El pájaro que se extinguió en España por la destrucción de la costa

El torillo andaluz, una pequeña ave parecida a una codorniz, ha sido declarado extinto en el nuevo Libro Rojo de las Aves: es la primera que se desvanece en Europa en un siglo y medio

Dibujo del torillo andaluz SEO/BirdLife

Guillermo Prudencio

2 de enero de 2022 21:55h

Durante tres años, el biólogo Carlos Gutiérrez Expósito dedicó su vida a perseguir un fantasma. Ni todo el repertorio de trucos de los investigadores de fauna, ni algunos de los mejores perros de caza de Andalucía, le sirvieron para dar con lo que buscaba: el torillo andaluz, un pequeño pájaro marrón de hábitos misteriosos que cría en el suelo, junto al mar. Su hábitat se lo llevó por delante el urbanismo costero y la intensificación agrícola, y el nuevo Libro Rojo de las Aves de España, el listado de especies amenazadas, dedica una breve nota para certificar su extinción en nuestro país: es la primera ave que se desvanece en Europa en un siglo y medio. 

«Nadie hace caso a este pobre pájaro, porque es pequeño, marrón y no se ve», cuenta Gutiérrez Expósito a Ballena Blanca. Este pajarero vasco llegó al Parque Nacional de Doñana en 2005 con una misión muy concreta: aclarar si quedaba algún torillo vivo en Andalucía. Los últimos ejemplares conocidos se los entregaron unos cazadores a Luis García, un ornitólogo de la Estación Biológica de Doñana del CSIC, en 1981. Andaban cazando codornices y abatieron a este pájaro, muy parecido y tremendamente esquivo. 

Desde entonces, solo hubo rumores sobre su supervivencia en España y avistamientos no confirmados. «Fue bastante desesperante, cuando empecé a trabajar en eso en 2005, nunca había visto un torillo, nadie que yo conociese había visto nunca un torillo, ni sabía muy bien cómo buscarlo», recuerda el biólogo. 

A lo largo de tres años recorrieron, palmo a palmo, todas las zonas donde se creía que podía perdurar la especie. «Su vida es más parecida a la de un ratón que a la de un ave», escribió Gutiérrez Expósito en este diario. Se quedan agazapados entre la vegetación y, por eso, el equipo utilizaba perros especializados en la caza de aves similares: «Sumando los recorridos de los perros, fue como ir andando de Sevilla a París».

Peinaron Doñana, pero también las costas de otras provincias, como Cádiz o Almería. Sabían dónde podía haber torillos por los ejemplares que se conservan en las colecciones de los museos de Historia Natural, cazados durante el siglo XIX y principios del XX. La especie se concentraba en esa pequeña franja junto al mar donde no hace ni mucho frío, ni mucho calor, la misma que los seres humanos hemos ocupado con cultivos intensivos y urbanizaciones. Gutiérrez Expósito detalla que en Marbella, y en otras áreas de la costa de Málaga, se capturaron muchos de los torillos que reposan en los museos.

«La extinción del torillo andaluz en España demuestra las graves consecuencias de la destrucción masiva del hábitat de una especie», afirma Jorge Fernández Orueta, de SEO/BirdLife, la organización que elabora el Libro Rojo de las Aves. Este biólogo apunta a una «intensificación agrícola galopante» en la segunda mitad del siglo XX, con la pérdida de hábitats naturales pero también de cultivos tradicionales, donde hay más espacio para la vida salvaje. 

«Es lo que pasa con todas las aves comunes de medios agrícolas, que han caído en picado sus poblaciones porque faltan insectos para alimentar a los pollos», explica Gutiérrez Expósito. De hecho, la mayor parte de las aves amenazadas recogidas en la nueva Lista Roja viven en entornos agrícolas o zonas como pastizales, con una cierta intervención humana. 

Al mismo tiempo que Gutiérrez Expósito buscaba este fantasma por Doñana, unos pajareros finlandeses aseguraron que habían visto torillos al otro lado del estrecho, en Marruecos, en huertas tradicionales cultivadas junto al Atlántico. Aunque al principio no se creyó las observaciones, en 2009 viajó a la zona y se encontró los torillos, corriendo entre campos de zanahorias y calabazas. 

Allí aprendieron muchas cosas sobre la especie, como que es diurna –»¡Cuántos madrugones y noches perdidas en Doñana!», escribió en su tesis doctoral sobre el torillo, que elaboró trabajando en la Estación Biológica– o que el macho custodia el nido y cría en solitario a los polluelos: la hembra pone los huevos y se desentiende. 

A lo largo de los años han visto cómo la población del torillo ha bajado de casi 2.000 ejemplares estimados en 2011 a entre 600 y 700 en 2017, cuando hicieron la última expedición marroquí. «Con el ritmo de intensificación agrícola que hay ahora en Marruecos, puede ser que de la noche a la mañana desaparezca de allí», lamenta el biólogo. En 2020 pensaban volver pero la pandemia ha congelado sus planes y no se sabe nada de la población, el último refugio conocido de un ave única de esta zona del Mediterráneo, en Portugal, Andalucía, Sicilia, y en las costas del norte de África desde Marruecos hasta Libia. 

Su esperanza está puesta también en otra zona del litoral argelino, donde podría sobrevivir un exiguo contingente de torillos. De allí, o de la población marroquí, podrían salir ejemplares para la cría en cautividad, una medida de emergencia para evitar la extinción de la especie. En el Zoobotánico de Jerez ya han probado, con éxito, reproducir otras especies de torillo. «Es muy fácil y muy barato. No es como criar linces, es casi como criar canarios», dice el biólogo.  

«Es urgente el desarrollo de un plan de cría en cautividad», coincide Jorge Fernández Orueta, que es responsable del Programa de Cooperación Internacional de SEO/BirdLife y trabajó con el torillo en Marruecos. Cree que es necesario que los tres países se pongan a trabajar conjuntamente para salvar la especie, empezando por tomar medidas para conservar sus últimos refugios en la naturaleza.  

Hasta ahora, el reino marroquí ha bloqueado la cesión de ejemplares a España para la cría en cautividad. «El desbloqueo diplomático es la parte más compleja», dice Gutiérrez Expósito, que cree que el Ministerio para la Transición Ecológica debería implicarse al más alto nivel. «No se lo han tomado en serio nunca», asegura.  

Una vez protegido en el norte de África, y creada una o varias poblaciones en cautividad –Orueta asegura que podría haber una en Rabat y otra en Jerez–, podría plantearse la reintroducción de la especie en España. Al estar incluida oficialmente en el listado de especies de fauna extinguidas, la Administración está obligada por ley a «promover» su recuperación. 

El problema, claro, es que queda muy poco de sus antiguos hábitats. En Doñana, por ejemplo, el monte bajo mediterráneo se destruyó a partir de los años 50 con extensas plantaciones de eucaliptos y pinos. Se cree que la especie se concentraba al borde de las lagunas, o en las zonas encharcadas donde rebosa el acuífero que da vida al Parque Nacional, un acuífero totalmente esquilmado por los cultivos ilegales de frutos rojos y el desarrollo urbanístico alrededor de Doñana. 

El biólogo de SEO/BirdLife es escéptico sobre la posible reintroducción del torillo en España. «¿Hemos demostrado capacidad para cuidar de nuestras especies? Dado que aves que ocupan hábitats semejantes al del torillo están en una regresión alarmante, parece que no», explica Orueta en referencia al alzacola rojizo, una pequeña ave que ha perdido un 90% de su población en los últimos años

Gutiérrez Expósito, que ha dedicado 20 años de su vida al torillo, muestra un mayor entusiasmo por su reintroducción, aunque advierte que primero es esencial estudiar y recuperar el hábitat. «Hay zonas muy buenas en la costa de Cádiz, alrededor de la laguna de la Janda, o en el entorno de Conil o Zahara de los Atunes, que llegan los pastizales y los cultivos hasta el mar», dice el ornitólogo. «Pero no se puede concebir la recuperación del torillo en España sin conservarlo en Marruecos, eso es tarea de los gobiernos y ahí los científicos tenemos poco que decir».

https://www.eldiario.es/ballenablanca/biodiversidad/pajaro-extinguio-espana-destruccion-costa_1_8623389.html?fbclid=IwAR07frENYiRwDyVWmjiPOHMseG62ya2c5aQPrsYEIIe2yvnv3JTs8g0tsrQ

LUCHA CONTRA LAS ISLAS DE CALOR URBANO

Los árboles reducen la temperatura en las ciudades hasta 12 ºC

Basándose en datos de satélites que monitorizan la temperatura de la superficie terrestre, un equipo de investigadores de Suiza ha encontrado evidencia de que los árboles aminoran el calor de las ciudades

Parque del Retiro en Madrid. (Pixabay)

Por Sarah Romero 13/12/2021 – 05:00

¿Cómo cambia un árbol la vida de la ciudad? Sabemos que los árboles producen oxígeno, secuestran CO₂ y nos proporcionan beneficios psicológicos muy positivos, como dar un paseo por el bosque (que mejora nuestro bienestar mental y previene la muerte prematura). Sin embargo, la práctica habitual de las urbes suele ser eliminar los árboles de las calles, parques o paseos como medio para ciertas intervenciones que se presentan, en teoría, como necesarias para aumentar la comodidad del día a día de sus ciudadanos.

