno y ministra par la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco), recordó en la inauguración del 4º Día del Hidrógeno de Enagás que ya se han destinado más de 3.000 millones de euros en ayudas al hidrógeno renovable.
No sólo eso: España es el país que más proyectos ha presentado en las dos subastas que ha realizado el Banco Europeo de Hidrógeno, la herramienta de la UE para ayudar al despliegue de esta tecnología. ¿Los nombres detrás de estos expedientes? Los grandes grupos energéticos: Moeve (antes Cepsa), Iberdrola, Enagás, Endesa, Naturgy y Repsol. En la primera subasta (2024), la Península se quedó con tres de los siete proyectos seleccionados por la UE (263 millones de euros). En la segunda edición (2025), fueron ocho las propuestas elegidas de un total de quince (292 millones).
Alianza Verde exige que Repsol devuelva los 10 millones de euros que recibió en ayudas públicas para descarbonizar la planta de Puertollano
El freno de mano del mercado no parece, por el momento, alterar los planes del Gobierno. En noviembre, el Miteco asignó 126 millones de euros en una subasta nacional, realizada para dotar de dinero a los proyectos preseleccionados por la UE que se quedaron sin ayudas al agotarse los fondos. “El Gobierno mantiene su apuesta firme por el H2 verde renovable para sustituir la energía fósil y eliminar emisiones de CO2 de la industria, el transporte pesado y otros sectores de difícil descarbonización”, se explicó en un comunicado enviado a la prensa.
En enero, Aagesen anunció el lanzamiento a audiencia pública de un real decreto para la concesión directa de un mínimo de 415 millones en ayudas para proyectos españoles que participen de la tercera subasta del Banco Europeo del Hidrógeno.
Enagás, la principal compañía de infraestructuras de gas natural en España y Gestor Técnico del Sistema Gasista, tiene el aval del Gobierno para desarrollar los Proyectos de Interés Común (PCI) de Europa de redes de hidrógeno. En el caso del Estado español, estos proyectos incluyen el corredor de hidrógeno H2Med, con sus dos interconexiones transfronterizas entre Portugal-España (tramo conocido como CelZa) y España-Francia (tramo conocido como BarMar); una red de infraestructuras interiores de hidrógeno (red troncal española de hidrógeno); y dos instalaciones de almacenamiento (H2 storage North-1 y H2 storage North-2).
En la reciente rueda de prensa de presentación de resultados del año 2025, el consejero delegado, Arturo Gonzalo, explicó que este faraónico proyecto está todavía en la etapa de “desarrollo administrativo y de ingeniería”. Consultado sobre el momento actual del mercado del hidrógeno verde, reconoció que “existe un ajuste de proyectos” y que Europa “no va a llegar a los 20 millones de toneladas para 2030 que se prometieron”.
La red Gas No Es Solución lleva años advirtiendo de que H2Med es una apuesta “despilfarradora de fondos públicos que pone en riesgo la transición energética de España”
En un informe de 2024, el Tribunal de Cuentas de la UE denunció que “la Comisión no llevó a cabo análisis rigurosos” antes de establecer este ambicioso objetivo de producción. El documento señala que “la demanda que se espera que se estimule ni siquiera alcanzará los 10 millones de toneladas en 2030, y menos aún los 20 millones de toneladas inicialmente previstos por la Comisión”. También se cuestiona que los objetivos “no se basaban en un análisis sólido, sino que estaban motivados por una voluntad política”.
La red Gas No Es Solución, una coalición de más de 20 organizaciones españolas, lleva años advirtiendo de que H2Med es una apuesta “despilfarradora de fondos públicos que pone en riesgo la transición energética de España”. “Dado el resultado del informe del Tribunal de Cuentas de la UE, estas grandes infraestructuras corren el riesgo de no ser necesarias en el futuro, quedando sobredimensionadas, no amortizadas y sin dar respuesta a las necesidades de la transición energética”, denuncian estos colectivos, entre ellos Ecologistas en Acción, Ecodes y la Federación de Consumidores y Usuarios CECU, entre otros.
