Cigüeñas en el vertedero de Madrid. | Javier de la Fuente SEO/BirdLife
La cigüeña blanca ya no inverna en África
como era habitual. En las últimas décadas las aves adultas han decidido pasar
los días de invierno en España. La proliferación de los vertederos ha provocado
que estas aves ya no necesiten viajar para alimentarse y estén aprendiendo a
aprovechar los nuevos recursos que les ofrecen los desechos humanos.
Este lunes ha sido 3 de febrero: día de
San Blas. Una seña en el calendario que ha marcado históricamente el regreso de
las cigüeñas a la península tras su periplo africano. Ese aterrizaje es cada
vez más escaso. El dicho popular «Por San Blas la cigüeña verás» está
perdiendo fuerza, ya que un buen número de estas aves emblemáticas del campo
español, simplemente, no se marcha.
Contrario a la idea más intuitiva,
«la migración de las cigüeñas no depende de que haga más o menos frío,
sino de que encuentren alimento durante el invierno», concreta Ana
Bermejo, coordinadora del programa Migra de SEO-Birdlife. Ahora, los adultos han aprendido a
comer en basureros. Mientras, los ejemplares jóvenes siguen migrando al Sahel a
miles de kilómetros de sus nidos hasta que alcanzan la madurez.
El cambio climático está modificando cada
vez más los hábitats, poniendo en peligro la distribución, migración y
fenología de algunas aves que se ven obligadas a adaptarse para evitar su
extinción. «Los humanos estamos interfiriendo en el mundo, cambiando
el hábitat rápidamente. Y en este caso, las aves son capaces de adaptarse»
Bermejo.
Los datos recopilados por SEO durante siete años y 79 con dispositivos de seguimiento –más la base de datos tradicional de anillamientos que cubre el periodo 1910-2018– desvelan los movimientos de la cigüeña blanca a lo largo de todo el ciclo anual: las temporadas de cría, de invernada y ambas migraciones entre las zonas.
Áreas de invernada de las cigüeñas de España y Centroeuropa. | SEO/BirdLife
Ventajas e
inconvenientes
Con migraciones menguadas, el 80% de la población reproductora
se queda en España. Una ventaja de no migrar reside en el aumento de
supervivencia: las aves jóvenes españolas sobreviven de media un 10% en
su primer año en Sahel a causa de los numerosos peligros que se encuentran
en la zona. En cambio, la supervivencia de los jóvenes centroeuropeos que se
quedan en España a invernar aumenta al 50%.
Sin embargo, los vertederos donde se alimentan también son causantes del aumento de mortalidad de esta especie. «Desde hace décadas las cigüeñas están ligadas a los vertederos, y sabemos que es una fuente de mortalidad muy grande. Se llevan cuerdas y se quedan atadas y colgadas de los nidos, confunden las gomas, plásticos y cuerdas con lombrices, etc.» comenta Juan Carlos del Moral, coordinador de Ciencia Ciudadana de SEO/BirdLife.
Cigüeñas con emisor GPS. | Javier de la Puente SEO/BirdLife
Los datos que han aportado estos GPS que portaban los animales
en la espalda han ayudado a mostrar que las zonas de invernada actuales de
las cigüeñas blancas adultas de la población española se encuentran
principalmente en España.
De hecho, se ha incrementado notablemente el número de aves
sedentarias y se han acortado las distancias de migración. Además, también una
parte importante de las cigüeñas de Europa occidental vuela a España en otoño
para quedarse en la estación fría.
Sergi Saladié, profesor de Geografía de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona: “La actividad eólica no fija población, sino lo contrario; a más densidad, más despoblación”
21/1/2020 Maribel S. Timoneda
Sergi Saladié es profesor del departamento de Geografía de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona. Autor de una tesis doctoral titulada Paisaje y conflictos territoriales en las comarcas meridionales de Cataluña, ha analizado en profundidad el impacto económico generado en los presupuestos municipales por las centrales eólicas implantadas en Cataluña. Su investigación concluye que el beneficio económico que los parques eólicos dejan en España en los territorios donde se ponen en marcha ronda el 3,4% -frente al 33% de algunos países europeos como Francia- mientras que el impacto laboral es “prácticamente nulo”.
-Como experto fue invitado a una charla organizada en
Fuentespalda por Omezyma sobre los proyectos eólicos que se proyectan en la
provincia de Teruel. ¿Qué visión aportó?
-En Fuentespalda hablé de las conclusiones generales a las que
llegó en el estudio realizado en la tesis doctoral y en otro previo en el que
analicé la repercusión económica y laboral que tienen las centrales eólicas en
los municipios donde están instaladas. En esas conclusiones explico cómo ha
sido el proceso de implantación llevado a cabo en Cataluña, pero muy
especialmente en la provincia de Tarragona. Aunque, en general, el
procedimiento ha sido similar en todo el Estado, porque la legislación apenas
varía entre unas comunidades autónomas y otras.
-Usted ha estudiado dos casos
de la provincia de Tarragona como son los proyectos eólicos de las comarcas del
Priorat y de la Terra Alta. ¿Tan distintos son?
– En la comarca del Priorat la primera central eólica se puso en
marcha en 1998. Fue la segunda o la tercera que se puso en marcha en Cataluña.
En aquellos años incluso se vio a los parques eólicos como proyectos
singulares, aunque enseguida se puso en evidencia que era un modelo que no
convenía al territorio. Así fue como en el año 2000, en un momento en el que se
estaba proyectando la generación de otros 400 MW de energía eólica en la zona,
la gente de la comarca del Priorat se empezó a organizar. En ese momento se
dieron cuenta de que les iban a llenar las montañas de molinos.
-¿Qué proceso siguieron desde
el año 2000?
– En primer lugar, tomaron conciencia de que querían una
agricultura de calidad, un turismo y un paisaje de calidad y que ese modelo de
masificación eólica no encajaba con lo que querían. En 2001 hubo un acuerdo
comarcal que limitaba la implantación de parques eólicos en una zona concreta.
Impulsaron su propia Carta del paisaje dejando claro dónde no querían que
hubiera centrales, hubo un reconocimiento de patrimonio de la humanidad de su
paisaje, etc . Y hubo también concienciación en todo el territorio para que
todos fueran unidos defendiendo un modelo de paisaje en el que no entran los
molinos. A pesar de todo eso, no ha habido un reconocimiento normativo, pero ni
así siquiera se ha acabado instalado ninguna central eólica más.
-¿Por qué?
– Eso refuerza el hecho de que, aunque en el Priorat se pueda
realizar un parque eólico, cualquier empresa promotora ve que hay demasiado
enredo y demasiada organización social. Y es en esos momentos en los que las
empresas se retiran del territorio.
-Todo lo contrario que en la
Terra Alta.
