5 de diciembre: Día Mundial del #Suelo

El suelo es esencial para la vida: más del 95 % de nuestros alimentos y la mayoría de los elementos básicos para las plantas provienen de él. Sin embargo, el cambio climático y la actividad humana han llevado a que un 33 % de los suelos del planeta esté degradado.

Las prácticas sostenibles permiten frenar este deterioro: reducen erosión y contaminación, mejoran la infiltración del agua, preservan la biodiversidad y ayudan a almacenar carbono, siendo claves en la lucha contra el cambio climático.

La World Reference Base (#WRB) clasifica los suelos en dos niveles:

un primer nivel con 32 Grupos de Suelos de Referencia (#GSR),

un segundo nivel que añade al GSR un conjunto de calificadores principales y suplementarios.

El Mapa de Suelos de España (2025), basado en datos del European Soil Data Centre (#ESDAC) y adaptado a la última WRB, muestra los 18 Grupos de Suelos de Referencia dominantes en nuestro país, junto con sus calificadores, ofreciendo una visión sintetizada de la diversidad edáfica española.

Consulta el mapa recientemente actualizado en el #geoportal del #ANE

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Transición energética:

OPINIÓN
Transición energética: avanzar sí, pero no a costa del territorio

Son Bonet es una oportunidad para demostrar que España puede hacer una transición energética sin repetir el viejo hábito de ocupar primero lo más fácil, aunque sea lo más valioso.


Olivia Cerdeiriña 
Bióloga especializada en gestión del territorio y agroecología

1 dic 2025 06:00

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España corre hacia la descarbonización con una velocidad inédita. Surgen macroplantas fotovoltaicas que ocupan miles de hectáreas, grandes sistemas de almacenamiento empiezan a expandirse sobre suelos agrícolas, y nuevas líneas de evacuación atraviesan comarcas enteras. Todo urgente. Todo necesario. Todo “por el clima”.

Pero una pregunta incómoda emerge en municipios de toda la Península: ¿Puede la transición energética generar impactos irreversibles si no se planifica con criterios territoriales, ecológicos y sociales?

Vivimos una paradoja inquietante. Mientras Europa protege suelos fértiles, restaura ecosistemas y renaturaliza ciudades, aquí aumenta la presión para ocupar campos vivos, corredores ecológicos y espacios urbanos esenciales con proyectos que a menudo llegan antes que la planificación, antes que la ciencia y, en demasiados casos, antes que la ciudadanía.

Estamos ante una disyuntiva histórica: acelerar sí, pero no a cualquier precio. Transformar sí, pero sin destruir lo que nos protege del propio cambio climático

El riesgo es claro: repetir los errores del urbanismo expansivo, pero envueltos en un discurso verde. La transición energética no puede convertirse en un pelotazo verde ni avanzar sin gestión territorial, análisis de alternativas o una apuesta real por la agrivoltaica y la descentralización. No hay transición sostenible si el territorio vuelve a ser “lo barato donde todo cabe”

El caso de Son Bonet

Son Bonet es un ejemplo pequeño que contiene un problema mayor. Un aeródromo nacido de expropiaciones forzosas (muchas durante la Guerra Civil), que arrebató a Marratxí parte de su territorio y fracturó comunidades enteras. Familias desplazadas, pérdida de arraigo, miedo… Un impacto histórico del que todavía queda memoria en el municipio.

Como compensación social, desde hace más de 40 años unas 12,5 hectáreas se han consolidado como corredor verde de acceso libre: un espacio donde miles de personas caminan, corren, pasean a sus perros, aprenden a montar en bicicleta o participan en actividades de voluntariado ambiental, reforestación y custodia del territorio.