Ahora, un equipo de científicos del Instituto de Ciencias Atmosféricas y del Clima, ETH Zurich (Suiza), concluye en su estudio más reciente que los árboles tienen un efecto más que positivo en nuestras urbes, pueden reducir la temperatura de la superficie terrestre en las ciudades hasta 12 °C en verano.

Los árboles tienen un gran poder de enfriamiento

Las ciudades suelen ser más cálidas que las áreas circundantes debido a las enormes extensiones de asfalto y cemento que absorben el calor.

Los árboles urbanos son buenos para las personas y el clima, dado que refuerzan el vínculo entre el entorno urbano y la naturaleza

El análisis de los datos satelitales de temperatura de la superficie terrestre y de cobertura del suelo del estudio se basó en 293 ciudades de Europa con objeto de comparar las diferencias de temperatura entre áreas cubiertas por árboles, espacios verdes urbanos sin árboles, como parques, y tejidos urbanos como carreteras y edificios. Hicieron lo mismo en entornos rurales cubiertos de prados y tierras de cultivo.

Los investigadores descubrieron que las áreas de las ciudades que estaban cubiertas de árboles tenían una temperatura de la superficie terrestre mucho más baja en comparación con las áreas circundantes.

¿Cuánto exactamente?

Las diferencias fueron entre 8 °C y 12 °C en Europa central y entre 0 °C y 4 °C en el sur de Europa, evidenciando que el efecto de enfriamiento de los árboles es mucho más significativo de lo que se pensaba. Y los espacios verdes sin árboles tienen un efecto prácticamente inapreciable a tenor de los resultados. Esto se debe a que el efecto de enfriamiento de los árboles en las áreas urbanas proviene en gran parte de la sombra y la transpiración, el proceso por el que el agua dentro del árbol se libera como vapor de agua a través de las hojas del mismo.

Vista de Madrid desde la Casa de Campo. (Flickr)

Según el estudio, los árboles urbanos «exhiben temperaturas más bajas que el tejido urbano en la mayoría de las ciudades europeas en verano y durante los extremos calurosos», comentan los autores en su estudio publicado en la revista Nature Communications.

Así, las áreas urbanas con árboles generalmente tienen temperaturas superficiales que son de dos a cuatro veces más bajas que áreas similares cercanas donde no hay presencia de árboles. En las áreas rurales no hubo tal diferencia, como era de esperar.

Plantar árboles para ayudar con el calentamiento global

La nueva investigación apoya la idea de que los árboles urbanos son buenos para las personas y el clima, poniendo sobre la mesa este efecto que refuerza el vínculo entre el entorno urbano y los árboles, gracias a la sombra proporcionada por los árboles que puede mantener fresco el suelo (y por ello reduciendo la temperatura de superficie), por lo que deberíamos considerar la plantación de árboles en las ciudades urbanas como herramienta efectiva para combatir el calentamiento global. Básicamente porque el calor extremo es un problema cada vez mayor en las ciudades, de Europa en este caso, pero también en otros lugares del mundo a medida que el planeta se calienta.

De cualquier forma, los investigadores señalan que los efectos de estos hallazgos varían en las diferentes regiones y las estrategias para controlar la temperatura de la superficie deben adaptarse a cada ubicación para obtener los resultados más efectivos.

Sea como fuere, este estudio nos hace ver un aspecto relativo a las ciudades que quizá no habíamos tenido en cuenta: los árboles no solo son importantes para las ciudades por su capacidad para absorber el carbono que emiten los edificios y los automóviles; también son esenciales por su relación simbiótica con las ciudades y las personas que vivimos en ellas.

https://www.elconfidencial.com/medioambiente/ciudad/2021-12-13/arboles-ciudades-islas-de-calor-temperatura_3338986/

LA DESPOBLACIÓN RURAL, UNA DE LAS CAUSAS

La exposición al calor urbano extremo se ha triplicado en 40 años

Un nuevo estudio ha analizado las causas, desde 1983, de que el sumatorio de las horas en las que cada habitante urbano está expuesto a las temperaturas peligrosas haya pasado de 40.000 millones a 119.000 millones en 2016

Ciudad de Milán durante una ola de calor en el mes de Agosto. Foto: EFE

Por Álvaro Hermida 07/10/2021 – 05:00

Que en las ciudades hace mucho más calor que en el campo no es ningún misterio. La vegetación y la naturaleza en general hacen más templadas las temperaturas que el asfalto y el cemento. Es por esto que los urbanistas más comprometidos con el medio ambiente ‘planean’ las ciudades para que estas contengan la mayor cantidad de vegetación posible.

A pesar de esto, según un nuevo estudio publicado por investigadores de la Columbia University en Estados Unidos, la exposición de los seres humanos que habitan ciudades alrededor del mundo al calor extremo se ha triplicado desde la década de 1980.

En 2016, la cantidad de días/persona de calor extremo se situó en 119.000 millones

Para llevar a cabo el estudio se han analizado los datos históricos de 13.000 ciudades alrededor del mundo, y dos factores parecen, según los investigadores, ser la clave: El aumento sin precedentes de la población y el aumento global de las temperaturas.

El estudio, publicado en ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’, analiza cómo un problema que nos es muy familiar a los españoles, el movimiento de población desde áreas rurales a las ciudades, Ha provocado que en las últimas décadas más de la mitad de la población mundial se concentre en las grandes urbes. En esos lugares las temperaturas son normalmente más altas que en el campo debido a la escasa vegetación, la abundancia del cemento y el asfalto y otras superficies impermeables que tienden a atrapar y a concentrar las altas temperaturas, provocando el efecto conocido como ‘islas de calor urbanas’.

Día de mucho calor en el Parque del Retiro en Madrid. Foto: EFE

El autor principal del estudio, Cascade Tuholske, explica que “estas zonas en las que se concentran las altas temperaturas y las grandes densidades de población aumentan la morbilidad y la mortalidad, dado que es capaz de exacerbar problemas de salud preexistentes”. Y continúa: “Además, tiene un importante impacto en la capacidad de la gente para trabajar, lo que a su vez tiene consecuencias económicas”.

Los investigadores utilizarán imágenes infrarrojas tomadas por satélite desde 1983 a 2016 en 13.115 ciudades alrededor del mundo. Definieron ‘calor extremo’ cómo es las temperaturas que superaban los 30 grados centígrados, que se considera el punto en el que a un individuo le es difícil funcionar con normalidad en el exterior durante largos periodos de tiempo.

Gráfico de las ciudades más afectadas. Tuholske et al., PNAS, 2021

El análisis reveló que el sumatorio de días de cada persona en los que estaban expuestos a estas altas temperaturas aumento de 40.000 millones al año en 1983 a 119.000 millones en 2016.

Pero el aumento de la población, explican los investigadores, no es la única causa de que se haya triplicado esta cifra. Según explican, muchas ciudades como BagdadEl CairoLagos Bombay, Más de la mitad del aumento de días de extremo calor a la crisis climática. De hecho descubrieron que un 17% de las ciudades estudiadas Había un mentado un mes entero los días de calor extremo durante los 34 años que se han estudiado.

¿Qué podemos hacer?

A pesar la importancia de que todos contribuyamos a la lucha contra el cambio climático reduciendo nuestra huella de carbono, las medidas de auténtico calado dependen de una evolución a nivel global dependiendo de países enteros. Lo que si está en nuestra mano es reducir la despoblación de las áreas rurales y, al mismo tiempo, añadir a nuestras ciudades elementos que ayuden a mitigar estas “islas de calor”.