-En la Terra Alta no hubo esta organización, sino que la
oposición fue fragmentada y aislada, el Consejo comarcal y las denominaciones
de origen no se posicionaron y las empresas tuvieron un campo abonado para
desarrollar sus proyectos. Así que, como conclusión podemos decir que, más allá
de las tramitaciones administrativas, los movimientos políticos, sociales e
institucionales son los que ayudan a que se implanten o no proyectos de
generación eólica.
-¿Qué diferencias ve con los
proyectos de energía solar?
-Los procedimientos son parecidos, pero el impacto es menor,
porque las placas van en la tierra y los agentes que intervienen en estos proyectos
no son grandes compañías eléctricas. En la eólica, el 66% de esta energía está
en manos de la patronal eléctrica, es decir, de las seis compañías eléctricas
más grandes, las de siempre. En la solar está todo más atomizado, hay más
iniciativas, muchísimo más pequeñas, de particulares y alguna empresa que ha
ido invirtiendo.
-¿Qué características comunes
tienen los proyectos eólicos que se han implantado en Cataluña y que ha
estudiado en su tesis?
-En el caso de Cataluña, podemos decir que el 80% de los pueblos
que han recibido proyectos eólicos son municipios con menos de 1.000
habitantes, donde no hay impulso económico, con una tasa envejecimiento
elevada, pueblos de base agraria, con rentas bajas… Es un patrón que se
repite. Y este es uno de los argumentos que no dicen las empresas promotoras
pero que les sirve para justificar porqué proyectan implantarse en determinados
lugares: son zonas poco pobladas, envejecidas, con rentas bajas, que discutirán
poco, que debatirán y lucharán poco, porque entienden que cualquier cosa que
venga de fuera será aceptada sin conflicto. Este mismo patrón se repite en el
Matarraña y en el Maestrazgo.
-¿Los proyectos eólicos
generan empleo?
-De todos los estudios hechos, se ve que las repercusiones en
generación de empleo en Cataluña son escasas. Esas empresas aportaron en torno
al 3,4% de su facturación. Si eso lo comparamos con otros países de
Europa, vemos que el porcentaje es bajo. Por ejemplo, en Dinamarca, la
ley obliga a que en cada proyecto eólico haya una participación del 25% de los
municipios o territorios donde se instalan los parques, mientras que en Francia
las empresas están obligadas a repercutir el 33% de su facturación de forma
directa en las zonas receptoras de parques eólicos.
-Nada que ver con lo que
ocurre en España.
-Estamos a años luz de este desarrollo avanzado, aparte de que
en los países europeos se promueve una energía eólica descentralizada en la que
cada territorio es dueño de sus parques eólicos. Las tasas de reversión
económica allí son más altas que aquí. En los casos que he estudiado en
Cataluña, el impacto que tiene la energía eólica sobre los presupuestos
municipales cubre el 15% de los ingresos, y eso no es una aportación
excesivamente alta. Más bien es testimonial. Y los ayuntamientos que han
registrado crecimientos presupuestarios que representaban el 50% de sus
ingresos son aquellos en los que más instalaciones se han puesto en
marcha
-¿Cuánto empleo se puede
esperar de los proyectos eólicos?
-El impacto en empleo es cero. Desde el momento en el que se
ponen en marcha las centrales eólicas, la gente que trabaja en ellas representa
el 0,3% de la población ocupada y haciendo una estimación de los proyectos
presentados en la Comarca del Matarraña, en el mejor de los casos saldrían 10 empleos.
No son suficientes empleos para compensar el impacto que puedan provocar en el
paisaje. Por tanto, tienen una repercusión en generación de puestos de
trabajo muy baja, con un impacto testimonial.
-¿No ayuda entonces a terminar
con el problema de la despoblación?
-En esta cuestión de la despoblación insisten mucho tanto los
promotores como las administraciones públicas, que dicen que la energía eólica
contribuirá al reequilibrio territorial. Bien, pues a raiz de los casos
estudiados en Cataluña y en la provincia de Tarragona podemos decir que la
actividad eólica no fija población, sino más bien al contrario, puesto que
incluso hay una relación entre más densidad eólica y más despoblación. Los
pueblos que tienen más molinos pierden más población, por tanto los proyectos
eólicos no contribuyen a fijar los mínimos poblaciones por ponerse en marcha.
-¿Tiene datos concretos que
demuestren esa correlación?
-Sí. La comarca de la Terra Alta, al lado del Matarraña, es la
que tiene más potencia eólica instalada de toda Cataluña, en torno al 25% del
total. Esa comarca es la que desde 2008, cuando se pusieron en marcha los
parques, a 2018 ha perdido más población. Actualmente, tiene un 10,7% menos de
habitantes que hace una década. Su pérdida de habitantes es incluso superior a
comarcas del Pirineo o del Prepirineo que solían ser las que más población
perdían y que están en niveles del 8-10%. Si esa actividad fuera tan buena para
el territorio, la gente no se marcharía. Igualmente, podemos decir que el
municipio que más densidad de aerogeneradores tiene, Caseres, es el que más
habitantes ha perdido desde 2008: un 20%. De esta manera, si el municipio con
más aerogeneradores y con más potencia eólica instalada de todos pierde más
población que otros, se puede decir que las grandes centrales eólicas no
contribuyen al equilibrio territorial.
-Los aerogeneradores que se
proyectan instalar en la Comarca del Matarraña son de 6 MW de potencia y de
unos 115 metros de altura. ¿Cómo pueden repercutir en el paisaje?
-Los que se proyectan para el Matarraña son más potentes que los
instalados en la Terra Alta, que tienen de 2,5 MW, y más altos, el doble. En
cualquier caso, habrá que ver si los acaban colocando, porque lo que se ha presentado
es una previsión de futuro. La empresa promotora está previendo la puesta en
marcha del proyecto eólico para un plazo de cuatro a seis años, un tiempo
suficiente para que esos aerogeneradores estén en el mercado. Si fueran
estos, con menos molinos, la empresa tendría la misma potencia instalada. Lo
que pasa es que son más altos, así que el campo de afección visual es mucho
mayor.
-¿Ha analizado los beneficios
a particulares?
-No me he centrado en esa cuestión. Las empresas, aparte del IBI
y del IAE a los Ayuntamientos, así como los eventuales convenios que puedan
firmar, hacen también contratos con los propietarios particulares de las fincas
en los que van colocados. No he estudiado esta parte, pero sé que suele ser la
mitad de lo que ingresan los ayuntamientos. En mi estudio, si un ayuntamiento
solía ingresar unos 5.000 euros por megavatio, un particular podía estar en
torno a los 2.500 o 3.000 euros por megavatio.
-Beneficios brutos, en todo
caso.
-Sí, son beneficios en bruto a los que hay que restar los
impuestos correspondientes, el IVA, el cambio de tributación en la declaración
de la renta debido a esos ingresos extraordinarios, etc. Sería interesante que
se hiciera ese estudio para ver cuál es el beneficio real que estas centrales
eólicas generan sobre la población. De hecho, normalmente los propietarios son
gente mayor que se tiene que acabar buscando un gestor que le haga las
declaraciones trimestrales, así que a todo lo anterior hay que añadirle también
ese gasto.
