Las costuras en el ecologismo

Las costuras en el ecologismo y el decreto antiapagones

XABIER VÁZQUEZ PUMARIÑO – 2025-08-06 – DESTACADO/REFLEXIO

 (Publicado originalmente en gallego en Nós Diario. Esta versión, ligeramente ampliada, ha sido traducida por el autor.)

La Corte Internacional de Justicia acaba de emitir una sentencia histórica: los Estados que no cumplan los objetivos climáticos violan el derecho internacional. Así de claro. El derecho a la vida y a la salud se ve amenazado por la inacción frente al cambio climático. No actuar equivale a vulnerar derechos humanos fundamentales. Es algo más que una llamada de atención a la comunidad internacional.

Mientras tanto, en España, el RDL 7/2025, conocido como decreto antiapagones, cae en el Congreso por falta de apoyos, dejando al descubierto un problema serio: la falta de consenso tanto en la izquierda, en general, como en el propio ecologismo, en particular, sobre cómo afrontar el cambio climático, lo que se viene llamando transición ecológica.

El RDL contenía medidas necesarias, sin duda, como el refuerzo del sistema eléctrico para evitar apagones, el impulso del autoconsumo y de las comunidades energéticas, la recuperación de concesiones inactivas, etc. En definitiva, un avance hacia una matriz eléctrica limpia y descentralizada.

Ahora bien, había puntos mejorables —diría que incluso fácilmente mejorables— como la repotenciación de parques eólicos sin evaluación ambiental, la declaración de interés público para que los proyectos esquiven trámites, etc.

El RDL pone de manifiesto un daño colateral, independientemente de que haya sido rechazado o no: las contradicciones y la falta de una estrategia común en el ecologismo y, por extensión, en la izquierda recién subida al carro ecologista. Simplificando, por un lado, tenemos un ecologismo desconectado de la naturaleza —aunque pueda sonar extraño—, que tiene gran eco en la política y los medios de comunicación, y que, básicamente apuesta por un capitalismo verde, si bien quizás como una transición. Este grupo protagoniza incluso documentales en la televisión pública recogiendo el eco de determinados lobbies energéticos con llamamientos a la “esperanza” y, tras el rechazo del RDL, se apresuraron a calificar al otro grupo de “retardistas”.

En la otra banda, un ecologismo apegado a la tierra y con sensibilidad hacia la pérdida de biodiversidad y que nos recuerda que no todo vale en nombre de la lucha contra la emisión de CO2. La falta de criterio, en muchas ocasiones, y una ausencia de alternativas bien formuladas a la quema de combustibles fósiles que supone una amenaza global y no se resuelve con un mero discurso defensivo.

Entre ambos, el ecologismo posibilista intenta hacer equilibrios, en ocasiones, con poco respeto por los debates necesarios. Llamar “retardista” a quien simplemente reclama garantías ambientales o participación ciudadana es tan gratuito como inútil. No se construye consenso insultando. La transición ecológica necesita conflicto, sí, pero también necesita puentes.

La realidad es que ningún enfoque sobra. La magnitud y la extrema complejidad del desafío climático exige reducir radicalmente las emisiones sin destruir más biodiversidad y manteniendo una cierta calidad de vida de las comunidades locales. No se pueden destruir ecosistemas en nombre de la energía limpia, por muchas razones, pero también porque esos ecosistemas son sumideros de carbono atmosférico, cuestión que se olvida habitualmente. Al mismo tiempo, bloquear cualquier infraestructura mientras seguimos quemando gas y carbón importado tampoco tiene ningún sentido.

¿Cuál es, entonces, la salida acertada de semejante confusión? Pues el decrecimiento, la postura seria y necesaria. No se trata de hacer una simple sustitución de energías fósiles por renovables, sino de reducir drásticamente el consumo energético global. Al respecto, hay que señalar que históricamente ninguna fuente energética ha sustituido a la anterior, sino que se ha sumado, y eso es lo que permite el crecimiento económico y demográfico. Sin un cambio profundo de modelo, las renovables son un parche más.

El decrecimiento exige corresponsabilidad, pero no solo por parte de los territorios de sacrificio. Las grandes ciudades pueden reducir su consumo energético, y ahí está el ejemplo de París, que reduce sus emisiones y gana calidad de vida. Mientras tanto, Madrid parece ir en la dirección contraria; Barcelona también: pretenden ampliar el aeropuerto sobre una zona húmeda (uno de los mejores sumideros de CO2). Mientras el BNG rechaza el RDL y el PSOE lo apoya, ambos apuestan por la construcción de una infraestructura que destruirá biodiversidad, paisaje, sumideros de carbono atmosférico y que está destinada, fundamentalmente, a la emisión de CO2: la A-76. Son solo ejemplos de contenidos que podrían formar parte de un hipotético RDL si realmente se quisiera reducir las emisiones de CO2.

La transición que necesitamos es profunda, incómoda y llena de contradicciones. Hace falta menos soberbia y más política, menos dogma y más diálogo, más reflexión y más conocimientos de ecología, física y matemáticas. Lo que está en juego no es cómo producimos la electricidad, sino la civilización humana tal y como la conocemos. La sentencia de la Corte Internacional de Justicia no deja lugar a dudas: no actuar es ilegal y, moralmente, imperdonable.

https://www.15-15-15.org/webzine/2025/08/06/las-costuras-en-el-ecologismo-y-el-decreto-antiapagones/?fbclid=IwY2xjawMRv2tleHRuA2FlbQIxMQABHrgWuf-J3s1kHyHSctE51lXlLn4muXLSvw02X0QIRp9U-adKmtfiEStt1B2r_aem_3m3KexBu_FQHXXFV8p6PLw