Cómo explica Kristina Dahl, una investigadora climática de la Union of Concerned Scientists, “este estudio podría servir como un punto de partida para identificar las vías que tenemos para luchar contra los problemas locales de temperaturas, como plantar más árbolespintar las azoteas de los edificios con colores más luminosos que reflejen la luz o añadirles vegetación”.

https://www.elconfidencial.com/medioambiente/ciudad/2021-10-07/calor-extremo-ciudades-riesgos-salud_3302373/

Movilización contra la fragmentación

Movilización contra la fragmentación de proyectos de parques solares

La plataforma Aliente denuncia la argucia de promotores, como Repsol, para eludir la tramitación del Gobierno, más estricta, en favor de la autonómica

Daniel Barea   

PROVINCIA DE CÁDIZ

Publicado: 16/07/2021

Si la proliferación sin control de parques solares en el conjunto del territorio nacional ha hecho saltar las alarmas en el mundo rural y entre colectivos conservacionistas, la argucia que han encontrado los promotores para facilitar la tramitación en el ámbito autonómico ha llevado a organizar finalmente una respuesta coordinada para poner freno a un modelo energético “centralizado, invasivo y especulativo”.

La Alianza Energía y Territorio Aliente, integrada por más de 140 organizaciones, ha puesto en marcha una campaña en contra de la fragmentación de los megaproyectos, con un requerimiento dirigido a los gobiernos regionales a disposición de cualquier ciudadano para que se inhiban de tramitar dichos expedientes

Luis Bolonio, portavoz de la organización, explica que, “si la potencia de una planta supera los 50 megavatios, la competencia para su autorización corresponde al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico; si no los supera, la competencia para su tramitación es de la comunidad”, cuyos controles son menos estrictos. De manera que, “para acceder a la lluvia de licencias y subvenciones millonarias”, numerosas empresas están presentando subproyectos por debajo del límite para llevar a cabo el procedimiento con la administración autonómica y camuflar el impacto medioambiental, en lo que consideran un presunto fraude de ley.

Esta misma semana, Francisco C. Aleu advertía en las páginas de VIVA JEREZ que solo dos firmas, Repsol y Magtel, se reparten por igual dos tercios del negocio de las plantas fotovoltaicas que se están desarrollando actualmente en el municipio. Concretamente, citaba hasta tres sociedades propiedad de Magtel y con idéntico domicilio fiscal (Odin Solar, Hermod Solar o Loki Solar) con proyectos previstos para la localidad por debajo de los 50 megavatios. En el caso de Repsol, la compañía tramita, por medio de la filial Arco Energía 1 S. L, hasta cinco instalaciones, según la documentación facilitada por Mariano Maestu, representante de la Asociación Amigos de la Naturaleza (Analajanda).

Maestu explica que, en el conjunto de la provincia de Cádiz, hay muchos más ejemplos con empresas como Solar Century Holding España S. L, con cinco plantas entre San José del Valle y Jerez; o Abei Energy CSPV TWO S. L, con otras cinco entre Arcos y El Puerto de Santa María. En el caso de Alcalá de los Gazules, los proyectos Alamak y PSF Alya Solar, ambos de 49,93 megavatios inicialmente, están promovidos por Alamak solar S. L. y Alya Solar S. L, con el mismo domicilio fiscal; PSF Gazules I y PSF Gazules II, también rozando los 50 megavatios, están impulsados por Fotovoltaica S. L, y Gazules II Solar S. L, con idéntica dirección; y también teme que se haya troceado un proyecto de cien megavatios en dos con el nombre PSF OPD Gazules I y PSF OPD Gazules II.

El patrón se repite en el resto de provincias andaluzas. Especialmente, apunta Bolonio, en Málaga o Granada. Aunque Almería es una de las zonas más calientes por la incidencia mediambiental de los planes de las grandes empresas.

Francisco Valera, científico titular de la Estación Experimental de Zonas Áridas del CSIC, explica que “la notable riqueza de la flora y la fauna del Campo de Tabernas y su riqueza arqueológica” están amenazadas por la ocupación de placas en una extensión de hasta 2.700 hectáreas. “Es un cambio de uso del suelo brutal en muy poco tiempo -advierte- con serias consecuencias para el ecosistema”, que sufre desde hace unos años igualmente con la implantación de cultivos de regadío. Precisamente, se hacen necesarios cuantiosos recursos hídricos: por cada metro cuadrado de paneles fotovoltaicos es necesario gastar un litro de agua de buena calidad en su limpieza al menos tres veces al año; en Tabernas harán falta 80 millones de litros de agua al año.

Por otro lado, si bien el área afectada, poco productiva de llanura, con terrenos agrarios de baja productividad y zonas esteparias, podría ser considerada marginal, lo cierto es que “alberga valores naturales únicos, con comunidades de aves esteparias” exclusivas en Europa y el mundo que podrían verse mermadas a causa de los accidentes provocados por las instalaciones de las líneas de alta tensión o las corrientes cálidas generadas por las placas solares.

Además, los proyectos tienen un considerable impacto paisajístico, muy especialmente en el entorno del yacimiento arqueológico de Los Millares. Sin embargo, los estudios de impacto ambiental elaborados por la administración autonómica al respecto“son muy deficientes y demasiados sesgados”, lamenta. Y, al hilo, plantea que la Junta tampoco considera el efecto acumulado de cada proyecto entre sí y con los ya realizados.

En un reciente artículo, Valera apuntaba que “dada la cantidad de proyectos que pretenden desarrollarse en el Campo de Tabernas (y otras zonas peculiares de España), el problema al que nos enfrentamos se puede resumir entonces en la conocida frase la dosis hace el veneno”.  Y añade: “Queda preguntarse, ¿tienen los responsables de la ordenación del territorio una planificación previa? ¿Se tendrá en cuenta el espacio dedicado ya a cultivos y a otras infraestructuras? ¿Se ha previsto dejar algo de nuestro paisaje natural?”.

“No”, responde a todos estos interrogantes el portavoz de Aliente, razón por la que la entidad, adelanta Luis Bolonio, pedirá al Gobierno andaluz una moratoria. La plataforma la ha cursado ya en Castilla-La Mancha para “paralizar la autorización de mega parques fotovoltaicos (en un único proyecto o fragmentados) hasta que no dispongamos de un marco regulatorio global que redirija la transición energética y sus instalaciones, estudiando las medidas de reducción, localización, generación comunitaria e impactos ambientales y económicos”. Se trata, en definitiva de poner freno a una burbuja que “mantiene el actual monopolio de las grandes energéticas y grupos de inversión”, que favorece la especulación, tal y como advirtió la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, dado que “hay empresas que piden licencia sin intención de instalar nada”, y que todo el empleo que genera “se puede contar con los dedos de una mano”.

Frente a todo ello, propone la transposición de las directivas europeas de energía limpia, denominada Paquete de Invierno, que obligan a desarrollar un modelo energético que prime el ahorro y eficiencia energéticos y el autoconsumo, regulando la capacidad máxima de producción e incluyendo la integración de las energías renovables en la ordenación y planificación del territorio.

https://andaluciainformacion.es/andalucia/985873/movilizacion-contra-la-fragmentacion-de-proyectos-de-parques-solares/

Decálogo sobre energías renovables a gran escala

Decálogo sobre energías renovables a gran escala

Dirigido a ciudadanos preocupados y alcaldes bienintencionados pero desinformados

Francisco Valera Hernández

Luis Bolonio

3 de junio de 2021 20:38 h

La actual transición energética desde los combustibles fósiles a las energías renovables es fundamental en la lucha contra el cambio climático. La instalación de plantas de producción de energías “verdes”, como la eólica o la solar, es por tanto necesaria. Sin embargo, el desarrollo de estas energías en nuestro país está siendo tan rápido que el ciudadano medio carece de información básica que le permita evaluar las ventajas e inconvenientes de los distintos tipos de plantas. De forma similar, los ayuntamientos de las zonas afectadas (los primeros responsables de otorgar informes de compatibilidad a los proyectos presentados por las empresas) pueden tomar decisiones no adecuadamente estudiadas que pueden tener importantes consecuencias para los vecinos del municipio. Por ello, y de forma muy resumida, resaltamos aquí 10 puntos que consideramos de especial interés para ciudadanos y para alcaldes bien intencionados, pero posiblemente desinformados.

1.- Renovable, no significa necesariamente sinónimo de sostenible ni de “verde”. Las plantas de producción de energía renovable a gran escala tienen un gran impacto sobre la biodiversidad, el paisaje, y los recursos hídricos.