-¿Y si un propietario no está
interesado en alquilar?
-Si el proyecto va hacia adelante y un propietario se niega a
alquilar puede acabar expropiado y el trozo de terreno pasar a manos de la
empresa.
-Entonces, ¿ante qué contexto
se encuentran los ayuntamientos y particulares?
-En los últimos días no se han discutido los beneficios de la
energía eólica. Nadie está en contra de las renovables y de la eólica, sino que
el debate está en el modelo de energía renovable que conviene a cada
territorio. Determinados modelos económicos como la actividad eólica industrial
entran en contradicción con aquellos que apuestan por una agricultura y por un
paisaje de calidad.
-¿Qué modelo de energía
renovable eólica sería compatible con la provincia?
– Hay modelos muy interesantes como la generación distribuida a
partir de diferentes aerogeneradores que pueden poner en marcha agrupaciones de
ciudadanos o de ayuntamientos. Ejemplos tenemos. En el caso de Cataluña, el
Ayuntamiento de La Llacuna, que, con 900 habitantes, tiene un aerogenerador que
con lo que factura paga la luz de todos los edificios municipales. Eso permite
a ese ayuntamiento destinar el dinero que pagaría en electricidad a otras
necesidades.
-¿Y en Europa?
-En Europa hay casos muy interesantes como el de una isla de
Dinamarca que en 2007 instaló 11 aerogeneradores de 1 MW, una sexta parte de
los que se quieren colocar en el Matarraña. Con esas 11 torres cubren el 100%
de su consumo energético anual y con lo que les sobra, con la luz que generan
como excedente, hacen negocio, porque la venden al mercado. También tienen
cubierta la calefacción con plantas de biomasa y disponen de placas
solares térmicas. Son autosuficientes y hacen negocio con la venta de
electricidad. En 2007 pusieron 10 aerogeneradores más que están en el mar y
cuya electricidad destinan a la venta a través de un cable submarino. Hacen
negocio con un recurso que es del territorio. Eso no es imposible, lo ha hecho
una isla de 11.000 habitantes, más o menos el mismo número de habitantes que
tiene la comarca del Matarraña. Los aerogeneradores se integran en el paisaje y
la gente puede pagarlos. Esa inversión cuesta unos 100 millones de euros, lo
que son 12.000 euros por persona en el caso de la comarca del Matarraña.
-Un modelo más sostenibles que
el español.
– Estos modelos más descentralizados son los que se tienen que
enfrentar al modelo de España, un modelo basado en grandes centrales eólicas
promovidas por pocas empresas y con beneficios que van a las grandes compañías
en lugar de a los territorios. El modelo europeo determina qué molinos se
quieren y dónde se pueden poner. Además de que los beneficios no van a empresas
que no tributan en el territorio. En Alemania, por ejemplo el 50% de toda la
energía eólica está en manos de la ciudadanía con modelos descentralizados y
que estimulan la creación de más proyectos. Si se aplicara ese modelo,
seguramente saldrían más iniciativas desde los territorios.
-¿Cree que los proyectos
eólicos de grandes centrales eólicas en Teruel y más concretamente en el
Matarraña o en el Maestrazgo van a prosperar?
– Cualquier tramitación, la haga el Estado (proyectos de más de
50 MW de potencia) o la comunidad autónoma (los de menos de 50 MW) ha de
cumplir, en primer lugar, con todo lo que establece la normativa, incluidas las
Directrices de la comarca del Matarraña en el caso de este territorio. Otra
cosa es que esa normativa sea suficiente para prohibir o condicionar la
colocación de estos artefactos. Lo que está claro es que si una empresa quiere
poner en marcha un proyecto y la oposición no es muy grande, a veces, muchos de
estos trámites se pueden pasar por alto.
-¿Y desde un punto de vista
social?
– Todo el proceso de tramitación administrativa de
cualquier proyecto tiene algún fallo, en la tramitación industrial, en la
ambiental o en la urbanística. Pero quien puede condicionar o paralizar un
proyecto es la organización política y social del territorio, que debe exponer
su modelo de comarca. Si es así, las empresas dejan de tramitar. Cuando
encuentran un territorio que debate, que tiene claro su modelo de desarrollo,
al final lo dejan estar porque saben que en cualquier momento se les encontrará
el fallo que siempre hay en cualquier proyecto. Ahora, las empresas lo que
hacen es testar, hablar con alcaldes por separado y sopesar cómo respira el
territorio. Y en función de como lo vean se acabarán posicionando y avanzando o
no. Puede condicionar más un proyecto esa organización social y política que la
mera tramitación administrativa.
Ecologistas en Acción reclama que deje de gestionarse el conejo desde el alarmismo infundado, una estrategia estatal y que se avance en la protección y restauración de los hábitats de la especie.
La reciente inclusión del conejo silvestre en la categoría
de “en peligro” dentro de la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión
Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) viene a demostrar
que lo que llevan tanto tiempo señalando parte de la comunidad científica y las
organizaciones ecologistas es un hecho.
No solo no cabe considerar al conejo como una plaga, sino que la realidad
señala que sus poblaciones son las de una especie amenazada. Han decrecido
enormemente, entre un 60 % y un 70 % según la UICN, habiéndose extinguido en
áreas de distribución a escala local.
Este desplome de las poblaciones, que se suma a otros sufridos
en el pasado, está afectando al papel estratégico de la especie como presa
fundamental en los ecosistemas mediterráneos. Poniendo en riesgo
la supervivencia de poblaciones naturales tradicionales de
especies amenazadas, como el lince ibérico, el águila imperial o el águila de
Bonelli o perdicera.
Sin duda son
diversos los factores que contribuyen a esta situación, pero entre ellos
emergen de forma significativa en el último informe de la UICN la destrucción
de los hábitats a causa de la agricultura y la ganadería, y la sobreexplotación
y la mala gestión a causa de la caza.
Las
enfermedades víricas, la mixomatosis y las distintas variantes de la enfermedad
hemorrágica, contribuyeron de manera crítica a la reducción de las poblaciones
desde 1950 y aún hasta ahora. Pero la especie ha ido generando inmunidad, por
lo que fenómenos de recuperación suceden a los de epidemia.
Lejos de
poder controlar estas enfermedades, además se ven favorecidas por el constante
trasiego de ejemplares vivos o muertos que la caza genera entre las distintas
áreas de distribución. Por ello, la gestión humana del territorio y de este
lagomorfo se revela como el principal factor para que se haya incrementado su
nivel de amenaza.
En el caso de España, donde el conejo es especie cinegética y la
responsabilidad de su gestión recae en las comunidades autónomas y en los cotos
de caza, se ha impuesto en la última década la idea de que hay que hacer
un control muy severo de las poblaciones a través de la
gestión cinegética para evitar daños en la agricultura.