Esto no es un rechazo a las renovables. Es una exigencia de planificación inteligente, criterio científico y justicia territorial 

Algunos lo llaman “descampado”, pero es infraestructura climática esencial: suelo vivo que infiltra agua en un municipio cada vez más impermeable; vegetación que mitiga calor y captura CO2; un reservorio de biodiversidad urbana sorprendentemente resiliente; bienestar comunitario que reduce estrés, sedentarismo y soledad; un espacio que mejora la salud física y mental para miles de vecinos. Un pulmón pequeño en tamaño, gigantesco en valor.

Frente a ello, AENA (empresa con un 51% de capital público, por tanto, dependiente del Gobierno de España) plantea una macroplanta fotovoltaica “de autoconsumo” en el recinto aeroportuario. Y la pregunta vuelve con fuerza: ¿Debe instalarse sacrificando uno de los pocos espacios verdes que aún prestan servicios ecosistémicos esenciales a miles de ciudadanos? ¿Estamos realmente construyendo una transición energética o simplemente repitiendo el viejo patrón de ocupar primero lo más barato, lo más fácil y lo más vulnerable, aunque sea lo más valioso?

El debate no es local. Es el mismo que viven Galicia, Aragón, Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana, Extremadura o Andalucía. El mapa energético avanza más rápido que el mapa ecológico.

Esto no es un rechazo a las renovables. Es una exigencia de planificación inteligente, criterio científico y justicia territorial. 

La memoria y el territorio

El caso de Son Bonet revela algo más profundo. Habla de cómo un país gestiona la memoria, el territorio y la justicia. ¿Qué nos dice de nuestra cultura política que un espacio nacido de expropiaciones forzosas vuelva a considerarse “disponible” sin una conversación social honesta, sin mirar qué heridas reabre y qué valor ha construido durante décadas de uso comunitario?

¿Qué sentido tiene llamar “autoconsumo” a una instalación que produciría cientos de veces más energía de la que necesita el aeródromo, vertiendo casi toda su generación a la red, contradiciendo incluso su propio Plan Director? ¿Dónde queda el principio de proporcionalidad?

Y hay otra cuestión desde mi punto de vista clave: ¿qué validez tiene un Estudio de Impacto Ambiental que solo calcula el CO₂ evitado, pero no incorpora el CO₂ emitido, embebido o destruido durante el proceso? Sin contabilizar la fabricación de los paneles, el transporte, la pérdida del sumidero natural del suelo, la desaparición de la vegetación, la subida de temperaturas locales (que incrementan la demanda energética) o la pérdida de suelo fértil (que obliga a importar más alimentos), la contabilidad climática deja de ser rigurosa.

Cada hectárea fértil perdida reduce nuestra capacidad de alimentarnos, adaptarnos y ser resilientes, y España no puede permitirse debilitar sus suelos vivos en plena crisis climática y geopolítica

Tampoco debería evaluarse el impacto climático sin considerar la evapotranspiración y la alteración del ciclo del agua, el balance radiativo, el albedo, la isla térmica fotovoltaica o la biodiversidad urbana, factores documentados por la ciencia y que determinan la resiliencia de un territorio.

Surge entonces la pregunta de fondo: ¿qué clase de transición energética estamos construyendo si no es capaz de proteger ni el territorio, ni la historia, ni la salud, ni la convivencia de quienes ya lo habitan? ¿Puede un país defender la justicia territorial si los impactos siempre recaen en los mismos lugares mientras los beneficios se concentran en otros?

¿Cómo encaja este modelo con los compromisos europeos —Green Deal, Estrategia de Suelos, Biodiversidad 2030, Adaptación Climática— que exigen priorizar suelos degradados y proteger espacios verdes urbanos? Si Europa marca el camino, ¿por qué España permite proyectos que lo contradicen?

Hacia una transición energética coherente y justa

Si queremos evitar una fractura social y ambiental y hacer una transición energética sólida, se deben cumplir tres principios. El primero es priorizar suelos ya degradados o antropizados: polígonos industriales, cubiertas públicas, carreteras, aparcamientos… El segundo es proteger los espacios verdes urbanos que sostienen la salud y la adaptación climática. Por último, hay que evaluar todos los impactos reales, no solo el CO₂ evitado (suelo, paisaje, biodiversidad, hidrología y riesgo de inundación, contaminación lumínica y acústica, movilidad, estructura social, memoria histórica, soberanía alimentaria, salud pública…).