La red reconoce que el hidrógeno verde está llamado a desempeñar un papel importante en el proceso de descarbonización de ciertos sectores puntuales, pero debe de ser “planificado y acotado”, sobre todo en términos económicos y energéticos. “No se puede pretender ampliar su uso de forma generalizada sin que antes se haga una reflexión crítica sobre el contexto en el que nos encontramos y los horizontes esperados”, resume Fernando Ferrando, presidente de Fundación Renovables, entidad que también forma parte de este grupo.
Para este ingeniero industrial y licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad Complutense de Madrid, el hidrógeno verde puede llegar a ser “la guinda de la transición energética, pero nunca el pastel, como el sector gasista y el Gobierno nos quieren hacer creer”.
El poco apetito empresarial por seguir invirtiendo en el hidrógeno verde ya ha generado un primer conflicto entre el PSOE y Alianza Verde (Unidas Podemos). Este partido exige que Repsol devuelva los 10 millones de euros que recibió en ayudas públicas para descarbonizar la planta de Puertollano.
“Lo que hace Josu Jon Imaz es un absoluto timo, pero no es algo nuevo. Por eso sorprende que el Gobierno mire para otro lado. Repsol debe devolver cada euro de dinero público que ha recibido en proyectos que no ejecuta, y el Gobierno debe auditar las cuentas de estas compañías, por transparencia, y también por coherencia con una transición energética que tanto necesitamos”, explica Juantxo López de Uralde, líder de Alianza Verde.
“Los planes de hidrógeno de Europa parecen, en el mejor de los casos, desconectados de la ciencia y la economía del combustible”, señala el análisis Global Energy Monitor
El pedido de “coherencia” empieza a generalizarse también entre los analistas y consultores del sector energético. Según el informe anual Europe Gas Tracker 2025, en el que la ONG Global Energy Monitor monitorea el desarrollo de los proyectos energéticos globales, la “escala” del hidrógeno verde es “peligrosa y poco realista”.
“Los planes de hidrógeno de Europa parecen, en el mejor de los casos, desconectados de la ciencia y la economía del combustible y, en el peor, como un intento de la industria del petróleo y el gas de extender la vida útil de la dependencia de Europa del gas”, señala el análisis de la organización.
BloombergNEF, proveedor líder de investigación estratégica de soluciones que impulsan una economía baja en carbono, advierte que sólo el 30 % de los proyectos anunciados se van a construir para 2030, “debido a retrasos, falta de financiación o fracaso en alcanzar decisión final de inversión”.

El Gobierno señala la falta de avances de la Junta para incluir la Laguna de la Janda en el proyecto Life Humedales
By Redacción 24 enero, 2026

El Ministerio para la Transición Ecológica recuerda que la recuperación del enclave fue planteada en una reunión celebrada el pasado 2 de julio.
El Gobierno de España ha explicado que la situación competencial existente “condiciona las actuaciones que la Administración General del Estado puede emprender directamente” en relación con la inscripción y el reconocimiento formal de la titularidad de los terrenos de la Laguna de la Janda.
No obstante, el Ejecutivo ha subrayado que mantiene el diálogo con los actores implicados y ha recordado que el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico reunió el pasado 2 de julio a representantes de la comarca, entre ellos ayuntamientos, agricultores y colectivos ecologistas. En ese encuentro se abordó la posibilidad de recuperar la Laguna de la Janda y se propuso su inclusión en el proyecto Life Humedales, recientemente concedido.
Según ha lamentado el Gobierno, hasta la fecha la Junta de Andalucía no ha realizado ningún movimiento encaminado a solicitar la incorporación de este enclave natural al citado programa europeo, lo que frena los avances en un proyecto considerado clave para la recuperación ambiental de la zona.
Jose Maria Montero Sandoval
Los acontecimientos se suceden a tal velocidad que lo que ayer era oportuno hoy es necesario y mañana será imprescindible. Os hablo de esta convocatoria en la que vamos a reflexionar sobre el papel de la sociedad civil en una encrucijada política, económica, geoestratégica y ambiental de enorme trascendencia. Y lo haremos con Cristina Monge, en el CICUS de Sevilla. Reservad fecha y hora (viernes 23, 19 horas).