La comunidad científica española ha mostrado de forma clara y unánime su gran preocupación por cómo se está realizando la implantación de plantas eólicas y fotovoltaicas a gran escala, y ha alertado de que este proceso puede suponer una pérdida de biodiversidad irreversible con unas consecuencias impredecibles. Lamentablemente, esta clara advertencia no ha sido escuchada por las autoridades ambientales ni a nivel estatal ni autonómico. Estas grandes instalaciones introducen gran cantidad de elementos antrópicos en una matriz con alto grado de naturalidad. De hecho, la mayoría de ellas se localizan en terrenos no urbanizables, convirtiendo los paisajes naturales en polígonos industriales. A mayor tamaño y mayor número de plantas, más difícil es implementar medidas correctoras y, por tanto, más impacto.

Respecto al consumo de agua, se estima que las plantas fotovoltaicas pierden en torno a un 5% de producción cada 3 meses por culpa de la suciedad, el polvo… Por cada metro cuadrado de paneles fotovoltaicos es necesario gastar un litro de agua de buena calidad en su limpieza, al menos 3 veces al año. Por ejemplo, para las 2700 hectáreas actualmente proyectadas en el Campo de Tabernas (Almería), serían necesarios 80 millones de litros de agua al año. Con las previsiones del Plan Nacional de Energía y Clima (PNIEC) para 2030, estaríamos hablando de 2 billones de litros de agua al año en toda España.

2.- El procedimiento de Estudio y Evaluación Ambiental no garantiza la independencia de los consultores ni la eficacia y rigor de la supervisión de las administraciones participantes.

El proceso administrativo para la instalación de plantas de energías renovables requiere la realización de un Estudio de Impacto Ambiental (EsIA). Desgraciadamente, éstos suelen ser muy deficientes en algunos aspectos y a menudo omiten información importante, tal y como ha señalado entre otros, el colectivo científico antes mencionado. Por ejemplo, ninguno de los proyectos presentados en el Campo de Tabernas informa del origen del agua para limpiar los paneles fotovoltaicos, algo fundamental para que las plantas sean productivas. Desafortunadamente, tampoco se puede asegurar una evaluación adecuada de estos estudios por parte de las administraciones ambientales autonómicas y estatal, ya sea por saturación de trabajo (cientos de proyectos presentados) o por presiones políticas y económicas. Buen ejemplo de esto último es la retirada por parte de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía de una guía para el análisis de la ubicación de estas grandes instalaciones de energías renovables. Esta guía pretendía poner cierto orden en la implantación, pero tras presiones de la patronal andaluza de energía fotovoltaica ha sido retirada.

3.- Colonialismo energético: los riesgos del sobredimensionamiento y concentración de proyectos energéticos en un mismo territorio.

Uno de los aspectos peor abordados por los EsIA es la evaluación de los impactos acumulativos y sinérgicos de las sucesivas plantas. Éstas suelen concentrarse en ciertas zonas en función de la existencia de subestaciones eléctricas, relieves llanos, tierras baratas… Al impacto de cada planta construida en una zona ha de sumarse el de las plantas vecinas. Pero, además, el impacto final puede ser mayor (y a menudo lo es) que la suma de los impactos individuales de cada planta. Son muy pocas las empresas que presentan estudios adecuados de los impactos sinérgicos, con lo que no se informa de las consecuencias reales de la concentración de plantas. Toda esta falta de rigor en la evaluación de impactos sinérgicos incumple la Ley 21/2013 de Evaluación Ambiental (Artículo 35, punto 1c).

Como ejemplo de desmesura de la acumulación de proyectos en un solo territorio pongamos el Campo de Tabernas. El PNIEC tiene como objetivos instalar en España 39 GW de energía fotovoltaica hasta 2030, de los cuales 9 GW ya están instalados, y otros 10 GW se instalarán en autoconsumo. Por lo tanto, quedan 20 GW de fotovoltaica a gran escala. En el Campos de Tabernas están ya planeados 1084 MW, lo que supone que el 5,42% de la potencia fotovoltaica de toda España se instalará en esta comarca, que alberga el 0,01% de la población española y un 0,13% de la superficie del país. La energía renovable a gran escala se convierte así en una nueva forma de colonialismo energético que aprovecha las debilidades de aquellos territorios rurales, periféricos, menos poblados y con mayor vulnerabilidad socioeconómica, y los somete a un modelo extractivista que los reduce al papel de producir bienes y servicios baratos (energía) para los grandes centros de consumo urbanos, sufriendo las consecuencias e impactos sociales, económicos y ambientales que de ello se derivan.

4.- El fraccionamiento de proyectos, presunto fraude de Ley.

La Ley del Sector Eléctrico, en su artículo 3 establece que las instalaciones de más de 50 MW deben ser evaluadas y autorizadas por el Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico (MITERD) y no por las Comunidades Autónomas. La fragmentación de proyectos es práctica habitual de muchas empresas para eludir la tramitación de permisos por parte del Ministerio, en principio más estricto que las autoridades ambientales autonómicas. Por lo tanto, esta fragmentación intencionada puede suponer un evidente fraude de Ley y expone estos proyectos a denuncias, con lo que puede que nunca sean terminados.

5.- Las grandes plantas fotovoltaicas no son una gran fuente de puestos de trabajo.

Como señala el Director General de la Unión Española Fotovoltaica: “Es una actividad muy intensiva en mano de obra durante el proceso de construcción, pero genera poco empleo en operativa, mantenimiento y seguridad. Nunca vamos a ser una gran fuente de generación de empleo directo, y quien diga lo contrario miente, por lo que el impacto viene por otro lado”.

De hecho, las plantas fotovoltaicas de menos de 10 MW son las que más trabajo producen tanto durante la fase de construcción como de operatividad y mantenimiento. A este respecto la Asociación Nacional de Productores Fotovoltaicos (ANPIER) cree esencial considerar la dimensión óptima de las instalaciones fotovoltaicas en cuanto a generación de empleo y beneficios para las economías locales. Por ejemplo, la instalación de los 20 GW previstos por el PNIEC mediante parques de menos de 5 MW, generaría 820.000 empleos en los dos años de construcción y 20.800 empleos fijos en operación y mantenimiento en los 30 años de vida útil de las instalaciones. En cambio, las plantas fotovoltaicas a gran escala que se están implantando actualmente generarán unos 120.000 puestos de trabajo en la construcción, empleo coyuntural durante dos años, y 2.600 puestos de trabajo fijos en la operación y el mantenimiento.

Así mismo, ya existen investigaciones universitarias que demuestran que, a largo plazo, las grandes instalaciones de plantas de energía no han creado empleo ni fijado población allí donde se han instalado.

6.- Los proyectos de renovables a gran escala y los tendidos eléctricos favorecen el despoblamiento, hacen que disminuya el valor inmobiliario de viviendas y fincas y perjudican las actividades económicas locales.

El crecimiento descontrolado de plantas fotovoltaicas supone, de facto, la pérdida de suelo agrícola y de actividades económicas que producen riqueza a nivel local. Las consecuencias sociales y económicas de la instalación masiva de grandes plantas son, entre otras: la dificultad de arrendamientos o trasmisiones de parcelas agrícolas para su cultivo, la dificultad de incorporación de jóvenes agricultores por el motivo anterior, el incremento de los precios de las tierras agrícolas, la destrucción del paisaje y las posibilidades de un turismo sostenible asociado a la actividad agraria. Por otro lado, quienes perciban rentas por el arrendamiento de parcelas para generación de energía solar, no van a trabajar la tierra ni tienen por qué vivir en el territorio y los vecinos que no alquilen sus tierras se verán rodeados por grandes extensiones de placas, viendo reducida su calidad de vida y provocando el éxodo hacia otros lugares.

Estudios de la Universidad de Granada indican que estas grandes infraestructuras energéticas disminuirían en un 34,7% el valor de las viviendas y afectarían muy negativamente al turismo rural. Todo ello agravará aún más la despoblación de las zonas rurales.

7.- Las grandes plantas de energías renovables no redundan en la economía local.

ANPIER indica que, en función de la tipología de parque, los ingresos por la actividad serían para grandes fondos de inversión, que suelen tener la propiedad de las mega-instalaciones, mientras que las Pymes y autónomos locales se beneficiarían si se tratara de plantas pequeñas, accesibles para este tipo de empresas locales. La apuesta en España por las grandes plantas fotovoltaicas contrasta con la realizada en el resto de Europa, donde asistimos a una revolución fotovoltaica mejor dimensionada, distribuida en pequeñas y medianas potencias, que se integran mejor en los entornos rurales y están en propiedad de iniciativas locales. Los grandes proyectos bloquean el acceso a las iniciativas fotovoltaicas locales, de tal manera que buena parte del patrimonio solar de nuestro país se aprovechará por entidades foráneas sin dejar riqueza ni empleo en nuestros municipios.