Cada hectárea fértil perdida reduce nuestra capacidad de alimentarnos, adaptarnos y ser resilientes, y España no puede permitirse debilitar sus suelos vivos en plena crisis climática y geopolítica. La seguridad energética sin seguridad alimentaria es un espejismo.

¿Qué clase de transición energética estamos construyendo si no es capaz de proteger ni el territorio, ni la historia, ni la salud, ni la convivencia de quienes ya lo habitan?

Estamos ante una disyuntiva histórica: acelerar sí, pero no a cualquier precio. Transformar sí, pero sin destruir lo que nos protege del propio cambio climático.

La emergencia no puede convertirse en excusa para comprometer el territorio que necesitamos para sobrevivir. España necesita renovables. Pero también necesita criterio, ciencia, planificación territorial, memoria y un respeto profundo por el suelo vivo, ese aliado silencioso que regula el clima, secuestra carbono, sostiene la biodiversidad, alimenta comunidades y da identidad a un lugar.

Si la transición energética arrasa los ecosistemas que permiten la adaptación, deja de ser transición para convertirse en una sustitución empobrecedora.

Son Bonet lo demuestra. El futuro dependerá de si aprendemos de estos conflictos… o si los repetimos. Son Bonet es una oportunidad para demostrar que España puede hacer una transición energética sin repetir el viejo hábito de ocupar primero lo más fácil, aunque sea lo más valioso.

https://www.elsaltodiario.com/energias-renovables/transicion-energetica-avanzar-costa-territorio?fbclid=IwY2xjawObDyZleHRuA2FlbQIxMQBzcnRjBmFwcF9pZBAyMjIwMzkxNzg4MjAwODkyAAEeivwXNmQo-CA7y9AqGrn_4cixoVl6hJRWy0d1KVxEUlwXPge3uaHBhBSoy7w_aem_ZmFrZWR1bW15MTZieXRlcw

BOJA nº 228, de 26/11/2025

Consejería de Fomento, Articulación del Territorio y Vivienda

Resolución de 18 de noviembre de 2025, de la Dirección General de Ordenación del Territorio, Urbanismo y Agenda Urbana, por la que se somete al trámite de información pública el proyecto de Decreto del Reglamento de Organización y Funciones de la Inspección de Ordenación del Territorio, Urbanismo y Vivienda de la Junta de Andalucía.

Los olmos de Medina Sidonia

Los olmos de Medina Sidonia desaparecen y crece la indignación ciudadana

Publicado: Martes, 25 Noviembre 2025 01:21 –  Escrito por Jesús M. López

La Asociación Naturalista Alcornocales (ANA) ha expresado su desolación e indignación por la eliminación de varios ejemplares de olmos (Ulmus minor) en la Plaza de la Pedrera de Medina Sidonia. Según la organización, el Ayuntamiento, gobernado por Izquierda Unida, “es incapaz de mostrar el más mínimo respeto al arbolado urbano, incapaz de proteger y conservar el patrimonio natural y cultural de la ciudad”.

La asociación considera “inaceptable lo que se ha hecho con unos ejemplares de Olmos”, calificando la eliminación de árboles sanos como “un crimen”, y cuestiona que, incluso en el caso de que fuera necesaria su supresión, “no se entiende cómo éstos no hayan sido trasplantados a otro lugar”.

El comunicado detalla que “por la tarde (tarde noche), nos llegó la noticia de que se pensaban arrancar los árboles, y al día siguiente por la mañana nos pusimos en contacto con la Concejala de Medio Ambiente, preguntándole si era cierto lo que nos habían dicho”. La edil, según ANA, respondió “que no lo sabía pero que preguntaría para enterarse”. Más tarde, comunicó que “efectivamente había que quitarlos por molestias a la pista deportiva anexa”, aunque aseguró que “ella se encargaría personalmente de que fueran convenientemente trasplantados a otro lugar”.