Aún tenemos una (gran) oportunidad




“Hay una coartada perfecta para arrasar con el modelo inicial, que era sostenible, que no buscaba rentabilidad sino buena gestión y por ello dependía de subvenciones, a otro modelo de biogás altamente industrial que obtiene su materia prima de actividades insostenibles”
Antonio Jorge San Vicente – Ecologistas en Acción de la Manchuela en Cuenca y Albacete

25 de diciembre de 2025 07:05 h
Recientemente Ecologistas en Acción ha lanzado el documento ‘biogás y biometano: ¿cómo evaluar los proyectos?‘, y no puedo por menos que aplaudir esta iniciativa que creo que es pionera entre los diferentes movimientos ecologistas en España y que era plenamente necesaria.
El documento hace, a modo de introducción, una reflexión impecable donde se aborda realmente la esencia de lo que se tiene que definir como un modelo sostenible y la reflexión de la necesaria reducción del consumo de energía por una parte, y de la necesidad de cambiar el modelo agroganadero por otra.
Pero luego en la definición que se hace de biogás-biometano creo que comete un error estratégico: se trata de definirlos como energía renovable, lo que podría interpretarse, por parte de la patronal, como un espaldarazo por parte de un movimiento ecologista a la evolución del sistema de obtención de energía por parte del capitalismo verde.
Aunque evidentemente sé que esa no era la intención, sí que voy a pedir, desde mi humilde posición del activismo de base, que el movimiento ecologista abandone estos términos para evitar la manipulación de los mismos por parte de los que solo tienen el interés de seguir haciendo caja.
Si nos alineamos con el discurso oficial del sector del biogás y a la vez con las tesis mantenidas, tanto en la ruta del biogás del ministerio como en todas las directivas europeas – que tratan al biogás biometano como fuente de energía renovable- estaremos justificando sin quererlo el desarrollo del modelo que estamos criticando.
Realmente, a estas alturas, nadie me ha explicado todavía a día de hoy en que se parece el biogás al sol o al viento y por qué meterlos en el mismo paquete.
Tanto la energía solar como la del viento fluyen de manera continua en el planeta fruto de la irradiancia, de la potencia de la radiación electromagnética del Sol sobre la superficie de nuestro planeta.
Por ello, mediante sistemas de captura de la radiación solar, espejos, paneles fotovoltaicos, intercambiadores de calor, etc, capturamos esta radiación y la convertimos en energía útil, bien en forma de calor bien como electricidad.
Lo mismo hacemos con el viento, en un proceso que se remonta al siglo VII o quizás más lejos: utilizamos el flujo del aire para crear un movimiento rotatorio que captura parte de la energía del empuje del aire en movimiento y lo puede convertir en trabajo. O mediante generadores, en electricidad.
Pero el biogás (y por tanto el biometano) es radicalmente diferente: se puede producir espontáneamente en los procesos de degradación de la materia orgánica, pero en la naturaleza no es aprovechable por lo que tenemos que acumular gran cantidad de residuos orgánicos procedentes de diferentes actividades humanas para que podamos usarlo.
Por tanto, no contamos con un flujo continuo ni estable (que sí que existe en la solar y fotovoltaica) si no producimos residuos de manera estable y continua. Esto supone un problema, un gran problema. Si nuestra razón de procesar los residuos no es hacer una buena gestión, sino obtener energía, vamos a necesitar previamente producir residuos, ya que si no, no dispondremos de esa energía. Por tanto, la energía que obtendremos va a depender proporcionalmente de la cantidad de energía fósil que hayamos invertido previamente en la generación de los residuos.
No va a haber por tanto una gran diferencia en el balance final de emisiones y estaremos haciendo puro y simple retardismo climático y greenwashing . Y si además nuestro consumo de energía llega a depender en una parte sustancial de la que obtengamos de los residuos, necesitaremos cada vez más residuos y seremos dependientes del sistema insostenible que los genera, con lo que difícilmente vamos a renunciar a él. Realmente por tanto, sólo aplicando unas sencillas reglas lógicas vemos que no se puede calificar el biogás como energía renovable.