8.- El riesgo de apostarlo todo a las renovables a gran escala: la inversión en el actual modelo especulativo puede acabar en fracaso.

La implantación de las renovables a gran escala enmarcada en la burbuja especulativa actual hace que hipotecar territorios y grandes porcentajes de algunos municipios a esta actividad, perjudicando al resto de actividades económicas y posibilidades de futuro, sea un gran riesgo cuando la burbuja estalle y las empresas promotoras se arruinen, se acojan a concursos de acreedores y dejen de pagar rentas a los particulares e impuestos municipales. Respecto a la energía fotovoltaica ya existen casos de este tipo en Extremadura y Castilla-La Mancha, a pesar de que la implantación de este tipo de plantas es muy reciente.

Las recientes dudas del mercado sobre las renovables y los malos resultados en la salida a Bolsa de algunas empresas indican que los valores de estas compañías están sobrevalorados y auguran un próximo estallido que puede suponer un gran fiasco para los municipios que hayan hipotecado su territorio en esta apuesta por las renovables a gran escala.

9.- Los ayuntamientos tiene mucho que decir y decidir sobre la implantación de estos proyectos en su territorio.

Si bien los ayuntamientos no son el órgano sustantivo (el que decide la viabilidad de los proyectos), sí tienen herramientas a su alcance para poder ordenar de manera adecuada el desarrollo renovable en sus municipios. Aunque las leyes de ordenación urbana prevén la instalación de este tipo de proyectos en suelo no urbanizable, los ayuntamientos pueden establecer suspensiones temporales sobre estos proyectos para realizar estudios de ordenación que permitan una implantación armónica de estas plantas. También pueden emitir informes de incompatibilidad urbanística. De hecho, es cada vez más frecuente que los alcaldes de distintas localidades aúnen fuerzas para «defenderse ante una posible implantación masiva» de huertos solares.

10.- Beneficios económicos

Un Ayuntamiento recibirá de media unos 10.000 euros por MW y año. Para la mayoría de los municipios unas pocas plantas de pequeño tamaño serían suficientes para sanear sus cuentas y poder ofrecer servicios a los vecinos, generando más empleo y beneficios económicos de manera local sin hipotecar su paisaje y biodiversidad por varias decenas de años, y sin correr el riesgo de apostar todo el futuro del municipio a un negocio especulativo que, en caso de ruina de los promotores, supondrá que esa hipoteca será a cambio de nada.

En definitiva, podemos concluir que a mayor tamaño y concentración de plantas de energías renovables, mayor impacto en la biodiversidad y en el paisaje, menores garantías de una adecuada evaluación ambiental de los proyectos, menos trabajo y oportunidades para los residentes y economía local, más despoblamiento y más riesgos por apostar a todo a un solo recurso, que además es fruto de una especulación desmesurada de grandes fondos de inversión que aprovechan las debilidades de nuestras administraciones y la falta de información del ciudadano. Todo esto provocará que el patrimonio solar de nuestro país sea aprovechado por empresas foráneas sin dejar empleo ni riqueza en nuestros municipios.

Obviamente, ciudadanos y sus representantes pueden no estar de acuerdo en las ventajas e inconvenientes de un proyecto dado. Conviene saber que cualquier residente en la zona afectada puede tener acceso a la información sobre el proyecto en los boletines oficiales de la Comunidad Autónoma o del Estado, dependiendo del proyecto. Los Ayuntamientos deberían facilitar esta información a los vecinos interesados. Y si se puede acreditar que se es parte interesada, los vecinos pueden realizar alegaciones. A este respecto, la Alianza Energía y Territorio (ALIENTE) ha elaborado un protocolo de actuación administrativo que puede ser de gran utilidad para la ciudadanía y corporaciones locales.

Esperamos que con esta información ciudadanos y regidores puedan evaluar más precisamente las ventajas e inconvenientes de la instalación de plantas de energías renovables a gran escala en sus territorios.

https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/decalogo-energias-renovables-gran-escala_132_7990611.html

Tenemos que armarnos de ‘razones’ para proteger la biodiversidad

Tenemos que armarnos de ‘razones’ para proteger la biodiversidad

* Por nuestras acciones, el planeta está perdiendo especies, su biodiversidad, a un ritmo alarmante, que se cree que es comparable solo con la quinta extinción masiva hace 65 millones de años.

martes 25 mayo 2021

* El planeta está al borde del colapso. La sexta extinción masiva se acelera.

* Solo el 15% de los bosques del mundo permanecen intactos y solo el 3% de los océanos del mundo están libres de presiones humanas.

Pero ¿qué es la biodiversidad y por qué es importante?

La biodiversidad se construye a partir de tres hilos entrelazados: diversidad de ecosistemas, diversidad de especies y diversidad genética. En pocas palabras, cuanto más diversos son estos sistemas naturales entrelazados, más resistentes son a las perturbaciones. Las relaciones entre todas las plantas y animales crean la famosa “red de la vida”, que puede verse como una red de seguridad que ayuda a garantizar la supervivencia y el bienestar de todos los seres vivos de este planeta, incluidos los humanos.

Cuando hay equilibrio, todas estas cosas funcionan juntas para limpiar el agua, purificar el aire, mantener nuestro suelo, regular el clima, detener los brotes de enfermedades, reciclar los nutrientes y proporcionarnos alimentos. Pero cada vez que una especie desaparece, es como si se cortara un hilo en la red, dejando agujeros en la red de seguridad del planeta y cambiando los sistemas finamente equilibrados.

Por ejemplo, los corales crean un hábitat para tantas especies marinas y, si desaparecen, todo el ecosistema puede colapsar con una mortalidad de especies asociada a esos arrecifes. Y eso es exactamente lo que está sucediendo en la Gran Barrera de Coral de Australia, uno de los ecosistemas de arrecifes más diversos del mundo, que ha perdido más de la mitad de su población de coral desde 1995 debido a eventos de blanqueamiento masivo de corales y está muriendo ante nuestros ojos.

Así que aquí van 5 razones de por qué la biodiversidad sustenta el planeta:

– La naturaleza nos da lo que necesitamos. La comida, el aire limpio y el agua son los cimientos de la vida y la biodiversidad de la Tierra ha proporcionado a las civilizaciones lo esencial que necesitamos para sobrevivir en este planeta.

– La naturaleza nos protege. Algunas de las funciones más importantes de la biodiversidad son defensivas. Nuestros ecosistemas ayudan a regular nuestro clima y nos resguardan contra brotes de enfermedades como Covid-19. Es posible que ya sepas que los bosques son importantes sumideros de carbono y esenciales para combatir la crisis climática, pero los océanos también juegan un papel importante.

– La naturaleza hace que las cosas fluyan. El nitrógeno y el fósforo son los dos nutrientes biológicos primarios que necesita toda la vida en la tierra y que circula por los ecosistemas. La actividad humana ha perturbado tan profundamente los ciclos naturales de nutrientes de la Tierra que hemos degradado suelos y creado zonas muertas, especialmente acuáticas.

– La naturaleza nutre nuestro ser. Como bien saben muchos pueblos indígenas, somos parte de la naturaleza, no estamos separados de ella. Los beneficios psicológicos de la naturaleza están ampliamente documentados.

– La naturaleza podría resolver futuros problemas. El conocimiento científico sigue creciendo y evolucionando y es de sobra conocido como la biodiversidad ha ayudado y continúa ayudando en importantes avances médicos.

Entonces ¿cómo podemos salvar la naturaleza y a nosotros mismos?

Los gobiernos deben dejar de dar prioridad a las ganancias de las empresas y repensar la forma en que producimos y consumimos alimentos y otros bienes para aliviar las presiones sobre la naturaleza. Nuestro bienestar de ser el centro de las decisiones de inversión y políticas. Los gobiernos deben restablecer el equilibrio de poder y escuchar a los custodios indígenas de las tierras y los océanos. Trabajar en asociación con personas que están conectadas con la naturaleza y dependen de ella es la forma más segura de proteger los lugares salvajes.

Importantes acuerdos internacionales como el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB), que celebra su reunión COP15 en Kunming (China) este año, son una oportunidad para que los gobiernos forjen una nueva relación con la naturaleza. Si protegemos la naturaleza, podemos desarrollar la resiliencia para combatir las crisis climáticas y las epidemias futuras, y ayudar a proteger a las personas y al planeta. Este año, desde Greenpeace pedimos a los gobiernos que acuerden un plan de recuperación ambicioso e implementable para la naturaleza. 

