Un millón de especies, amenazadas de extinción a un ritmo sin precedentes
El mayor informe sobre
biodiversidad, auspiciado por la ONU, advierte del impacto de la acción humana
Silvia Ayuso – París 6 MAY 2019 – El País
https://elpais.com/sociedad/2019/05/06/actualidad/1557132880_458286.html
Un millón de los ocho millones de especies animales y
vegetales existentes están amenazadas de extinción y podrían desaparecer en
solo décadas si no se toman medidas efectivas, urgentes y decisivas. El informe
de la Plataforma
Intergubernamental sobre la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos (IPBES), presentado este
lunes en París, no se anda con rodeos. Se trata, subraya, de un “declive sin
precedentes” en la historia de la humanidad. Y el impacto no es solo
medioambiental. También amenaza buena parte de los objetivos de desarrollo
sostenible fijados por Naciones Unidas. Y, por supuesto, la economía. Maltratar
a la naturaleza significa frenar la lucha contra la pobreza, el hambre o por
una mejor salud del ser humano. El tiempo apremia más que nunca, subrayan los
expertos, que instan a actuar tanto a nivel global como local.
“Los ecosistemas, las especies, la población salvaje,
las variedades locales y las razas de plantas y animales domésticos se están
reduciendo, deteriorando o desapareciendo. La esencial e interconectada red de
vida en la Tierra se retrae y cada vez está más desgastada”, advierte Josef
Settele, uno de los autores principales del informe. “Esa pérdida es la consecuencia directa de la actividad humana y constituye una
amenaza directa para el bienestar humano en todas las regiones del mundo”.
Gráfico: ESPECIES EN RIESGO DE EXTINCIÓN. Fuente: IPBES. EL
PAÍS
El informe identifica y, por primera vez, clasifica
los cinco impulsores directos —que también se han acelerado en los últimos 50
años, según las investigaciones— de los cambios en la naturaleza con mayor
impacto relativo global. El primero son cambios en el uso de la tierra y el mar: tres cuartas partes del medioambiente
terrestre y alrededor del 66% del marino se han visto “significativamente
alterados” por la acción humana. Le sigue la explotación de organismos —el 33 %
de los recursos pesqueros marinos eran explotados a niveles insostenibles en
2015— y, en tercer lugar, aunque cada vez con mayor relevancia, el cambio
climático: las emisiones de gas de efecto invernadero se han duplicado desde 1980 y han provocado
el aumento global de la temperatura en al menos 0,7 grados centígrados. Otro de
los factores es la contaminación —la polución plástica se ha multiplicado por
diez desde 1980— y, finalmente, las especies foráneas invasoras, que han aumentado un 70 % desde
1970 en al menos 21 países.
Informes alarmistas abundan desde hace tiempo. Este no
es uno más. Elaborado durante los últimos tres años por 145 expertos de 50
países y con colaboraciones de otros 310 especialistas más, el estudio
Evaluación Global sobre Biodiversidad y Ecosistemas, de más de 1.500 páginas,
es uno de los más amplios realizados a escala mundial —evalúa los cambios en
las últimas cinco décadas— y el primero que analiza la situación de la
biodiversidad desde 2005. Aunque no será publicado en totalidad hasta más
entrado el año, el resumen de las conclusiones, aprobadas tras una reunión de
una semana de la IPBES, un organismo independiente impulsado por la ONU, en la sede de la Unesco en París, no es nada alentador.
«La vida en la Tierra se está deteriorando
rápidamente en todo el mundo y virtualmente todos los indicadores del estado
global de la naturaleza están decreciendo», subrayó Settele al presentar
el informe en rueda de prensa en París. «Ya nadie podrá decir que no
sabemos que estamos dilapidando nuestro patrimonio mundial común», acotó
la directora general de la Unesco, Audrey Azoulay.
Gráfico: EVOLUCIÓN DE ESPECIES DESAPARECIDAS. Porcentaje acumulado
de pérdida. Fuente: IPBES. EL PAÍS
Una amenaza muy grave
y real
De los ocho millones de especies que existen
actualmente en el planeta —incluidos animales, insectos y plantas—, un millón está amenazado de extinción. Y esta se está “acelerando”: en
los últimos 40 años, ha aumentado el riesgo de extinción total de especies. “La
velocidad de extinción es centenares de veces mayor que la natural”, según Paul
Leadley, uno de los autores del informe.