Creo que es una gran falsedad la afirmación de que el biogás cierra el ciclo corto del carbono, ya que esto solo es cierto cuando se produce de manera espontánea en la naturaleza, pero nunca cuando se produce a nivel industrial porque ahí intervienen muchos otros factores.
Si algo necesita el capitalismo para seguir desarrollándose son dos cosas: materias primas y energía. De ahí que todo el despliegue de renovables se haya hecho de manera tan desordenada y con poco respeto por criterios ambientales. En el caso del biogás se ha pretendido convertir lo que es un buen sistema de gestión de residuos de proximidad en una fuente de energía, lo que realmente no es, sino su efecto secundario. Este afán de justificación y de buscar una coartada para seguir haciendo lo de siempre es lo que ha llevado a la Unión Europea a clasificar el biometano como gas renovable y a la vez como energía renovable, propiciando la aparición de un lobby subsidiario y cómplice del de las energías fósiles, que ahora lo utilizan como greenwashing.
Y finalmente esta ha sido la coartada perfecta para arrasar con el modelo inicial, que era sostenible, que no buscaba rentabilidad sino buena gestión y por ello dependía de subvenciones, a otro modelo de biogás altamente industrial que obtiene su materia prima de actividades insostenibles, industriales o ganaderas y cuya finalidad es mantener el desorbitado e imposible consumo de energía de un sistema económico que da muestras de estar dispuesto a morir matando.
Por ello, cuanto antes utilicemos la terminología de manera ajustada, antes empezaremos a hacer las cosas correctamente.

El mundo necesita bits, pero sobre todo necesita suelo, agua y aire para los que vendrán después de los bits.

Fernando Prieto Director del Observatorio de Sostenibilidad
11 dic 2025
Los centros de datos son el corazón de la economía digital: almacenan, procesan y analizan la información. Hacen posible desde la investigación en ciencia, medicina, ingeniería o educación a la gestión de una consulta médica en la nube o un semáforo inteligente. Sin ellos, el mundo se paraliza. Pero también es cierto que una gran cantidad de información que se crea y se guarda en estos centros de datos es más que prescindible (desde la minería de las criptomonedas hasta gran parte de su almacén). La innovación verdadera ya no es acumular más bits, sino almacenarlos sin destrozar el mundo que los genera. El debate es cuántos centros de datos indispensables necesitamos, y dónde y cómo construirlos. Y ahí la respuesta es mucho menos brillante.
Construirlos “así” —como hasta ahora— significa réplicas al carbono de gigantes de hormigón y acero que además consumen ingentes cantidades de agua y de energía con, por supuesto, ninguna participación ciudadana. El informe de la Agencia Internacional de la Energía (IEA) sobre Energía e Inteligencia Artificial (IA) prevé que el consumo energético de los centros de datos a nivel mundial se duplicará a 945 TWh para 2030, desde los 415 TWh de 2024. La IEA ya estima que los centros de datos representan alrededor del 1,5% del consumo eléctrico mundial y prevé algo menos del 3% del consumo total de electricidad mundial en esa fecha, y “algo más que el consumo total actual de electricidad en Japón”.
Según el citado informe, la demanda de centros de datos representará alrededor del 10% del crecimiento de la demanda mundial de electricidad para 2030. Esto significa emisiones y, por supuesto, elevar la temperatura global mientras vendemos la ficción de que la nube es “inmaterial”. En Europa el consumo los centros de datos ya es entre el 1% y el 5% de la electricidad, según sea un país u otro. Las cifras que maneja Eurelectric indican que los centros de datos en Europa pueden alcanzar en 2030 el nivel de consumo eléctrico de toda España. Pero, a pesar de su importancia, estas decisiones se toman sin ningún tipo de participación.
España ha pasado de la ser periferia a convertirse en el hub del sur de Europa en menos tiempo del que tarda un servidor en quedarse obsoleto
Construirlos “donde hasta ahora” ha significado situarlos donde la legislación es más permisiva, el agua más barata y la electricidad más sucia, para luego tatuarlos con sellos de “carbono neutral” que olvidan la cuenta real de emisiones. Significa, en suma, repetir el mismo error de siempre: crecer primero y sostener después.