Estamos pidiendo un compromiso con objetivos audaces que protejan al menos el 30% de nuestras tierras y océanos para 2030, con un plan claro sobre cómo llegar allí en asociación con las comunidades locales e indígenas, y fondos y recursos suficientes para que esto suceda. No podemos arriesgarnos a destruir la red de vida que nos sostiene. Somos parte de la naturaleza, y si desaparece, nuestro futuro desaparecerá con ella. Proteger la biodiversidad es una forma de protegernos.

https://www.ecoticias.com/naturaleza/209961/armarnos-razones-proteger-biodiversidad

El 70% de los últimos brotes epidémicos…

CRISIS DEL CORONAVIRUS

“El 70% de los últimos brotes epidémicos han comenzado con la deforestación”

María Neira, directora de Salud Pública y Medio Ambiente de la OMS, explica cómo los virus del ébola, el SARS o el VIH han saltado de los animales a los humanos después de la destrucción masiva de selvas y bosques tropicales

María Neira, directora de Salud Pública y Medio Ambiente de la OMS, en un acto en Estambul (Turquía).ABDULLAH COSKUN (GETTY IMAGES)

JUAN MIGUEL HERNÁNDEZ BONILLA

06 FEB 2021 – 08:58 CET

La médica española María Neira, directora de Salud Pública y Medio Ambiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), afirma que la pandemia del coronavirus es una prueba más de la peligrosa relación entre los virus y las presiones del ser humano al medio ambiente. Desde su oficina en Ginebra, Suiza, Neira explica cómo los virus del ébola, el SARS o el VIH/sida han saltado de los animales a los humanos después de la destrucción de selvas y bosques …

PARA SEGUIR LEYENDO

https://elpais.com/ciencia/2021-02-05/el-70-de-los-ultimos-brotes-epidemicos-han-comenzado-con-la-deforestacion.html

Investigadores españoles alertan del impacto

Investigadores españoles alertan del impacto del ‘boom’ de las renovables en aves y murciélagos

23 científicos del CSIC advierten en una carta en ‘Science’ de la pérdida de biodiversidad asociada a la construcción de megainstalaciones fotovoltaicas y eólicas

Una planta solar en España. PABLO BLAZQUEZ DOMINGUEZ / GETTY

ESTHER SÁNCHEZ    Madrid – 10 DEC 2020  – 20:46 CET

La carrera por alcanzar los 89 gigavatios de energía fotovoltaica y eólica —ya hay 36 instalados— que necesita España para cumplir con el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) puede provocar daños irreversibles en la biodiversidad, advierten 23 científicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y de varias universidades. Los autores del escrito, publicado en la revista Science, están a favor de ese tipo de energía, pero sostienen que los nuevos proyectos afectarán a “cientos de miles de hectáreas y no hay forma de compensar la enorme cantidad de hábitats valiosos que podrían perderse”. Para minimizar el impacto de la transición energética sobre valores naturales amenazados, consideran necesaria una mayor planificación, así como políticas que apuesten por la eficiencia, el autoconsumo y el ahorro energético.

Entre los efectos adversos, los científicos destacan los proyectos fotovoltaicos que ocupan zonas llanas y pueden comprometer la viabilidad de poblaciones de aves esteparias, que están gravemente amenazadas en España. Especies como el sisón, las gangas, la alondra ricotí, el aguilucho cenizo o el cernícalo primilla han sufrido un declive en los últimos 15 años de entre el 20% y el 50%. Además, sus poblaciones se encuentran en áreas no amparadas por la Red Natura 2000, “por lo que no existen herramientas legales para blindarlas frente al avance de proyectos macroenergéticos”, denuncian.

Como ejemplo del impacto que ya producen en la biodiversidad algunas de estas instalaciones, el comunicado se refiere a la importante mortandad de grandes aves, sobre todo buitres, o murciélagos al chocar con las 20.000 turbinas de energía eólica en funcionamiento en España. “Como mínimo” se estima que mueren al año 200.000 ejemplares de murciélagos y alrededor de un millar de buitres leonados por esta causa. Estas bajas provocan consecuencias demográficas en algunas poblaciones amenazadas, como ocurre con los alimoches que se topan con los aerogeneradores en Andalucía, donde la población está catalogada con la máxima figura de protección. Una situación a la que se suma que cuando se detectan puntos críticos de afección a aves “prácticamente nunca se detienen las turbinas para disminuir las muertes”, explica a EL PAÍS David Serrano, científico del CSIC en la Estación Biológica de Doñana y primer autor de la carta.

Las empresas optan por los “suelos más baratos” para levantar las infraestructuras, continúa Serrano. Se decantan por terrenos marginales, pero de alto valor ecológico como tierras de cultivo de cereales o áreas de media montaña, ecosistemas donde viven aves esteparias y rapaces, “que tienen en España sus mayores poblaciones europeas o, incluso, mundiales”. “Yo también elegiría lo más económico, porque es más rentable, pero es la Administración la que debe velar por evitar que se instalen en determinadas zonas, y no siempre lo hace”, añade.

Los investigadores no tienen ninguna duda de que las energías renovables son necesarias, pero también de que su coexistencia con la biodiversidad requiere una planificación ambiciosa y buenas prácticas en los procesos de evaluación ambiental. Motivo por el que España “debería adoptar un enfoque más cauteloso para prevenir un escenario en el que los objetivos energéticos se cumplan a expensas de la biodiversidad”. Consideran que la solución pasa por la elección de ubicaciones adecuadas. “Se deberían construir el mínimo de plantas posibles en el campo y buscando terrenos que no tuvieran un alto valor ecológico, además de apostar por el autoconsumo aprovechando las cubiertas de los edificios de polígonos industriales, empresas, barrios…”, aclara el científico. Otro de los problemas se debe a que en muchas ocasiones la información de campo no está actualizada ni disponible, de tal forma que se autorizan “proyectos en áreas con especies mal protegidas porque los catálogos regionales o estatales de fauna y flora no están al día y no recogen el estado real de determinadas poblaciones”.

La carta concreta, además, que los estudios de impacto ambiental de estas infraestructuras son “financiados por empresas de energía, a menudo con poca supervisión por parte de los Gobiernos, lo que excluye la independencia”. Serrano considera que el problema central es la urgencia que tiene España para el cumplimiento de los objetivos, que ha desembocado en un proceso acelerado y desordenado que desborda a técnicos y a la Administración, a pesar de los esfuerzos del Gobierno para evitar una burbuja especulativa en el mercado secundario. De momento, existen permisos de acceso a la red eléctrica para proyectos que representan 121 gigavatios, que se sumarán a los 36 ya instalados, según la información de Red Eléctrica de España. “Esto implica que casi se duplican los objetivos del borrador PNIEC para 2021-2030”, puntualiza Serrano.

https://elpais.com/clima-y-medio-ambiente/2020-12-10/investigadores-espanoles-alertan-del-impacto-del-boom-de-las-renovables-en-aves-y-murcielagos.html

Invasión en el golfo de Cádiz

Una planta americana, cuya proliferación en España coincide con la construcción de la base naval de Rota, altera el sistema dunar de la costa atlántica

RAÚL LIMÓN – 28 OCT 2020 – 00:30 CET

Zona de la Costa de la Luz invadida por la ‘Oenothera drummondii’.J. B. GALLEGO-FERNÁNDEZ

Cuando la base naval de Rota comenzó a convertirse en una de las principales instalaciones militares del Sur de Europa, fruto del Pacto de Madrid, firmado por los Gobiernos del dictador Francisco Franco y de Estados Unidos en 1953, se registró también la llegada a la zona de una rastrera indeseada de pálidas hojas verdes grisáceas y flores amarillas: la Oenothera drummondii. Esta planta, propia de la costa norteamericana y climas tropicales, gracias a una extraordinaria capacidad de adaptación y con la sorpresiva ayuda de liebres y conejos, que hacen de inesperados sembradores, ha colonizado el litoral atlántico, especialmente el golfo de Cádiz y zonas del País Vasco, hasta el punto de alterar el sistema dunar y el ecosistema que de él depende. “Es un problema grave y hay que actuar ya”, afirma Juan Bautista Gallego-Fernández, investigador del grupo de Ecología Funcional de Ecosistemas Terrestres y Acuáticos de la Universidad de Sevilla.