Hasta el
punto de que los tibios intentos de enfocar la gestión de la especie de forma
integral, como los planes regionales de Castilla-La Mancha o de Andalucía, se
han derogado o caído en el olvido por la presión del lobby agrario y
cinegético.
Además, el
conflicto por los daños en la agricultura no se apacigua a pesar de que se
cazan en proporción más conejos que nunca, con todo tipo de artes de caza y en
todas las épocas del año. Los afectados se resisten a tomar sencillas medidas
de protección de los cultivos y todo ello lleva a pensar básicamente que se
exagera el problema, y que interesa mantener el clima de alarma social y
victimismo creado en torno a él.
Las administraciones se desentienden de controlar la agricultura
y la ganadería, fomentando la intensificación de estas actividades en el
territorio, lo que supone la destrucción de los hábitats y su contaminación
por pesticidas. Se guían por un enfoque trasnochado y
radical de gestión de la especie, basado en el punto de vista de técnicos y
científicos abiertamente procinegéticos.
La UICN ha
situado a España en una encrucijada en relación al conejo. O redirige el modelo
de gestión de la especie, o se acelerará su desaparición y, con ella, una parte
esencial de la arquitectura de uno de los ecosistemas más biodiversos de
Europa, el monte mediterráneo.
En este
sentido la actuación coordinadora del Gobierno central, a través de los
Ministerios con responsabilidades en agricultura y medio ambiente, se hace
esencial. Hace falta un grupo de trabajo que elabore, ya, una estrategia
estatal para el conejo.
Por su parte, las comunidades autónomas, dejando al margen
Canarias donde la especie es introducida y cabe considerarse como invasora,
tienen que reformular la condición de especie de caza del conejo. Sin perder de
vista las singularidades de cada territorio, pero siempre sobre la base de que
según la IUCN la especie está amenazada, la nueva regulación se debe hacer
desde el planteamiento de las necesidades de protección y recuperación del
conejo en España.
Recuerdo una tarde de otoño de hace un lustro, cuando fui a
realizar una espera para intentar observar al lince en los olivares del área de
reintroducción del Guadalmellato. Atardecía en lo alto de un cerro desde donde
tenía una amplia visión de olivares entremezclados con manchas de monte
mediterráneo. Quedé estremecido por el hondo silencio que me acompañó todo el
atardecer, eran olivares sin vida. De pronto recordé situaciones similares
vividas durante mi juventud donde el canto de las aves y sus movimientos eran
la normalidad del paisaje.
En los
últimos 35 años se ha avanzado mucho en materia de conservación, hay una
extensa red de espacios naturales protegidos, 30% de la superficie de
Andalucía. De igual manera se ha avanzado en los programas de conservación y
muchas especies han mejorado con carácter general su situación de partida, pero
se le dio la espalda a los sistemas agrícolas, y éstos se tornaron cada vez más
agresivos con la utilización de herbicidas muy efectivos que impedían el
desarrollo de la mayoría de las plantas. El objetivo era tener un solar solo
con la planta cultivada. A su vez se asistía a la aparición de nuevos
insecticidas sistémicos que eran absorbidos por la planta y se distribuían por
todas las partes de la misma, y desde allí ejercían su función.
La bomba de
relojería estaba dispuesta y actuando sin darnos cuenta. Los insectos morían
por el tóxico o la falta de alimento, su comunidad se iba empobreciendo. Comenzaron
a notarse claramente los primeros efectos hace más de 15 años cuando el conejo
superaba la nueva enfermedad y alcanzó densidades más o menos normales. No
encontró comida y se volcaron en las plantas cultivadas. Ya en aquel tiempo
algunos cazadores advertían que en el campo cultivado no quedaba ni un
«hormigo».
Estudios
indican que los insectos están desapareciendo de la faz de la Tierra a una
velocidad de vértigo. El 41% de las especies están en declive y una tercera
parte, en peligro de extinción por el efecto combinado de la acción humana y el
cambio climático. Al ritmo actual (con una caída anual del 2,5% de la biomasa),
los animales invertebrados más diversos del planeta podrían extinguirse en
apenas un siglo.
Otros
estudios señalan que en Alemania se ha producido una pérdida del 76% de la
biomasa de insectos voladores, mientras que en Reino Unido se perdió el 58% de
las especies de mariposas en suelo agrícola en la primera década del siglo. A
esto se le ha llamado el «efecto parabrisas» por la disminución de los insectos
que impactan en los parabrisas de los coches. Haced un poco de memoria sobre
esto.
Muchas aves
durante la cría alimentan a sus pollos con insectos aunque sean consideradas
granívoras. La ecuación es muy fácil, menos comida, menos pollos y por tanto
las poblaciones comienzan a disminuir sin observar ningún efecto directo de
muerte. La SEO ha constatado que el 37% de las aves que se reproducen en España
muestran reducciones de su población. En total, del conjunto de aves analizadas
que se hallan en situación de declive, acumulan la pérdida de 64.511.917
ejemplares entre 1996 y 2016. En algunas especies los datos son alarmantes como
el sisón común (-71,73%), la codorniz común (-61,63%), el alcaudón real
(-56,65%) y el escribano cerrillo (-50,46%). Otras presentan un declive entre
el 30-40%, como el cernícalo vulgar, el pito real, la perdiz roja, la
golondrina común, los vencejos y los gorriones. Recientemente se ha publicado
un estudio en el que se concluye que sobre 529 especies en Norteamérica (EEUU y
Canadá) se han perdido 3.000 millones de pájaros con un descenso generalizado
del 60%.
Un grupo de
investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales ha constatado que las
aves de los campos de cultivo también se extinguen en las zonas protegidas que
integran la Red Natura 2000, su protección no es garantía suficiente.
Para remediar
la situación hay que trabajar con las causas principales, la agricultura
intensiva y el uso masivo de pesticidas y fertilizantes artificiales de todo
tipo, y el cambio climático. Con respecto a la primera, hay que desarrollar aún
más las prácticas del control integrado de plagas, utilizar medios naturales
como son los insectos predadores, las avispas parásitas, e incluso el control
biológico cuando sea necesario. Hay muchas maneras de controlar las plagas de
insectos, y los insecticidas deberían ser la última arma a utilizar, no la
primera. El uso de semillas recubiertas con insecticidas sistémicos debería ser
prohibido.
Existe una
herramienta muy poderosa con la que podemos revertir esta situación en un plazo
relativamente corto, y se llama Política Agraria Comunitaria. Tanto que se
defiende el mundo rural hoy día, casi nadie reclama que el campo sin vida no es
campo. Es la hora de abandonar un modelo desequilibrado y cambiar de rumbo
hacia uno más sostenible. La PAC ha fallado en el objetivo de conservar la
biodiversidad.