No se pueden regalar kilómetros cuadrados de suelo fértil o derechos de un agua que ya escasea —recordemos el estado de los caudales ecológicos de los ríos—. Tampoco pueden tener energía renovable por el día y, sin embargo, quemar gas por la noche, lo que implicará aumentar las emisiones de gases de efecto invernadero. Es el modelo preferido de construcción del país de “construye-grande-ya, luego-veremos” en lugar de “modular-si-hace-falta, y-solo-si-es-sostenible”.
España ha pasado de la ser periferia a convertirse en el hub del sur de Europa en menos tiempo del que tarda un servidor en quedarse obsoleto. En los últimos dos años la potencia instalada se ha sextuplicado: ya roza los 600 MW, un 275% más que en 2022. Las previsiones son que lidere el mercado de centros de datos en el Sur de Europa.
Madrid concentra el 55 % de esa capacidad y ha crecido al 23,5% anual, duplicando el ritmo de Londres o Ámsterdam. La Comunidad de Madrid acumula 46 centros en funcionamiento y prevé 1,7 GW adicionales de aquí a 2030, lo que movilizará 23.400 millones de euros de inversión directa e indirecta. Aragón, por su parte, puede tener en torno a un 30%: ha pasado de ser anecdótica a proyectarse con más de 1.800 MW en la próxima década: Microsoft (2.900 millones de euros), Amazon (15.700 millones de euros hasta 2033) y el fondo Azora con su “Tillión” (2.000 millones de euros) han convertido el desierto de los Monegros en la nueva meca digital. Finalmente, Catalunya se quedaría con un 13%.
Esta asimetría en la situación de los centros de datos tiene mucho que ver con la saturación posterior que se da en las redes. Pero esto no se ha tenido en cuenta, a pesar de que esta en la prensa todos los días. Madrid no produce prácticamente nada de energía: tan solo un 5% a pesar de tener un consumo de 27GWh. Ni renovables ni no renovables, por lo que seguirá consumiendo la de otras comunidades autónomas. Catalunya solo produce un 19% de energías renovables respecto al total de lo que consume, una de las proporciones más bajas de España, por lo que usara las renovables de Aragón. Y, finalmente, habrá territorios sacrificados como el ya citado Aragón.
Construir “así” es más barato a corto plazo, pero externaliza costes que pagaremos en sequías, huracanes y migraciones climáticas
Una vez más la administración ha permitido un crecimiento desordenado y exponencial proporcionando suelos baratos y prometiendo energía asequible y renovable (recordemos que por la noche no funcionan las fotovoltaicas) en un país extraordinariamente árido, con escasez de agua y con sequías periódicas, poniendo en valor la posición geoestratégica de cables submarinos que conectan Europa con EE UU y América Latina. Todo dentro del marco “Proyecto de Singular Interés”, que no es más que una iniciativa gubernamental diseñada para acelerar la aprobación y el desarrollo de proyectos de gran envergadura e impacto, como los data centers.
El pelotazo es tal que “el país cuenta, además, con un “horizonte de crecimiento sin precedentes”: la demanda de este tipo de infraestructuras de datos se incrementará un 90% hasta 2028, y España multiplicará por diez su capacidad instalada en los próximos siete años. El resultado: 8.000 millones de euros previstos de inversión directa solo en 2026 y un impacto estimado en el PIB que podría alcanzar los 60.000 millones en tres años.
Sin embargo, el 85% de los nodos de la red eléctrica está saturado y el 92% de la capacidad de acceso a potencia ya está adjudicada. Cada vez más proyectos reciben un “no” a su conexión: la red no da más de sí y la demanda por inteligencia artificial triplica o quintuplica la densidad energética por rack. Mientras tanto, Barcelona crece al 38% interanual y Aragón al 24%, pero Madrid se estanca precisamente por el cuello de botella energético.
Merlin Properties ha anunciado 260 MW refrigerados sin agua y 100% renovable, pero admite que los permisos de la fase 2 van retrasados. Blackstone invertirá 7.500 millones en Aragón, pero el proyecto “Rodes” partirá con 150 MW que podrán escalar a 300 MW si la red aguanta.