El origen de la invasión no se conoce con precisión, pero la hipótesis de que llegara con la flota americana a Rota se fundamenta en que, en Australia, donde también es invasora, al igual que en Sudáfrica, China e Israel, su colonización coincidió con la actividad de buques carboneros norteamericanos que soltaban su lastre en esa costa.

Hace 25 años, una compañera de Gallego-Fernández le mostró un ejemplar de esta planta, que entonces era aún minoritaria. La especie llamó la atención del investigador y, finalmente, emprendió un estudio con la colaboración del instituto mexicano de ecología Inecol y de la Universidad Nacional Autónoma de México, que ha culminado el pasado año y se ha publicado en Plant Physiology and Biocheistry, según ha difundido la Universidad de Sevilla y la Fundación Descubre. La conclusión es que esta planta, singular hace unas décadas, ha llegado a invadir el este y el sureste del golfo de Cádiz, con especial presencia en las costas gaditanas de Chiclana y Chipiona así como en el litoral de Huelva. En esta última provincia, en la zona del Espigón Juan Carlos I, se han llegado a observar más de tres millones de ejemplares.

En la zona del Espigón Juan Carlos I de Huelva se han llegado a observar más de tres millones de ejemplares

La invasión de la Oenothera drummondii cuenta con armas eficientes. Pese a ser propia de climas húmedos tropicales, se ha adaptado bien a la sequía del sur de España con estrategias como aprovechar las escasas precipitaciones y altos niveles de radiación solar mejor que algunas plantas autóctonas, como la Achillea marítima,perder las hojas durante el verano para recuperarlas en otoño, disponer de un 0,6% de semillas capaces de sobrevivir flotando en el agua del mar hasta que el viento y las mareas las arrastran a la arena o una alta capacidad de fotosíntesis, entre otras habilidades.

‘Oenothera drummondii’J. B. G-F

Pero la más singular de las tácticas invasoras ha sido inesperada y la ha encontrado en animales locales. La planta, que tiene por sí una capacidad de extensión limitada, sirve de alimento a conejos y liebres, que ingieren las semillas y las defecan en condiciones óptimas para su reproducción. Entre el 63% y el 73% de estos frutos excretados pueden germinar. Esta colaboración ha facilitado la conquista.

“La planta ha ocupado el espacio de otras nativas y ha alterado la diversidad, reduciendo el número de especies singulares y facilitando la presencia de otras vulgares”, explica Gallego-Fernández, que añade que la proliferación de la Oenothera drummondii también modifica los microorganismos del suelo y termina afectando no solo a la cubierta vegetal sino también a la fauna y flora propia de los frágiles ecosistemas dunares españoles.

Carrizos autóctonos en las dunas a las puertas de Doñana.

Por si fuera poco, allí donde llega, esta planta invasora ocupa la mayor parte del espacio de la zona de la duna con cubierta vegetal y, al ser rastrera, altera los movimientos naturales que origina el viento sobre la arena. La especie autóctona Ammophila arenaria o carrizo crece en terrenos arenosos gracias a un sistema de raíz muy profundo que ayuda a fijar las dunas litorales, que crecen en altura por la presencia de este obstáculo. Lo mismo sucede con la Otanthus maritimus, una planta rizomatosa con tallos que alcanzan hasta medio metro de altura.

Las investigaciones de Gallego-Fernández demostraron que la presencia de estas plantas propias del Atlántico europeo se reduce significativamente ante la invasión de la Oenothera drummondii y queotras especies nativas son eliminadas. Sin estos ejemplares propios, las dunas pierden altura y se convierten en suaves montículos arenosos, desprotegiendo así las áreas situadas detrás y, según explica el científico, “reduciendo un tipo de hábitat exclusivo para especies nativas muy abundantes y con un papel muy relevante en la dinámica sedimentaria”.

Localizaciones de la ‘Oenothera drummondii’ en España. Las fechas hacen referencia al primer registro en esa ubicación. El área de la primera introducción de la especie en el golfo de Cádiz aparece marcada con un óvalo gris. Los círculos grises identifican las poblaciones registradas, mientras que los círculos negros indican las poblaciones de las que se recogieron muestras, frutos o restos fecales con semillas.

“El cambio en la estructura y composición de la comunidad podría tener un efecto dominó en la biodiversidad de las dunas costeras y debe ser cuidadosamente monitoreado y mitigado”, concluye el investigador de la Universidad de Sevilla.

Consumada la invasión, Gallego-Fernández cree que es el momento de organizar las defensas. “No se puede perder de vista a esta planta”, advierte. Para controlar su expansión propone establecer un sistema de alerta y contener dónde está. La vigilancia del personal del Parque Nacional de Doñana, con una franja litoral situada justo entre las zonas ya colonizadas, ha permitido erradicarla en los pocos lugares donde fue localizada. Además, sugiere la introducción de especies de plantas leñosas propias que resistan y limiten la expansión de la planta americana.

De los 7.880 kilómetros de costa de España, según una publicación del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, un 45% cuenta con sistemas dunares. A la presencia de plantas invasoras hay que añadir amenazas que ya vienen sufriendo, como las extracciones de arenas y agua freática, los usos agrícolas, ganaderos y forestales, las urbanizaciones y obras y las actividades recreativas no autorizadas.

Según una investigación publicada en Ibis por Miguel Ángel Gómez-Serrano, del departamento de Microbiología y Ecología de la Universidad de Valencia, la presencia de personas, y en especial cuando van acompañadas de perros, tiene un fuerte impacto en la fauna de las dunas. El estudio detecta que los caminantes, al cruzar la playa a través de estas zonas, asustan al 47% de las aves que están incubando en el área, mientras que solo ahuyentan al 13% cuando lo hacen en los caminos autorizados. Cuando van acompañados de sus mascotas, el comportamiento de las aves cambia drásticamente y el 94% huye.

https://elpais.com/ciencia/2020-10-27/invasion-en-el-golfo-de-cadiz.html

Biodiversidad, ¿la gran perdedora de la transición energética?

Biodiversidad, ¿la gran perdedora de la transición energética?

  • El lector puede preguntarse si la urgencia de luchar contra el cambio climático no merece sacrificar biodiversidad para evitar un desastre mayor. El dilema no es renovables sí o no. La cuestión es cómo, cuánto y dónde

Luis Bolonio

22 de octubre de 2020 06:30h

El Gobierno de España ha presentado varias propuestas para luchar contra el cambio climático, entre las que cabe destacar el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) que recoge actuaciones previstas hasta 2030. Esta actitud proactiva es inédita y sin duda loable. Sin embargo, la lucha contra el cambio climático no puede basarse sólo en conseguir que el 100% de la electricidad provenga de energías renovables, como explica la Plataforma ciudadana para una Transición Ecológica Justa. Dicho propósito es insuficiente para conseguir la descarbonización y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en la medida necesaria para cumplir con el Acuerdo de París y con las recomendaciones que marca el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).

Observamos además con preocupación que no se están considerando de manera adecuada los impactos negativos e irreversibles que el desarrollo masivo y no planificado de centrales de energía renovable a gran escala puede provocar sobre la biodiversidad. Por ello, la citada Plataforma ha lanzado una propuesta que identifica puntos que necesitan mejoras evidentes para garantizar la conservación de la biodiversidad durante el desarrollo de la necesaria transición energética a las energías renovables.

La ciencia demuestra que los parques eólicos y las centrales solares pueden producir un impacto severo sobre la biodiversidad por mortalidad directa y por ocupación y destrucción de hábitats de alto valor ecológico. Existen ejemplos muy contundentes en España, principalmente en aves y quirópteros y la evidencia actual sólo es la punta del iceberg de lo que puede suceder con el inminente desarrollo masivo y desordenado de proyectos de energía renovable a gran escala.

Consideramos masivo tal desarrollo porque supone un exceso desorbitado de oferta. En 2019 el pico de demanda eléctrica, el momento de mayor consumo, fue de 40 GW, siendo un 11% menor al máximo histórico registrado en 2007. A fecha de 31 de agosto de 2020, según datos de Red Eléctrica Española, la potencia instalada de energía eólica y solar fotovoltaica ascendía a 35,4 GW. Además ya se ha concedido derecho de conexión a 130 GW nuevos, y otros 60 GW más se encuentran a la espera de dicho derecho. El PNIEC tiene como objetivo que en 2030 haya instalados 87 GW. Es decir, sólo en 2021 ya tendremos dos veces y media más GW que los objetivos marcados por el Gobierno. Si traducimos de forma aproximada dichos GW a hectáreas, nos encontramos con que las centrales de renovables ocuparán al menos 425.000 hectáreas, frente a las alrededor de 87.000 hectáreas que preveía el PNIEC. Por lo tanto, sólo con esos proyectos se ocupará casi 5 veces más territorio de lo que se había previsto y evaluado. Todo ello está enmarcado en una gran burbuja especulativa, que el Real Decreto 23/2020 del 23 de junio de 2020 pretende frenar, pero que no parece conseguir al no poner coto a la compra-venta de proyectos.