Más del 40 % de las especies anfibias, casi un tercio
de los arrecifes coralinos, tiburones y especies relacionadas, así como más de
un tercio de los mamíferos marinos están amenazados. Más difícil es hacer esta
estimación, señalan los expertos, en el caso de los insectos, pero consideran
que las pruebas existentes permiten hablar de un 10 % de especies amenazadas. Y
las consecuencias, advierte nuevamente Leadley, son directas para la especie
humana. “Dependemos de la biodiversidad y por tanto esa pérdida tiene
consecuencias para nosotros”, subraya y pone un ejemplo sencillo: “El declive constatado de los polinizadores tiene efectos potencialmente muy
negativos sobre la polinización de frutas y legumbres, o para el chocolate o el
café. Son consecuencias directas”.
Desde el siglo XVI, al menos 690 especies vertebradas
han sido llevadas a la extinción y más del 9% de todos los mamíferos
domesticados usados para alimentación y agricultura se habían extinguido en
2016. Al menos 1.000 más están todavía amenazados, continúa el informe.
Aunque este no especifica cuáles son las regiones más
afectadas, la bióloga argentina Sandra Díaz, que copresidió el proceso de
evaluación, indicó que son muchas áreas en América Latina, algunas en el
sureste asiático y también buena parte de África. “Pero globalmente, todo el
mundo debería estar preocupado, porque estamos crecientemente interconectados y
lo que pasa en una región, inevitablemente tendrá repercusiones en el resto del
mundo”, puntualizó. “Somos una única red de vida interconectada. Y esto no es
una metáfora”.
El informe deja claro que no se pueden separar
objetivos de medioambiente de metas de desarrollo. La actual tendencia negativa
en biodiversidad y ecosistemas “minará” los avances en el 80 % de las metas
estimadas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU fijados para
2030, especialmente en materia de fin de la pobreza, hambre, salud, agua,
ciudades sostenibles, clima, vida submarina y ecosistemas terrestres (los
objetivos 1, 2, 3, 6, 11, 13, 14 y 15).
“Los objetivos para conservar la naturaleza y lograr
la sostenibilidad no pueden ser logrados con la trayectoria actual, y las metas
fijadas para 2030 y más allá solo se conseguirán mediante cambios
transformativos de carácter económico, social, político y tecnológico”,
recalcan los expertos.
Gráfico: EL DECLIVE DE LA SUPERVIVENCIA. Índice de la lista
roja (1, mejor; 0, peor).Fuente: IPBES. EL PAÍS
Acciones urgentes
Se puede detener esta “crisis”, explica Leadley, pero
ello va a requerir “una transformación de nuestro modo de desarrollo”. Y una
implicación a todos los niveles.
Entre las políticas a cambiar están los “subsidios
malos para el medioambiente” como los de la industria energética, el transporte
o a la agricultura, señaló el hasta ahora presidente del IPBES, Robert Watson,
para quien los gobiernos también tienen que abandonar el uso del PIB para calcular
la riqueza e incorporar el capital natural y humano de sus países, “que sería
una mejor medida”. “Necesitamos un paradigma económico modificado para un
futuro más sostenible”, dijo. Pero también los ciudadanos de a pie pueden
aportar su grano de arena, cambiando por ejemplo sus hábitos de consumo, según
los expertos. Estos señalan también a las comunidades indígenas, en cuyos
territorios la biodiversidad está mucho mejor preservada, como un modelo a
seguir.
“Nuestro saber local, indígena y científico está
demostrando que tenemos soluciones, así que basta de excusas, tenemos que vivir
de manera diferente en la Tierra”, dijo el administrador del Programa de
Desarrollo de la ONU, Achim Steiner.
Tras tanto panorama pesimista, un rayo de esperanza:
“Hemos visto ya las primeras acciones e iniciativas para un cambio
transformativo, como políticas innovadoras por parte de muchos países,
autoridades locales y empresas, pero especialmente por gente joven en todo el mundo”, valoró
Watson. “Desde los jóvenes tras el movimiento #VoiceforthePlanet, a huelgas
escolares por el clima, hay una corriente de comprensión acerca de la necesidad
de una acción urgente si queremos asegurar algo parecido a un futuro
sostenible”.