Araújo publica un “código ético ecológico” en respuesta al modelo económico
El naturalista Joaquín Araújo. EFE/ Juan carlos Cárdenas/ARCHIVO
El naturalista y divulgador Joaquín Araújo publica ‘Ética y estética ecológicas’, su libro 108 como autor individual, que es una «respuesta de desobediencia esencial con un componente moral» al modelo económico actual que pretende devolver «el amor a la naturaleza».
Este libro recoge un “código de valores diametralmente diferente” al desarrollo energético y de relaciones económicas imperante en la sociedad, señala Araújo en entrevista con Efeverde.
Porque “no dejamos títere con cabeza” en la sociedad actual, “tanto en las relaciones de género como con las otras culturas, razas y con nuestro pasado”, señala.
Relación con la naturaleza
La relación con la naturaleza actualmente es tan diferente que es como “hacer la guerra a alguien, es la antípoda absoluta, nuestra civilización le hace la guerra a la naturaleza”.
“Evidentemente, no todos los ecologistas, ni todos los naturalistas lo entienden igual”, explica Araújo, pero “en vez de hacerle la guerra, algunos le hacemos el amor a la naturaleza, lo que nos lleva al eslogan de los hippies…”
Lo dice quien se llama campesino, que publica otro libro en los próximos días y tiene otro en imprenta, que figura como coautor en otros 12, ha participado en otras 59 publicaciones, y que está inmerso en el rodaje de una película.
Ética ecológica
Los que “practicamos la ética ecológica, mantenemos relaciones sentimentales con lo vivo, nos parece fascinante vivir, contemplar la vida”, añade, “contrariamente a los principios de la religión monoteista judeo cristiana que empieza por considerarnos una anomalía” y culpables desde el nacimiento hasta la muerte.
Pero la inocencia se “incrementa en el contacto con la naturaleza”, contrariamente a la maldición que se le echa encima, acusándola de “madrastra malévola” por los pocos accidentes que provoca, asegura Araújo.
La naturaleza tiene en sus códigos de actuación la muerte, pero lo más importante es la vida y por cada accidente que hay en la naturaleza, los seres humanos han matado a diez de forma violenta, asevera.
Producto Exterior Bello (PEB)
Es bastante “estúpido” considerar que la naturaleza es una fuerza que nos está fastidiando, sostiene, y anima a apreciar el Producto Exterior Bello (PEB) porque “nuestros paisajes no merecen la indiferencia”, no está en los balances económicos ni de contabilidad, asegura, pero “no todo puede depender del Producto Interior Bruto (PIB)”.
Lo sostiene quien dice trabajar “más horas con el azadón en la mano, porque soy campesino”, que con la pluma, la cámara o el micrófono.
Porque procedemos de procesos y el único tiempo verbal en la naturaleza es el gerundio, escribe, pero “cuando vives en contacto con la naturaleza, entiendes lo que “son los ciclos, la circularidad de la ahora famosa economía circular”.
El esplendor del suelo
“El reloj miente, pero la primavera no”, señala Araújo, y asegura que el suelo tampoco, porque como dice el autor mencionando a George Sand (pseudónimo de la escritora francesa Amantine, Aurore Lucile Dupin), en él “está el verdadero mundo del esplendor”.
El suelo es el “lugar más vivaz del planeta”, dice, porque es más punto de encuentro que el aire, en él no solo concurren los cuatro elementos básico, el sol y su energía, el agua, el aire y los componentes minerales de la tierra, sino que en el primer palmo de la tierra hay mucha fertilidad, que es el futuro de la humanidad.
Y lo manifiesta quien asegura que los proyectos mineros a cielo abierto que se proyectan en España, solo provocan impactos sobre el paisaje y responden a “la especulación” porque los rendimientos de esa minería “no queda en lo local”. EFEverde
Los fitosanitarios agrícolas podrían estar relacionados con una mayor incidencia de ELA y TDAH
Investigadores del CIBERESP en la Universidad de Girona aportan evidencia de esta posible asociación en dos artículos publicados en Neurepidemiology y Environmental Research
También reportan que el riesgo de ocurrencia de ELA y TDAH asociado a vivir cerca de zonas agrícolas podría aumentar cuando coincide con la exposición a altos niveles de contaminantes derivados del tráfico
Madrid, 7 de agosto de 2018.- Investigadores del CIBER de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP) del Grupo de Investigación en Estadística, Econometría y Salud, GRECS, en la Universidad de Girona, han publicado dos artículos que evidencian una posible asociación entre el uso de fitosanitarios y la mayor ocurrencia de casos de esclerosis lateral amitrófica (ELA) y de trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los plaguicidas (biocidas o productos fitosanitarios) se definen como aquellas sustancias destinadas a destruir o prevenir la acción de formas de vida animal o vegetal perjudiciales para la salud y también para la agricultura, durante la producción, almacenamiento, transporte, distribución y elaboración de productos agrícolas y sus derivados. Los productos fitosanitarios constituyen un grupo grande y heterogéneo de productos químicos aplicados sobre cultivos agrícolas durante la producción, utilizados desde hace mucho tiempo para prevenir, controlar o tratar enfermedades y plagas.
Impacto del uso de plaguicidas sobre la salud
Es cierto que, en sentido amplio, el uso de los fitosanitarios ha sido muy beneficioso, al contribuir a un incremento de la producción agrícola e, indirectamente, a la seguridad de su almacenamiento; a repeler las plagas en ámbitos domésticos; así como a controlar enfermedades infecciosas, entre las que destacan la erradicación del paludismo y la lucha contra la malaria. Pero también es cierto que son tóxicos (en diferentes grados), tanto para los seres humanos como para otras especies.
De hecho, existe una importante y creciente evidencia, experimental y epidemiológica, de la relación entre la exposición a plaguicidas y la incidencia de diversos trastornos de la salud. Muy recientes revisiones sistemáticas señalan que los efectos más importantes se producen sobre todo en la incidencia del cáncer, pero también –y por este orden– sobre la incidencia de enfermedades neurodegenerativas (como Alzheimer, Parkinson y esclerosis lateral amiotrófica), enfermedades respiratorias (asma y bronquitis), enfermedades reproductivas (infertilidad y defectos en el nacimiento), trastornos en el desarrollo (trastorno por déficit de atención e hiperactividad y autismo) y trastornos metabólicos (diabetes y obesidad).
En este ámbito, el grupo de investigadores del CIBERESP y la Universidad de Girona, liderado por Marc Sáez, desarrolló dos nuevos estudios caso-control de base poblacional, en los que asocian la presencia de fitosanitarios (aproximada como la distancia a la zona agrícola más cercana) y la ocurrencia de ELA y TDAH.
Proximidad a las zonas agrícolas y densidad de tráfico
En el artículo sobre la ELA, publicado en Neuroepidemiology, se analizaron los datos de una cohorte poblacional que cubría la totalidad de Cataluña, en el período 2011-2016. “Además de la existencia de un cierto patrón geográfico en la ocurrencia del ELA, encontramos evidencia de la presencia de aglomeraciones de casos de ELA, todas ellas situadas en zonas de agricultura intensiva”, explica Maria Antònia Barceló, investigadora principal de este trabajo.