El PNIEC reconoce en su Estudio de Impacto Ambiental Estratégico los potenciales efectos negativos sobre la biodiversidad del desarrollo de las energías renovables. No obstante, las soluciones que propone para evitar el daño (evaluación rigurosa de los proyectos dentro de la Red Natura 2000, las Estrategias de Conservación y Gestión de Especies Amenazas, los Estudios de Impacto Ambiental y las medidas compensatorias y de restauración) son absolutamente insuficientes.

La carencia más importante del PNIEC y su Estudio Ambiental Estratégico (EAE) es la ausencia de una planificación general, indispensable para evaluar y paliar el impacto del desarrollo masivo de energías renovables sobre la biodiversidad. El PNIEC no concreta áreas de alto valor ecológico que deban ser excluidas del desarrollo de centrales de energía renovable a gran escala. Existe el agravante de que gran parte de la información disponible sobre la distribución y situación poblacional de muchas especies de fauna y flora silvestre está desactualizada debido al desplome en la financiación de los programas de seguimiento en los últimos años, tanto a nivel autonómico como nacional. En estrecha relación con esto se encuentra el hecho de que el diseño de la Red Natura 2000 actual es claramente escaso para garantizar la conservación de los valores naturales para los que fue planteada, principalmente por dos motivos. En primer lugar, la planificación se hizo en muchos casos sin disponer de la información necesaria para realizar un diseño adecuado. En segundo lugar, la distribución y abundancia de los seres vivos es un proceso dinámico en el tiempo, especialmente bajo el marco del cambio global al que nos enfrentamos. Esto ha provocado que actualmente existan áreas críticas para la conservación de diversas especies que no cuentan con ninguna figura de protección. Todos estos problemas podrían en cierta medida verse contrarrestados por los planes de manejo de especies amenazadas catalogadas. Desafortunadamente, en la actualidad existen estrategias de conservación y gestión para sólo el 5% de ellas pese a que dichas estrategias son legalmente obligatorias. Asimismo, los catálogos nacionales y autonómicos de especies amenazadas han quedado en muchos casos obsoletos. Por ejemplo, gran parte de las aves ligadas a estepas naturales o cereales de secano en extensivo, uno de nuestros grupos faunísticos más singulares en el contexto europeo y principales afectadas por las plantas solares, no cuentan con categorías de protección que hagan justicia a la dramática situación que atraviesan. En el caso de otras aves y muchos murciélagos es necesario recabar criterio experto y elevar la categoría, tal y como proponen los especialistas. Urge acelerar estos procesos de modo que las especies cuenten con un nivel de protección legal y unas estrategias de gestión y conservación coherentes con su grado de amenaza.

En lo referente a los Estudios de Impacto Ambiental, la capacidad que tienen para anticipar el impacto real de los proyectos ha sido cuestionada en diversas ocasiones desde ámbitos científicos. Por ello, el PNIEC en ningún caso debe simplificar el procedimiento de evaluación de impacto ambiental tal como propone, sino que se debe aumentar la exigencia en la calidad, duración e intensidad de los trabajos de campo. En caso de duda sobre los efectos de un proyecto, debería siempre aplicarse el principio de precaución, establecido en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (Río de Janeiro, 1992) e introducido en el Derecho Comunitario como principio orientador de su política ambiental (art. 174.2 del Tratado CEE). Cuando las infraestructuras puedan afectar a espacios de la Red Natura 2000, el proyecto debería ser denegado siempre que el promotor no demuestre que es inocuo sobre los valores que motivaron su inclusión en la Red Natura 2000. Así lo establecen la Directiva Hábitats y la famosa “sentencia Wadden”. Finalmente y de manera general, debe reflexionarse sobre cómo se realizan los estudios de impacto ambiental que actualmente ejecutan o contratan los promotores directamente y que en la práctica tienen en demasiadas ocasiones escaso control administrativo.

Observamos también con preocupación que muchas autorizaciones y Declaraciones de Impacto Ambiental pretenden sortear daños ambientales severos con la aplicación de medidas compensatorias. Compensar la biodiversidad perdida en un lugar restaurándola en otro distinto es lo que se conoce como “ausencia de pérdida neta de biodiversidad” y supone una tentación para no bloquear las actividades económicas. Sin embargo, la realidad es que esa compensación es poco ambiciosa y la mayor parte de las veces ineficaz, como atestiguan numerosas experiencias realizadas en España en los últimos años. El PNIEC ha de garantizar la conservación de la biodiversidad existente y no pretender restaurar el daño causado por el plan mediante medidas compensatorias, que deben ser la última opción, ante impactos ambientales residuales, y siempre en casos muy concretos tras un análisis de alternativas honesto que incluya la alternativa de no ejecutar el proyecto.

El Real Decreto 23/2020 provocará que antes de finales de 2020 se presenten cientos de proyectos en todo el territorio español. Si el desarrollo masivo de estas centrales continúa sin una planificación y evaluación integral adecuadas, los efectos sobre la biodiversidad de nuestro país, la más importante de Europa occidental, pueden ser desastrosos e irreversibles. El lector puede preguntarse si la urgencia de luchar contra el cambio climático no merece sacrificar biodiversidad para evitar un desastre mayor. El dilema no es renovables sí o no. Sin duda renovables sí, la cuestión es cómo, cuánto y dónde. Para responder a estas preguntas tenemos una hoja de ruta marcada por las Directivas Europeas del paquete de invierno que son de obligado cumplimiento y que apuestan por la eficiencia energética que reduciría las necesidades energéticas, por el desarrollo de un modelo distribuido que acerque los centros de generación de energía a los centros de consumo, y por energía generada con autoconsumo de renovables, es decir, con fotovoltaicas en nuestros tejados o en los polígonos industriales, no en el medio natural. Este modelo evitaría por completo los efectos devastadores que uno centralizado de energías renovables a gran escala puede provocar sobre nuestra biodiversidad y paisaje. No podemos olvidar que el paisaje es un recurso imprescindible para un sector estratégico y en alza como el turismo rural. Además, el autoconsumo con renovables podría tener muchos otros efectos positivos, como el abaratamiento de la factura de la luz y conseguir de manera eficaz los objetivos de descarbonización.

Dado que encima de la mesa ya tenemos una oferta de potencia renovable que duplica la planificada por el PNIEC para 2030, parece lógico realizar una moratoria temporal en la autorización de megacentrales de energías renovables hasta que se subsanen todas las debilidades que hemos señalado. Como en el escenario actual esto parece muy poco probable, consideramos imprescindible y muy urgente realizar al menos una adecuada planificación, estudio y evaluación integral del PNIEC que, más allá de los marcos normativos vigentes, contemple sus efectos sobre la biodiversidad y paisaje. Resulta indispensable además que el modelo incorpore las Directivas Europeas de obligado cumplimiento. Creemos firmemente que es posible conseguir una transición energética a las energías renovables preservando el bien común que representan la biodiversidad y el paisaje y los servicios que nos brindan.

Firmantes

Luis Bolonio. Técnico en Conservación de la Biodiversidad y Cooperación al desarrollo.

David Serrano. Científico Titular. Estación Biológica de Doñana (Consejo Superior de Investigaciones Científicas). Su actividad se centra en la ecología aplicada a la conservación de aves, especialmente rapaces y aves esteparias.

Francisco Valera. Científico Titular. Estación Experimental de Zonas Áridas (Consejo Superior de Investigaciones Científicas). Su principal interés es el estudio de la conservación de la biodiversidad en el marco de las interacciones entre organismos y de éstos con el hombre.

Diana Osuna. Licenciada en Ciencias Ambientales. Técnica de Recursos Naturales, agroecología y Educación para el Desarrollo.

Esperanza Ursúa. Doctora en Biología. Consultora ambiental. Entre sus líneas de actividad figuran los estudios dirigidos a la conservación de la biodiversidad, en especial aves esteparias y rapaces

Eugenio Montelío. Licenciado en Biología. Consultor ambiental especializado en el impacto sobre la biodiversidad generado por las energías renovables.

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