Sin embargo, la asociación lamenta que “al día siguiente, un socio informa que los árboles han sido talados… ni trasplante ni siquiera el intento… y, rellenado los hoyos con grava, rápidamente, para evitar miradas curiosas”. ANA afirma que no pudo “dar crédito, imposible de creer pero desgraciadamente cierto”.

La entidad critica duramente la gestión municipal y plantea interrogantes sobre la responsabilidad de la actuación: “No entendemos, y lamentamos profundamente, que en zonas urbanas se puedan plantar, podar, arrancar árboles sin el conocimiento del concejal o concejala de Medio Ambiente y peor aún, en contra de sus políticas. En este caso, ¿ha sido por orden del alcalde? o ¿es que Medina Global está por ‘encima del bien y del mal’? ¿Quién decide, quién gobierna el ayuntamiento de Medina Sidonia?”.

ANA recuerda que lleva “muchos años pidiéndole al ayuntamiento de Medina Sidonia, también a otros de la Comarca de La Janda, un cambio de comportamiento en la gestión de las zonas verdes y del arbolado urbano”. En su escrito subraya que ya habían solicitado “que se cambiaran comportamientos propios de arboricidas”, reclamando civismo y respeto “por la biodiversidad, por la flora, por los árboles y más aún, si cabe, sabiéndose que estamos en una emergencia climática”.

La asociación sostiene que “es inaceptable, que en una obra donde el coste del trasplante es irrisorio por las características de la misma (ya que anteriormente ya habían levantado la pista y las zonas anexas a los árboles) se actúe cortando árboles sanos y adultos”.

Asimismo, ANA reitera su disposición a colaborar con el Ayuntamiento para mejorar la gestión de las zonas verdes: “Desde ANA, también hace años, nos hemos ofrecido públicamente para asesorar, en temas de jardinería urbana, como asociación con conocimientos en la materia estamos dispuestos a impartir un taller totalmente gratuito para que tanto los miembros del gobierno, como técnicos municipales y operarios de jardinería, puedan adquirir unos conocimientos mínimos necesarios antes de afrontar una actuación en relación con el arbolado de la ciudad”.

El comunicado añade que “una elección equivocada de árbol para un lugar determinado, un alcorque insuficiente o un suelo deficiente, conducen de forma inevitable a problemas propios de quienes no tienen ni idea en el manejo de la jardinería, problemas propios y consecuencia de una mala gestión anterior del árbol”. La organización resume su preocupación con una frase contundente: “Una calle sin árboles es un erial”.

ANA concluye destacando que “muchos árboles están debilitados justamente por las podas salvajes practicadas, por lo inadecuado de su ubicación, por ignorancia o por desidia”. También señala los criterios que deben tenerse en cuenta para elegir especies adecuadas en entornos urbanos:
• La capacidad secuestradora de dióxido de carbono de cada especie.
• El gasto asociado de agua que conlleva.
• El tipo de función que se espera con el árbol.
• La zona de la ciudad en la que se pretende instalar.
• El tipo de sustrato a emplear y tipo de alcorque que requiera.
• La necesidad de la poda.

El comunicado concluye recordando que “la poda debe ejercerse, con criterios científicos relativos a la biología del árbol”.

https://www.portaldecadiz.com/provinciacadiz/144828-los-olmos-de-medina-sidonia-desaparecen-y-crece-la-indignacion-ciudadana

BOJA nº 225, de 21/11/2025

Consejería de Fomento, Articulación del Territorio y Vivienda

Anuncio de 12 de noviembre de 2025, de la Dirección General de Ordenación del Territorio, Urbanismo y Agenda Urbana, por el que se notifica acuerdo de inicio de expediente sancionador por parcelación urbanística ejecutada en suelo rústico, en el término municipal de Paterna de Rivera (Cádiz).