El estudio reveló también que, en estas áreas de aglomeraciones de alto riesgo de ocurrencia del ELA, además de corresponder a zonas agrícolas, se encuentran infraestructuras viarias clave con una alta densidad de tráfico. “De hecho, los resultados del modelo multivariado, cuando se controlan por posibles confusores y se modelizan interacciones, sugieren que estas aglomeraciones podrían estar relacionadas con algunos de los factores ambientales, como los productos químicos de uso agrícola y algunos contaminantes atmosféricos consecuencia del tráfico, particularmente los óxidos de nitrógeno, cuya fuente son los vehículos diésel”, explica la investigadora. “Nuestros resultados nos permiten plantear la hipótesis de que la exposición a altos niveles de contaminantes atmosféricos como resultado del tráfico podría aumentar el riesgo de ocurrencia de la ELA asociado a vivir cerca de zonas agrícolas”, concluye.
En el artículo sobre el TDAH, publicado en Environmental Research, se analizan datos de una cohorte poblacional de la subcomarca de La Selva interior, Girona, en el período 2005-2012. En este estudio, los investigadores también hallaron un patrón geográfico norte-sur en la ocurrencia del TDAH, identificando dos aglomeraciones con un riesgo elevado de desarrollar TDAH.
“Los resultados del modelo multivariante sugieren que vivir a menos de 100m de una zona agrícola o de una calle residencial y/o vivir a menos de 300 m de una autopista o autovía o de uno de los polígonos industriales analizados estaba asociado con un mayor riesgo del TDAH”, indica el investigador Marc Saez.
En cuanto a los factores ambientales que podrían estar asociados a TDAH, los investigadores apuntan a “la exposición a pesticidas, compuestos organoclorados y contaminantes atmosféricos consecuencia del tráfico”.
Por Marta Montojo.- En una sociedad cuyo sector primario «se ha visto obligado a convertirse en un apéndice del industrial», la cultura rural está «más en peligro que el clima, el lince y el águila imperial» y, por tanto, «debería ser uno de los ejes en los que pivotara el pensamiento ecológico».
Así de contundente se ha expresado en entrevista con EFEverde el dos veces ganador del Premio Nacional de Medio Ambiente y uno de los referentes del ecologismo en España, Joaquín Araujo, con motivo de la conferencia sobre “Cultura rural y naturaleza” que hoy impartirá en Alcalá de Henares.
Aunque pasa la mayor parte de su tiempo inmerso en la natura extremeña, Araujo participa con vehemencia en la “defensa de la vida” desde el pensamiento y la divulgación ambiental, con ya medio siglo de lucha plasmada en artículos, charlas y apariciones en radio y televisión y más de cien librosescritos en solitario.
“He elegido salir de este mundo pero no como un misántropo, sino que, al contrario, colaboro con todo lo que me proponen”, afirma el naturalista, y señala que, desde su apoyo a 34 ongs, practica la “plurimilitancia”.
A su juicio, la solución a la actual crisis ecológica pasa por el “potenciamiento infinitamente mayor del que actualmente se hace” del sector primario, pues “la cultura rural sí es capaz de practicar una economía vivaz o circular si lo hace como se entiende cuando no se ve obligada a traicionarse a sí misma”, asevera.
Biomímesis
Cuestiona no obstante el concepto de “economía de la sostenibilidad o ecológica”, al
considerar que es “un gancho publicitario; que es bueno e importante pero insuficiente”, mientras “de lo que se trata es de una cierta biomímesis; de entender que lo que realmente funciona es lo que sabe hacer un bosque, por ejemplo”.
Señala que “la naturaleza logra la convivencia entre elementos variadísimos”, algo que el ser humano “no es capaz de reproducir” y por ello cultivar un huerto “es fundamental para entender lo que es la vida y aliarse todavía más con ella”.
Para Araujo, la fertilidad de la tierra es el “medidor de la salud” no ya ambiental, sino también social, económica e incluso mental de un país.
La revolución comienza por uno mismo
Recalca que para revertir la degradación y pérdida de biodiversidad “hay que cambiar de principios vitales y considerar que no debemos producir más sino producir menos, y que no se trata de acumulación de capital sino de conservar el capital natural”.
Por ello mantiene que “la revolución empieza con cambiarse a uno mismo, en lugar de intentar cambiar a los demás, y en vez de modificar a la naturaleza, aprender a convivir con ella”, pues sólo entonces “empezaremos a tener suficiente peso crítico para tomar medidas sociales, políticas, económicas y crear otra cultura”.
Ecofeminismo y animalismo
Araujo, que debatirá junto a las ecofeministas Alicia Puleo y Yayo Herrero en las jornadas de “cultura 18” de Radio 3 la semana próxima, aduce que “el ecologismo, el feminismo y el pacifismo son exactamente la misma cosa”, pese a que en la práctica la política ambiental incorpora “muy poco” esa perspectiva de género.
Con todo, contempla la situación “con cierto optimismo” y promete no rendirse nunca, sin ocultarse -matiza- “que los indicadores son altamente preocupantes” y que “los gestos de un número creciente de personas y de alguna que otra actividad política van en la dirección contraria”.
Agrega que, aun así, “hay movimientos esperanzadores” como el animalismo, que “está cosechando grandes triunfos” pues “cada vez hay más vegetarianos y más consumo ecológico”, si bien “hay que dotarlo de más seriedad ideológica y filosófica; tienen que pensar más y mejor”, algo que -recalca- también se aplica al ecologismo. Efeverde
Se supone que el glifosato es el herbicida perfecto, el de más amplio espectro y el más
inocuo y seguro de todos ellos para personas, animales o el medio ambiente.
Pero es mentira. La Organización Mundial de la Salud lo ha clasificado
como “un probable carcinógeno para los seres humanos”. La Agencia Europea de Sustancias y
Mezclas Químicas (ECHA) lo considera no cancerígeno pero sí una sustancia
tóxica para la vida acuática.
En muchas ciudades, el glifosato se echa en aceras y calles para
eliminar las malezas que crecen en cunetas y grietas del pavimento. En estos
casos, como la tierra no puede absorber el veneno, hasta un 24 % del herbicida puede
escurrir hasta el agua de drenaje. Otras veces se emplea
masivamente en carreteras para controlar la vegetación de las cunetas, cayendo
el herbicida directamente en sotos fluviales e incluso ríos.
El diputado de EQUO, Juantxo López de Uralde, presentó una
pregunta parlamentaria tras la publicación de un informe de la organización
Ecologistas en Acción sobre la presencia de glifosato en las aguas de los
ríos. La respuesta oficial del Ministerio confirma la presencia del glifosato en al menos el
30 % de los ríos españolesy en el 5% de las subterráneas. Pero
dicen las autoridades que no nos preocupemos, que son cantidades muy pequeñas.Y añaden:“No existen
masas de agua en riesgo o que no alcanzan el buen estado como consecuencia de
la presencia de glifosato”.