La premisa es simple: la digitalización no puede ser la excusa para la desdigitalización del planeta
Así que tenemos el crecimiento más explosivo de Europa, con ninguna participación ciudadana y, al mismo tiempo, el riesgo de repetir el modelo antiguo: campus de hormigón y acero en suelo rural, refrigeración por evaporación que consume millones de litros de agua potable, y compensaciones de CO₂ en papel mientras la generación eléctrica real se apoya en el gas cuando baja el viento o simplemente es de noche.
La premisa es simple: la digitalización no puede ser la excusa para la desdigitalización del planeta. Construir “así” es más barato a corto plazo, pero externaliza costes que pagaremos en sequías, huracanes y migraciones climáticas. Construir bien es más caro hoy, pero amortiza el futuro que queremos habitar.
Hay que recordar otras “grandes ideas transformadas en burbujas por la codicia inmediata y la falta de planificación”. Es el caso de las granjas de cerdos (somos el tercer productor mundial), que han supuesto una gran cantidad de acuíferos y aguas superficiales contaminadas —por no hablar de los riesgos de la Peste Porcina Africana—; la producción de eucaliptus globulus (tenemos más extensión de estos árboles que la propia Australia) que posicionan y posicionarán a España como lugar récord de incendios forestales; o el reciente boom de las renovables, de cualquier forma y en cualquier sitio, ocupando paisajes prodigiosos, zonas protegidas o tierras fértiles en un escenario de bajos precios y disminución de la demanda.
A estas hay que añadir la ultimísima burbuja de las plantas de biometano, también llevada a cabo de cualquier forma y en cualquier sitio. No dejemos que vuelva a pasar.
España puede ser el Silicon Valley de los datos del sur, pero también puede convertirse en el Desierto de los Datos del sur
Los monocultivos suelen presentar bastantes riesgos, ya sean de placas solares, eucaliptos, cerdos, plantas de biometano o centros de datos. Seamos serios. Estudiemos casos a caso, veamos lo que hacen países mas avanzados y tomemos decisiones que no impliquen caer en “cuanto más grande, mejor” y en “cuanto antes tomemos la decisión, mejor”. Y no se trata solo de exigir transparencia real, sino de transparencia en la planificación: ¿de dónde va a salir el agua en un escenario de cambio climático? ¿Cuál es la prioridad en el uso del agua? ¿Primero la agricultura, el estado ecológico de las aguas, los caudales ecológicos o los centros de datos? ¿Cuál es la energía renovable que se utilizará? Y cuando no haya energía renovable, ¿se quemará gas? ¿Cuáles son las estimaciones de aumento de emisiones del país por los centros de datos? ¿Afectará el aumento de precio de la energía a los ciudadanos? ¿Va a haber algún tipo de participación ciudadana en las decisiones?
La alternativa es idéntica que en el resto de los sectores: planificación, planificación y planificación basada en la mejor ciencia disponible, lo que se podría traducir en una moratoria temporal y no en la codicia de unos cuantos fondos de inversión internacionales y basado en las condiciones de abaratar suelo y olvidar los impactos ambientales, unido a enormes subvenciones, para luego permitir el “laisse faire” de los fondos e inversión mientras la administración mira hacia otro lado.
Existen otros entornos donde los impactos son menores, zonas con mucha más agua disponible y menores temperaturas donde las necesidades de refrigeración serán menores y las posibilidades de utilizar el calor residual mas grandes. Sin embargo, se venden las condiciones de agua ilimitada y disponibilidad de energía para refrigeración olvidando que tiene sus impactos en suelos, biodiversidad, paisajes y comunidades y en más emisiones de cambio climático.
España puede ser el Silicon Valley de los datos del sur, pero también puede convertirse en el Desierto de los Datos del sur si repetimos los errores de los data-center parks de Virginia o Singapur: crecer primero y preguntar después.
Centros de datos sí, (y solo algunos), pero no así. Porque el mundo necesita bits, pero sobre todo necesita suelo, agua y aire para los que vendrán después de los bits.