El partido verde califica de “tendenciosa” la respuesta del
Gobierno, especialmente teniendo en cuenta los datos ofrecidos sobre las
diferentes cuencas analizadas. Mientras que el informe de la organización
ecologista presenta los datos por concentración, los datos del Gobierno se refieren
únicamente a promedios anuales. Esto significa que en lugar de
presentar los datos más desfavorables, lógico al tratarse de un contaminante,
se presentan valores medios en los que las
altas concentraciones de tóxicos quedan diluidas.
Por ejemplo, explica EQUO, mientras que para la cuenca del Júcar
el informe de Ecologistas habla de concentraciones
de 0,13 a 3,6 microgramos por litro, los datos del Gobierno
solo reflejan una media del 0,39 microgramos por litro, 10 veces menos que la
concentración máxima detectada.
Para EQUO, esta manera de presentar los datos distorsiona la
realidad. Y pone un ejemplo. Seguramente los datos medios de la contaminación
por el pesticida lindano en
España sean muy bajos, pero las mediciones en el embalse de Oiola (Bizkaia) o
en el río Sabiñánigo (Huesca) presentan parámetros muy altos de contaminación,
peligrosos para la salud humana.
Según Juantxo López de Uralde, “aunque pretenda enmascararlos presentándolos
como concentraciones medias, lo cierto es que los datos del Gobierno confirman
contaminación por glifosato en el 30% de los ríos españoles analizados. Estos
datos están en línea con otros informes que muestran la amplia presencia del
glifosato en el medioambiente”.
Así mismo, la respuesta del Gobierno señala que al no estar
incluido el glifosato en la lista de sustancias de la Directiva Marco del Agua
de la UE, no se aplica una norma de calidad ambiental a las masas de agua
superficiales, por lo que se considera que no están contaminadas por este
herbicida.
“Que esta sustancia no esté incluida en una lista, no significa
que no presente un riesgo para la salud humana. Probablemente porque estamos
hablando de un lobby muy poderoso cuya influencia impide su inclusión”, ha
declarado López de Uralde.
Advertencia de la Comunidad Científica Mundial a la Humanidad: Segundo Aviso
Manifiesto firmado por 15.364 científicos de 184 países.
20/11/2017 | William J. Ripple, Christopher Wolf, Mauro Galetti, Thomas M Newsome, Mohammed Alamgir, Eileen Crist, Mahmoud I. Mahmoud, William F. Laurance
Hace 25 años, la asociación norteamericana Union of Concerned Scientists y más de 1500 científicos independientes, incluyendo la mayoría de los Premios Nobel en Ciencias que vivían entonces, escribieron “La Advertencia de los Científicos del Mundo a la Humanidad”, 1992. Estos profesionales preocupados, reclamaron a la humanidad que frenase la destrucción ambiental y avisaron de “sería necesario un gran cambio en nuestra forma de cuidar la Tierra y la vida sobre ella, si quería evitarse una enorme miseria humana…”. En su manifiesto, mostraban que los seres humanos estaban en rumbo de colisión con el mundo natural. Expresaron preocupación acerca de daños actuales, inminentes y potenciales sobre el planeta Tierra por: La destrucción de la capa de ozono, la disponibilidad de agua dulce, el colapso de la pesca marina, el incremento de zonas muertas en los océanos, la pérdida de masa forestal, la destrucción de biodiversidad, el cambio climático y el crecimiento continuado de la población. Proclamaron que cambios fundamentales eran urgentes y necesarios para evitar las consecuencias que nuestro actual rumbo podrían acarrearnos.
Los autores de la declaración de 1992 temían que la humanidad estaba empujando a los ecosistemas de la Tierra más allá de su capacidad de soportar la red de la vida. Describieron cuán rápido nos estábamos aproximando a muchos de los límites de lo que el planeta puede tolerar sin daños serios e irreversibles. Los científicos alegaron que deberíamos estabilizar la población, describiendo como la enorme cifra – que ha crecido en 2000 millones desde 1992, un incremento del 35 % – ejerce una presión sobre la Tierra que puede aplastar otros esfuerzos para conseguir un futuro sostenible (Crist et al. 2017). Imploraron que redujéramos las emisiones de gases efecto invernadero (en adelante, GEI) y eliminásemos los combustibles fósiles, redujéramos la deforestación y revirtiéramos la tendencia de extinción de la biodiversidad.
En el 25º aniversario de su llamada de atención, miramos hacia atrás a su alarma y evaluamos la respuesta humana, analizando la evolución en el tiempo de los indicadores disponibles. Desde 1992, con la excepción de que se ha estabilizado la capa de ozono, la humanidad ha fracasado en hacer suficientes progresos para resolver esos retos ambientales previstos y, de manera muy alarmante, en la mayoría de ellos, estamos mucho peor que entonces. Especialmente preocupante es la trayectoria actual del catastrófico cambio climático de origen humano debido a las crecientes emisiones de GEI procedentes de la quema de combustibles fósiles (Hansen et al. 2013), la deforestación (Keenan et al. 2015) y la producción agrícola – principalmente por la ganadería de rumiantes y el consumo de carne (Ripple et al. 2014). Además, hemos desatado un evento de extinción masiva de especies, la sexta en unos 540 millones de años, mediante la cual muchos de las actuales formas de vida podrían ser aniquiladas o, como poco, comprometidas a la extinción hacia el final de este siglo.
Por la presente, damos un Segundo Aviso a la Humanidad (…). Estamos poniendo en peligro nuestro futuro por nuestro desproporcionado consumo material y por no darnos cuenta de que el alocado crecimiento de la población mundial es el principal impulsor detrás de la mayoría de amenazas ecológicas e, incluso, societales (Crist et al. 2017). Con su fracaso en limitar adecuadamente el crecimiento de la población, en reevaluar el papel de una economía enraizada en el crecimiento permanente, en reducir la emisión de GEI, en incentivar la energía renovable, en proteger el hábitat, en restaurar los ecosistemas, en parar la extinción de fauna, en frenar las especies invasivas, la humanidad no está tomando los pasos urgentes que necesitamos para salvaguardar nuestra muy amenazada biosfera.
Puesto que la mayoría de líderes políticos responde a la presión, los científicos, los medios de comunicación y los ciudadanos deben insistir en que sus gobiernos pasen a la acción inmediata, como un imperativo moral hacia las actuales y futuras generaciones, humanas y de otras formas de vida. Con una marejada de esfuerzos desde organizaciones surgidas desde el pueblo, la obstinada oposición puede ser superada y los líderes políticos se verán obligados a hacer lo correcto. Es también el momento de reexaminar y modificar nuestros comportamientos individuales, incluyendo nuestra propia reproducción (idealmente, al nivel de reemplazo, 2 hijos por mujer, como máximo) y reducir drásticamente nuestro nivel de consumo per-cápita de combustibles fósiles, carne y otros recursos.
La rápida reducción mundial de las sustancias que destruían la capa de ozono nos muestra que podemos hacer cambios positivos cuando actuamos de manera decidida. También hemos hecho avances importantes para reducir la pobreza extrema y el hambre (www.worldbank.org). Otros progresos notables incluyen: rápida reducción de las tasas de fertilidad en muchas regiones mediante políticas educativas entre mujeres y jóvenes (www.un.org/esa/population), la prometedora reducción de la tasa de deforestación en algunas regiones y el rápido despliegue de energías renovables. Hemos aprendido mucho desde 1992, pero el progreso de los cambios necesarios y urgentes en políticas ambientales, comportamiento humano y reducción de las inequidades globales está, todavía, lejos de ser suficiente.
Las transiciones hacia la sostenibilidad se pueden producir de diferentes maneras, pero todas requieren presión de la sociedad civil y argumentaciones basadas en evidencias, liderazgo político, políticas adecuadas, mercados y otras consideraciones. Ejemplos de acciones diferentes y efectivas que la humanidad puede tomar para la transición a la sostenibilidad incluyen (sin presumir orden de importancia o urgencia):
– Priorizando la promulgación de grandes reservas protegidas de una proporción significativa de los hábitats terrestres, marinos, de agua dulce y aéreos de todo el mundo;
– Mantenimiento de los servicios ecosistémicos de la naturaleza parando la conversión de selvas, bosques, pastizales y otros hábitats naturales;
– Restaurar comunidades con plantas autóctonas a gran escala, principalmente, bosques;
– Devolver a la naturaleza salvaje zonas con especies nativas, especialmente con depredadores ápice, para recuperar procesos y dinámicas ecológicos;
– Implementar políticas adecuadas para remediar la extinción de especies animales, la caza furtiva y la explotación y comercio de especies amenazadas;
– Reducir el desperdicio de alimentos mediante educación y mejores infraestructuras;
– Promover un cambio hacia dietas más vegetales y menos animales;
– Promover la reducción adicional de los índices de fertilidad procurando que mujeres y hombres tengan acceso a la educación reproductiva y a los servicios voluntarios de planificación familiar, especialmente, en lugares donde falten tales recursos;
– Aumentar la educación ambiental para niños y fomentar un mayor aprecio por la naturaleza por parte de la sociedad.
– Desinvertir en inversiones monetarias e invertir en iniciativas que promuevan cambio ambiental
– Idear y promover tecnologías no contaminantes y adoptar masivamente energías renovables y, simultáneamente, eliminar subvenciones a la producción de energía con combustibles fósiles.
– Revisar nuestra economía para reducir desigualdades y asegurarse que precios, impuestos y sistemas de incentivos tengan en cuenta los costes reales que nuestro patrón de consumo imponen en nuestro medio ambiente; y
– Evaluar de manera científica el tamaño de población humana sostenible a largo plazo y pedir a las naciones y a sus líderes que apoyen ese objetivo vital.
Para prevenir pérdidas catastróficas de biodiversidad y un deterioro generalizado de las condiciones de vida humana, la humanidad debe poner en práctica una forma de vida más sostenible ambientalmente que la actual (“business as usual”). Esta receta ya fue bien articulada hace 25 años por los científicos del mundo, pero en la mayoría de los temas, no hemos escuchado su llamada de atención.
Pronto será demasiado tarde para cambiar el rumbo de la actual trayectoria que nos lleva al fracaso y nos estamos quedando sin tiempo. Debemos reconocer, en nuestras vidas diarias y en nuestras instituciones de gobierno, que la Tierra con toda su vida es nuestro único hogar.
Manifiesto firmado por 15.364 científicos de 184 países.
“Vivimos en el Antropoceno, el primer momento de la historia de la Tierra en el que los químicos sintéticos, creados por seres humanos, están dañando al planeta y contribuyendo a una mayor pérdida de biodiversidad”.
Compartimos el artículo “De la primavera silenciosa a la noche silenciosa: agroquímicos y el Antropoceno” de Tyrone B. Hayes y Martin Hansen y traducido por Ecologistas en Acción, imprescindible para conocer las causas de la sexta extinción masiva del planeta en el Antropoceno.
La explosión en el uso de pesticidas se produjo tras la Segunda Guerra Mundial cuando los químicos utilizados para matar insectos portadores de enfermedades se adaptaron para el control de plagas, y los herbicidas utilizados como defoliantes para destruir los suministros de comida y encontrar al enemigo que utilizaba los bosques como refugio, se modificaron para controlar las malas hierbas.
El uso intensivo de pesticidas en agricultura ha conducido a una exposición mundial a estos químicos. Transportados por el agua, el aire y los animales migratorios, se puede encontrar pesticidas en las reservas de agua potable, la atmósfera, la cima de las montañas o incluso en áreas remotas del Ártico donde no se utilizan.
La exposición generalizada a agroquímicos ha alterado los paisajes y ecosistemas alrededor del mundo. Además de matar directamente a organismos no objetivo, los organismos objetivo y no objetivo pueden desarrollar resistencia a los pesticidas, dando lugar a acervos génicos alterados.
De 1946 a 1954 (siguiendo el aumento de pesticidas después de la Segunda Guerra Mundial), se descubrieron entre una y dos nuevas especies resistentes por año. En 1980, ya se contaban 428 insectos y arañas resistentes. El 60% de las especies resistentes fueron plagas agrícolas en ese momento, así que el uso generalizado de insecticidas en agricultura contribuyó significativamente a la evolución de especies resistentes.
Además de la preocupación asociada al volumen de pesticidas utilizados cada año, su persistencia en el medio ambiente levanta aún más inquietud.
Los datos emergentes demuestran que incluso las concentraciones bajas (consideradas anteriormente como «no tóxicas») de pesticidas pueden tener un impacto en la salud, la fisiología, la reproducción y el desarrolloa través de efectos disruptores endocrinos.
La disrupción endocrina se origina por mecanismos de acción diferentes al mecanismo con el que el químico mata al organismo objetivo, lo que hace que los efectos de los contaminantes hormonales sean impredecibles.
Un ejemplo es el insecticida DDT que mata insectos al abrir los canales de sodio de su sistema nervioso, lo que provoca espasmos y la muerte. Pero los efectos disruptores endocrinos del DDT en vertebrados, como el adelagazamiento de las cáscaras de huevos en aves o el aumento en la incidencia decáncer de mama y las malformaciones reproductivas en mamíferos, se relacionan con otros mecanismos de acción completamente diferentes.
Según los autores, la solución es la reducción del uso de fertilizantes y pesticidas químicos en agricultura y la separación de la agroquímica y la industria de las semillas.